Las cinco claves de los planes de pensiones

Plan de Pensiones del Grupo Montepío, una hucha inteligente

¿Sabías que desgravan? ¿Qué se puede recuperar lo invertido en caso de desempleo, enfermedad grave o desahucio?

Antes de comenzar, nos surgen unas preguntas: ¿Sois personas ahorradoras? ¿Miráis por vuestro futuro?

Os preguntaréis el porqué de estas preguntas y más adelante lo averiguaréis, ya que está relacionado con el tema a tratar: los planes de pensiones, algo que los expertos dicen que será una necesidad básica en un futuro próximo si queremos mantener nuestro nivel de ingresos cuando nos jubilemos.

Para saber más sobre este producto financiero, vamos a responder a cinco preguntas clave que muchos nos plantean:

¿Qué es un plan de pensiones?

Es un instrumento financiero de ahorro. Es decir, un producto que ofrece cualquier banco con el objetivo de guardar dinero de cara a nuestra jubilación. Para que nos hagamos una idea, sería como tener dos cuentas en el banco y en una de ellas ingresaríamos el dinero que queramos cuando lo deseemos, sin poder tocarlo hasta el día que finalicemos nuestra vida laboral.

Existen distintos tipos: los planes de pensiones individuales, como el que ofrece a sus mutualistas el MONTEPIO DE LA MINERIA ASTURIANA; o los planes de pensiones de empleo, donde es la empresa en la que trabajamos la que aporta una parte o todo; los planes de pensiones de empleo asociado, que son promovidos por asociaciones u otras agrupaciones. El Montepío también cuenta con otras fórmulas, como su Plan de Ahorro con seguro de vida.

Por qué y cuándo es conveniente tener uno

Siendo sinceros, si hablamos del porqué contratarlo, todos sabemos que el actual sistema de pensiones es algo que de seguir con los esquemas actuales es, por evolución demográfica y política, insostenible en el tiempo, ya que en la actualidad, las recaudaciones anuales de la Seguridad Social no cubren los gastos que tenemos en pensiones. O lo que es lo mismo: tenemos una población envejecida. Por ello, es mejor que empecemos a ahorrar y a pensar en nuestra jubilación -recordad que otros no lo harán por nosotros- si queremos que nuestro nivel de ingresos, y por lo tanto de estilo de vida, no cambie en un futuro.

Pues bien, vayámonos a la otra gran pregunta: ¿cuándo debemos comenzar a ahorrar?

La respuesta es muy sencilla y directa: cuanto antes mejor, pero ojo, que no cunda el pánico, no importa cuando sea, lo que vale es comenzar. Se aconseja que planifiquemos la jubilación desde que entramos al mercado laboral, aunque en realidad eso lo hacen muy pocos, pero si algo debemos tener claro es que cuanto antes empecemos, más años tendremos para ahorrar y más rentabilidad generaremos.

¿Es mejor ahorrar mes a mes o al final del año?

Aquí cada uno nos gestionamos como podemos y queremos, pero lo más recomendable es realizar aportaciones mensuales o trimestrales porque nos genera un hábito de ahorro, además de ayudarnos a distribuir mejor el riesgo que pueda tener dicha inversión. De ahí que la fórmula Montepío, ligando la cuota de socio al Plan sea la favorita para el 80% de las familias mutualistas desde que en los años 90 se pusiera en marcha su fondo de pensiones.

¿Podemos disponer del dinero ahorrado?

Obviamente, el dinero lo recuperaremos. Normalmente será al llegar la ansiada fecha que muchos sueñan nada más comenzar a trabajar: el día en el que los madrugones se acaban y la tranquilidad llega a nuestras vidas, el día que nos jubilamos. Pero existen otros supuestos de cobro anticipado: un desempleo prolongado, un caso de enfermedad grave o desahucio. En 2015 salió una nueva posibilidad. Podremos disponer de las aportaciones realizadas con al menos 10 años de antigüedad.

A consecuencia de esta pregunta, nos viene a la cabeza otra ¿cómo cobraremos el plan de pensiones? La respuesta es que tenemos varias opciones para elegir: rescate en forma de renta, es decir, cobrar una cantidad al mes, al trimestre o al semestre, lo que nosotros decidamos. O rescate en forma de capital: todo el dinero de golpe. Aunque esta fórmula puede suponer que paguemos muchos impuestos el año de nuestra jubilación.

¿Qué nos supone fiscalmente tener un plan de pensiones?

¡Estamos de enhorabuena! Tener un plan de pensiones es el único instrumento financiero que nos genera una reducción en el IRPF (el Impuesto sobre la Renta de la Personas Físicas del que hablamos en el artículo anterior). Es decir, pagaríamos menos. La cantidad de dinero máxima que podemos aportar al plan de pensiones con derecho a reducción son 8.000 euros, por lo que si tributamos con un 20% en IRPF y hemos ingresado 6.000 euros, Hacienda nos devolverá 1.200 euros:

[6.000 x 0,2= 1.200]

Pero… Si, si, hay un pero: una vez que nos jubilemos y nos vayamos de retiro a la playa o nos dé por viajar, CUIDADO porque Hacienda nos llamará a la puerta (o por teléfono si estamos fuera) y nos pedirá que paguemos impuestos por el dinero ahorrado durante tantos años, como si fuese un rendimiento de trabajo.

¡Si algo nos ha quedado claro es que debemos empezar a pensar en nuestra jubilación ahora que somos jóvenes y ahorrar para cuando llegue el día en que todos los días sean fiesta!

 

Informe jurídico ante la creación de una asociación de mutualistas

Informe jurídico ante la creación de una asociación de mutualistas

La Comisión Ejecutiva Regional del Montepío de la Minería Asturiana informa, al hilo de la actividad y pronunciamientos públicos de la autodenominada Asociación de Mutualistas del Montepío de la Minería Asturiana, creada por el ex directivo de la entidad, Alberto Rubio, que:

En aras a dejar clara la situación a la sociedad asturiana, y en particular a sus 11.000 familias mutualistas, la entidad solicitó hace unas semanas un informe jurídico para determinar la naturaleza y legitimidad de dicho grupo o colectivo y adoptar medidas, en caso de que fuera necesario. Leer más

El Montepío responde, nueva sección en nuestra revista

El Montepío responde: sección de la revista del Montepío

En esta nueva sección reunimos y damos respuesta a todas esas preguntas o inquietudes que nos trasladáis de manera directa en nuestras juntas locales. Gracias por vuestra participación.

Pregunta: ¿Hay personas que disfrutaron de gratuidad u otros privilegios, como en años anteriores? ¿Quiénes y por qué? Leer más

Historias de la mina: Polio, el pozo de los castilletes gemelos

Historias de la mina: Polio, el pozo de los castilletes gemelos

Polio, pozu que recibe el nombre de la mítica montaña mierense, fue en sus orígenes una de las explotaciones más importantes de la antigua Fábrica de Mieres, uno de los primeros grandes entramados industriales en la historia de España. Tras la nacionalización de la mayor parte de la minería asturiana, acometida por el Gobierno de Franco en el año 1967, Polio pasó a pertenecer a la compañía pública HUNOSA. Y así se mantuvo en servicio hasta el 1 de noviembre del año 1992, fecha en la cual cerró, junto con otros pozos, que también lo hicieron en fechas próximas (como San Víctor, San Mames o Mosquitera), todos ellos como consecuencia de la reconversión minera.

Dos castilletes gemelos caracterizan la imagen del pozo Polio de Mieres, una explotación que desde que finalizó su actividad, hace ahora 20 años. Atrás quedaba un siglo de explotación de carbón alrededor de lo que la gran Fábrica denominó en su día como zona hullera de La Baltasara, en el valle de San Juan, un área de mucho carbón, que la dirección de la emblemática empresa mierense terminaría por impulsar en 1894 con la construcción de una línea de ferrocarril, compartida en sus primeros kilómetros con la mina Mariana (después, pozu Barredo) y por la que circularían locomotoras a vapor Jung, del tipo 0-3-0T.

En 1950, esa línea ya transportaba a destajo el carbón de los pisos de montaña de Polio al lavadero del Batán. Por aquel entones, la dirección de ingenieros de la compañía propietaria, viendo la importancia de dar futuro a la actividad en la zona, proyectaría la profundización de la mina, actividad que daría comienzo en 1953, con el único apoyo de los operarios de la mina, y que ocupa los esfuerzos de toda esa plantilla hasta su despliegue completo en 1956, alcanzado una profundidad máxima de 411 metros.

Su singularidad, puesta hoy de manifiesto en los informes de patrimonio de la empresa Hunosa (Polio es uno de los pozos mejor inventarios para su reutilización como instalación con fines culturales y turísticos) procede precisamente de aquella obra acometida en los años 50, y culminada con una instalación articulada sobre dos pozos: el Polio I, para misiones auxiliares y el Polio II, destinado a la extracción de mineral. Ambos castilletes situados sobre una plataforma de terreno artificial, elevado junto a un río, ya restaurado a finales de los años 90 por Hunosa, en un magnífico trabajo de recuperación medioambiental.

Los apoyos de los castilletes penetran en el edificio central que alberga la sala de máquinas y los compresores. Y junto a este edificio se sitúan el resto de pabellones de servicios, dando una imagen arquitectónica del conjunto, de unos 172.000 metros, muy integradora, resaltada por los materiales utilizados junto al hormigón (revestimientos cerámicos y carpinterías de hierro y vidrio) que según expertos, como Fernández Molina, junto con su lavadero de carbón hormigón, “le da una semejanza a ciertas instalaciones funcionalistas centroeuropeas e inglesas, del periodo de entreguerras”.

Cuatro años antes de que se realizara la foto ganadora, Polio registraba una de las mayores tragedias de la minería asturiana: Fue el día 22 de junio del año 1959: Una explosión de grisú segaba “la vida de seis productores”. Aquel supuso una conmoción terrible en Mieres y en la Güeria, que ya veían el nacimiento de una nueva barriada en las proximidades de Polio: Rioturbio. Pero fueron muchos los accidentes y las vidas perdidas en Polio. La última, poco antes del cierre de la explotación, la de un joven ayudante minero de 26 años, como consecuencia de un derrumbamiento en el interior del pozo, en la novena planta de la quinta galería, a 250 metros de profundidad. La Brigada trabajó varias jornadas para rescatar al joven minero, que compatibilizaba el trabajo con sus estudios en tercero de la Ingeniería Técnica de Minas.

El cierre, en noviembre de 1991

Polio funciona a pleno rendimiento para Hunosa hasta finales de los años 80. En el año 70, la Hullera estatal refuerza sus servicios de ferrocarril con Polio y el vecino pozo de Tres Amigos con tres locomotoras Deutz KG230 que sustituyeron a las primitivas locomotoras de vapor “Santa Bárbara” y “Mariana”. Ese tren minero, que desembarcaba en Mieres por la actual senda que nace entre el barrio sidrero de Requejo y la iglesia San Juan, cierra en 1984, preludio de lo que más tarde vendría. En 1991, sumida España en el proceso más arduo de adaptación de nuestra economía a la estrenada Unión Europea, ya por tanto en plena reconversión, y solo unos días antes de que se produjera en el pozo Barredo de Mieres uno de los encierros más legendarios de la historia de la minería en Europa, Polio despide en la víspera del día de difuntos a sus últimos relevos de trabajadores: algunos se jubilan y otros son trasladados a otras explotaciones próximas de Hunosa.

En los últimos años, las instalaciones de Polio, que en su día acogieron a miles de trabajadores, como los que muestra la foto ganadora de esta edición, han sido utilizadas como almacén de chatarra, en espera de que esta memoria que hoy tratamos de esbozar y conservar en estas páginas de la Revista Montepío encuentre sobre su espacio natural un hito que los recuerde.

Historias de la mina: La Camocha y los que escuchaban el mar

Historias de la mina: La Camocha y los que escuchaban el mar

Hoy viene a esta sección La Camocha de Gijón: Mítico, por la descomunal tarea llevada a cabo en ella en los últimos 80 años por sus cientos y cientos de trabajadores. Emblemático, por su movimiento reivindicativo durante el franquismo (es considerada la cuna de Comisiones Obreras). Y  legendaria, en el ideario de los asturianos, por aquellos versos de José León Delestal, tantas veces cantados con honda emoción.  Las notas vienen a cuento de una foto enviada por Ana Fonseca, nieta e hija de mineros de La Camocha: su padre Alfonso Fonseca, hijo de Aurelio, falleció hace un año de silicosis: “fue minero de La Camocha y estas eran y son desgraciadamente para muchos que conocieron la mina de los 40, los 50 y los 60 las secuelas de entonces, de aquella maldita vida, de hambre, postguerra e interminables jornadas de trabajo que se comieron los pulmones y la salud de nuestros seres queridos”.

Hace dos años que La Camocha, como muchas otras explotaciones mineras, echó el cierre como consecuencia del ajuste. Atrás queda un siglo de rica historia empresarial, laboral y social, siempre ligada a Gijón y con su propia idiosincrasia. De hecho, La Camocha mantuvo siempre su carácter privado y a diferencia de Minas de Figaredo, nunca se llegó a integrar como mina en la compañía estatal Hunosa.

Para hablar del origen de La Camocha debemos remontarnos a 1893 y a la familia Felgueroso, que a través de los éxitos empresariales obtenidos por uno de sus hijos, Víctor, pudo hacer el capital con el que constituir la Sociedad Regular Colectiva Hermanos Felgueroso. El dinero lo obtuvo gracias a la compra, gestión y arrendamiento de explotaciones, como las de Saús, Clara Matilde, Benita (embrión del Grupo Minero Ciaño), Entralgo y, sobre todo, La Nueva, adquiridas por un millón de pesetas de la época a Inocencio Sela.

Sabedores de que el insigne geólogo alemán, Guillermo Shultz, había confirmado en sus estudios la presencia de carbón al sur de la villa de Gijón, los Felgueroso se lanzan a su explotación sin obtener, en un principio éxito. De hecho, y pese a haber localizado carbón de calidad a 160 metros de profundidad, en la primera excavación en San Martín de Huerces toparon con una gran manantial de agua que casi les hizo desistir. La mala experiencia se repitió más veces, primero por un manto freático situado cerca de Vega; y después por una noticia que daría la vuelta a toda España y que en Asturias acabó bautizándose como: “el mecheru Caldones”.

En Caldones, en una de las exploraciones de carbón llevadas a cabo en enero de 1915, una máquina de sondeos provoca una tremenda explosión seguida de un interminable incendio. La especulación empieza a trabajar y algunos periódicos de la época titulan “¿Aparece un yacimiento petrolífero en Gijón? Pero la realidad es que se trataba de un violento escape de gas natural, de los que tradicionalmente ocurren en los yacimientos fósiles. A ver aquel enorme “mechero natural” acudieron cientos de personas: unos, ingenieros y políticos, por estudiar aquella curiosidad geológica; y otros vecinos, y hasta religiosos, por comprobar que no era el principio de una catástrofe para Gijón, o la mismísima puerta de entrada al infierno. Al final, “el mecheru” se apagó a los 4 día,s utilizando para ello ácido carbónico procedente de la fábrica de cerveza La Estrella de Gijón.

La fundan Los Felgueroso, en los años 30, en el despertar industrial Gijón

Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, en la que España se vio favorecida por su neutralidad, la necesidad europea de carbón ánimo de nuevo a la familia Felgueroso en su aventura. Su grupo hullero ya era entonces el quinto productor de mineral español. Pero en 1920, intuyendo tiempos de crisis, vendieron gran parte de sus minas para centrarse en su proyecto de Gijón, donde en 1930 fundarían Mina La Camocha.

La primera producción del pozo se extrajo en 1935, una actividad que sin contar las huelgas y protestas, no se detendría hasta el 31 de diciembre de 2008, en la que La Camocha, ya  desde hacía muchos años con empresarios distintos a sus fundadores, intervenida judicialmente y con deudas en la Seguridad Social, cerró con 160 trabajadores: unos, se prejubilaron y otros fueron reubicados en Hunosa.

Desde los años 60, las voces más afamadas de Asturias (El Presi, Vicente Díaz, Jerónimo Granda…) han hecho un clásico de “La mina de La Camocha”, canción del escritor langreano, José León Delestal (1921-1989). Un tema cuyo éxito radica en hablar de la particularidad de una mina que mira hacia el Cantábrico, a la tierra de los pescadores. Un himno que habla de la solidaridad entre los trabajadores asturianos “de la mina y el mar”: “Dicen que va bajo el mar / la mina de la Camocha / y que a veces los mineros / sienten les oles bramar (….) Por eso en la proa, se oye`sti cantar:/ Probe de aquel mineru/ que trabaya en sin miéu/ a la quiebra y el gas.