Guajes mineros, un proyecto sociocultural global e intergeneracional que tendrá su expo

La Fundación Obra Social Montepío desarrolla en 2020 el proyecto La Memoria de los guajes mineros, un proyecto sociocultural que tiene como objetivos poner en valor y preservar la memoria industrial y social de la minería,  recuperando una de las páginas más controvertidas de la historia no solo en Asturias, sino también en los países que afrontaron la primera gran revolución económica mundial a lomos del vapor con la dedicación infantil a labores primarias o secundarias de explotación y aprovechamiento del mineral en los principales países industrializados del mundo, desde el mismo inicio de la minería moderna, en el siglo XIX, hasta la mitad del XX.

EXPOSICIÓN: LA MEMORIA DE LOS GUAJES MINEROS 

Si pertenece a un Centro educativo (colegios o institutos), cultural o Asociación, y esta interesado en los contenidos de este proyecto para su programación, póngase en contacto con fundacion@montepio.es. A lo largo del primer trimestre de 2020 pondremos en marcha la exposición temática con contenidos divulgativos sobre los niños y niñas mineras en el mundo y la explotación infantil antes y ahora.

Un fenómeno, el de la presencia de los niños en minas, pozos y escombreras, que los estados del denominado primer mundo, de Alemania a Estados Unidos, de Reino Unido, Rusia o Polonia a Francia y España, han ido frenando y prohibiendo mediante normativas de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) por las terribles repercusiones derivadas para la salud de los pequeños mineros. Una aberración que desgraciadamente, y pese a las denuncias internacionales y los mandatos de la ONU y de las ONG globales, aún se mantiene en muchas zonas en vías de desarrollo por situaciones de pobreza o explotación infantil.

Los guajes, como se conocían a los niños mineros asturianos y leoneses, término que ha dejado huella en esta historia clave en la industrialización española por el papel estratégico del carbón en la modernización de los países en los dos últimos siglos, son aún personajes del presente. Muchos de ellos aún viven y conservan la memoria de aquel tiempo, en el que trabajar con 10, 12 o 14 años, y en unas condiciones laborales extremas en muchos casos, exposición de accidentes, ambientes pulvígenos, humedad… era una necesidad de supervivencia para ellos y sus familias. La mayoría no pudo ir a la escuela, al menos lo suficiente, y casi todos se han ido de este mundo o aún sufren esa terrible sensación de infancia hurtada. Pero desde la Fundación Montepío no queríamos abordar este asunto desde una perspectiva localista, basada en la memoria de nuestras familias mineras, sino enlazar la misma con lo ocurrido en otras zonas carboneras del mundo, de las más próximas en Francia, Alemania o Gran Bretaña, a Estados Unidos, con una economía otrora emergente -que de hecho se convertiría en la primera potencia mundial- pero donde también se dedicaron infantes a la explotación infantil. Niños mineros por tanto no cómo una necesidad de pobreza en las familias, que también, sino como un fenómeno de necesidad productiva y económica que pasaba por encima y pisoteaba acuerdos sociales que debieran ser tan sagrados como el respeto a la infancia. Una lacra que pese a estar en el siglo XXI, aún sigue ocurriendo desgraciadamente en muchas partes del planeta, y no solo con niños mineros.

Reiteramos que la utilización de fotos de guajes mineros de otros países tiene como fin dar un enfoque global a esta situación para lograr una perspectiva amplia, intergeneracional y universal para que las nuevas generaciones de hoy comprendan mejor el fenómeno antes y ahora, buscando conciencia y compromiso social.

Por todo, consideramos una justicia social y una oportunidad para la sensibilización en un tema humanitario de primer orden dedicar este proyecto, con el calendario homenaje y posterior exposición, a la memoria de los guajes mineros, los niños y niñas que dedicaron los que debieron ser sus mejores años, los del aprendizaje en sueños e ilusiones, a sacar adelante a sus familias, al progreso y modernidad de nuestra tierra y país que vendría sin que nunca quedase compensado para ellos la cuenta de ese esfuerzo dedicado. Sin olvidarnos por supuesto de los que no están y de los que pagaron de forma prematura en sus carnes y con su vida las consecuencias de accidentes o de enfermedades profesionales tan duras y difíciles como la silicosis.

Desde el compromiso de la Fundación Obra Social Montepío con la historia minera, nos marcamos con este Calendario de 2020 no solo honrar la memoria de los guajes mineros y dar luz a una parte de esa historia industrial, sino concienciar a las nuevas generaciones, en un diálogo intergeneracional posible y necesario (nietos con abuelos) sobre éste legado y la importancia de luchar y denunciar la explotación infantil en cualquiera de sus formas, reivindicando la educación, el juego, la salud y la protección, como elementos fundamentales en la formación de los niños y jóvenes.

Comencemos por el origen del término GUAJE (GUAH.E)

En Asturias, sinónimo de rapacín, neñu, fíu de alguien o persona moza que ayuda a otra, mientras aprende el oficio. También, por su juventud, al ayudante del picador minero. Voz asturiana referida al niño minero, derivada del término inglés washer /guaser (el lavador) por referirse a una de las labores más encomendadas a los niños, junto con la de escoger o clasificar carbón, durante las primeras sociedades industriales. Palabra importada y transformada por deje popular desde aquel origen carbonero en Asturias y en España, de la mano de empresas como la Asturian Coal and Iron Company, o la Asturian Mining Company, con domicilio social en Londres y minas y fundición en Mieres.

En su evolución terminó por generalizarse en las Cuencas mineras hasta convertirse en un sinónimo de niño/a, sin importar ya que fuera minero o «the kid» en inglés, utilizándose en muchos casos como apodo (como al famoso futbolista David Villa).

En Estados Unidos, sin embargo fueron bautizados como “trapper boys”.  En Inglaterra se les llamaba hurriers, y a comienzos del XIX eran habituales incluso en el interior de la mina. Con 3 o 4 años de edad, se arrastraban en la oscuridad por claustrofóbicos túneles, empujando con su cabeza pesados carros (cargados del carbón que se había extraído. Inhalaban polvo, destrozaban sus rodillas por el rugoso suelo e, incluso, perdían frecuentemente el pelo por la zona de su cabeza que empleaban para empujar la vagoneta. Los que aún no eran suficientemente fuertes como para tirar o empujar el corf, se dedicaban a abrir y cerrar trampillas para que después pudiera pasar la vagoneta. Recibían el nombre de tramperos. Una trampera, Sarah Gooder, de 8 años, le confesó a un inspector que sentía miedo en la mina: “Tengo que trabajar sin luz y me da miedo… Voy a las cuatro y a veces las tres y media de la mañana, y salgo a las cinco y media de la tarde”. El 8 de junio de 1847, el Parlamento británico aprobó una norma que establecía, para mujeres y niños, una jornada laboral máxima de 10 horas. Sin embargo, muchos dueños de las fábricas, aprovechándose de la escasez de inspectores, frecuentemente no cumplieron los términos de las leyes. Por desgracia, también ocurriría en España. Y ahora en otros países, de los llamados en vías de desarrollo.

Evolución histórica en España

Ley de 1873 No podían trabajar los menores de 10 años. Los menores de 13 años,  jornadas de cinco horas al día. Los de edad entre 13 y 15 años, jornada de ocho horas al día. Para las niñas, entre 14 y 17 años. Los efectos de esta Ley fueron mínimos, pues no se pusieron medios para cumplirla.

Ley de 1900, prohibición del trabajo en minas a menores de 10 años; y para menores de 16 años en trabajos subterráneos. Prohibido el trabajo nocturno para menores de 14 años.

La Ley de 1910 ya prohibió la mina de interior a menores de 18 años, pero su normativa siguió sin eliminar las irregularidades, pues había una connivencia clara entre padres y empresas para aceptar niños por debajo de edad permitida. Eran generalizadas las falsificaciones de las fechas de nacimiento.

En 1913 se registra en Minas de La Unión de Murcia el fallecimiento de un menor de 11 años. Hasta 1920, cambian las cosas poco a poco, pero por factores diferentes, como un avance tecnológico, maquinaria con motores eléctricos, mecanización de tajos etc. Así como una acción pública de mayor control de la legislación, inspección la escolarización y cambios en la demografía, sensible mejora de las rentas familiares y disminución de la fecundidad en las familias, No obstante la presencia de niños fue común hasta los años 50.

En 1885, de las 490 minas productivas en Asturias, trabajaban según los partes históricos 661 “muchachos” (forma de dulcificar, por no decir niños) en el interior y otros 192 en el exterior. En 1886 en Murcia, 3.840 muchachos de interior y 389 exterior. En 1901 en Asturias, de 12.000 mineros, mil eran mujeres y 2.200 niños. Las cifras mantendrían proporciones, aunque las plantillas se dispararon a 28.883 mineros en 1919 y 34.000 en 1920.

La presentación del proyecto, en la Consejería de Derechos Ciudadanos del Principado de Asturias

La semana conmemorativa del #DíaUniversaldelNiño fue el marco elegido por la Fundación Obra Social Montepío para presentar el  proyecto sociocultural “La memoria de los Guajes Mineros”, una iniciativa que arranca con publicación del Calendario 2020 del Montepío, como primer homenaje a los niños y niñas que dedicaron los años de su infancia, los de los sueños, al duro trabajo en las minas del carbón.  Como ocurrió el año pasado con “la mujer y la mina: la historia del carbón en femenino plural”, el Montepío, además de avanzar en la divulgación de la memoria social, minera e industrial, quiere en esta ocasión abrir una puerta en el tiempo hacia la reflexión y la denuncia desde una perspectiva solidaria, elevando la mira desde el pasado al tiempo presente y a la actual explotación infantil actual en el mundo.

La presentación, el viernes 22 de noviembre, tuvo lugar en un escenario propicio para dar altavoz al proyecto: La sede de la Consejería de Derechos Ciudadanos y Bienestar Social del Principado de Asturias en Oviedo. La propia titular de la cartera, la Consejera Melania Álvarez García, oficio de madrina ante los medios de prensa, gestó que agradeció el Presidente del Montepío y su Fundación, Juan José González Pulgar. 

La Consejera de Asturias felicitó al Montepío por esta iniciativa y destacó que con “la historia de los guajes mineros, algunos abuelos hoy, recuperamos y cultivamos la memoria en blanco y negro de este país para desde una perspectiva intergeneracional, identificarnos con su trabajo, lucha y compromiso por una sociedad mejor, porque como sociedad tuvimos tiempos difíciles que logramos superar, bueno es reconocer su trabajo para llegar al tiempo presente y desde esa conciencia luchar contra la explotación infantil en el mundo presente».

 El Presidente de Montepío por su parte hizo un repaso al porqué de dedicar un calendario a los guajes mineros: “son una página aún viva de nuestra historia, pues son nuestros padres y abuelos, los que no hablan de un tiempo difícil, de sueños rotos”.

Recordó Pulgar que el Montepío emite desde hace décadas un Calendario tradicional que, con el tiempo, se ha convertido en un elemento emblemático por su esperada presencia en las casas de las familias mineras asturianas y por divulgar esa memoria industrial y carbonera a través de láminas con fotografías de alto valor histórico, de colección.

En 2019, el Montepío, con su nueva Fundación Obra Social, canalizadora de toda la actividad solidaria y cultural de la entidad, decidió dar un giro a ese Calendario y aprovechar su impacto (4.000 almanaques de pared y 10.000 de bolsillo para un público fiel, con muchos coleccionistas en España incluso que lo siguen) para tematizar aún más el mismo con un objetivo de poner el foco sobre un asunto de sensibilización social, todo ello manteniendo esa fidelidad a las raíces mineras y solidarias del Montepío, pero ya desde una perspectiva y un compromiso más amplio y moderno, en sintonía con el mundo más global e interconectado actual.

Tras el éxito del calendario y la posterior exposición “Mujer y mina”, que ponía énfasis en el injusto papel asignado a la mujer durante largo tiempo en el ecosistema minero, el reto para 2020 era fuerte: “pero creemos que con “La memoria de los guajes mineros-Calendario 2020”  vamos a recuperar emociones y los más trascendente, trabajar las acciones y el compromiso sobre un aspecto social importante a nivel mundial, la explotación infantil”, señaló Pulgar.

Con estos contenidos, la Fundación Montepío aborda otra de las páginas más controvertidas de la historia del sector: la dedicación infantil a labores primarias o secundarias de explotación y aprovechamiento del mineral en los principales países industrializados del mundo, desde el mismo inicio de la minería moderna, en el siglo XIX, hasta la mitad del XX. Un fenómeno, el de la presencia de los niños y niñas en minas, pozos y escombreras, que los estados del denominado primer mundo, de Alemania a Estados Unidos, de Reino Unido, Rusia o Polonia a Francia y España, han ido frenando y prohibiendo mediante normativas de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) por las terribles repercusiones derivadas para la salud de los pequeños mineros. Una aberración que desgraciadamente, y pese a las denuncias internacionales y los mandatos de la ONU y ONG globales, aún se mantiene en muchas zonas en vías de desarrollo por  pobreza o explotación infantil.

Los guajes, como se conocían a los niños y niñas de la minería asturiana y leonesa, es un término que ha dejado huella en esta historia clave en la industrialización española por el papel estratégico del carbón en la modernización de los países en los dos últimos siglos. 

Su eco aún les convierte en personajes del presente. Muchos de ellos aún viven y conservan la memoria de aquel tiempo, en el que trabajar con 10, 12 o 14 años, y en unas condiciones laborales extremas en muchos casos, exposición de accidentes, ambientes pulvígenos, humedad… era una necesidad de supervivencia para ellos y sus familias. La mayoría no pudo ir a la escuela, al menos lo suficiente, y casi todos se han ido de este mundo o aún sufren esa terrible sensación de infancia hurtada.

Pulgar destacó que este proyecto “está dedicado a la memoria de los guajes cuya infancia fue hurtada en un tiempo en el que las prioridades no eran la escuela, sino contribuir a combatir la miseria familiar. Historias de trabajos peligrosos, insalubres, con horarios interminables; y de sueños e ilusiones rotas”

Por todo, el Montepío considera este Calendario como un elemento de lucha hacia la justicia social partiendo de la propia memoria de los guajes mineros, niños y niñas de otro tiempo que dedicaron los que debieron ser sus mejores años, los del aprendizaje, sueños e ilusiones, a ayudar a sacar adelante a sus familias, al progreso y modernidad de nuestra tierra y país que vendría sin que nunca quedase compensado para ellos la cuenta de ese esfuerzo, tantas veces insalubre e esclavo.

Sin olvidarnos por supuesto de los que no están y de los que pagaron de forma prematura en sus carnes y con su vida las consecuencias de accidentes o de enfermedades profesionales tan duras y difíciles como la silicosis.

Finalmente, ante este nuevo reto de la Fundación Obra Social Montepío con la historia minera, se marca con este Calendario 2020 no solo honrar la memoria de los guajes mineros y dar luz a una parte de esa historia industrial, sino concienciar a las nuevas generaciones, en un diálogo intergeneracional posible y necesario (nietos con abuelos) sobre este legado y la importancia de luchar y denunciar la explotación infantil en cualquiera de sus formas, reivindicando la educación, el juego, la salud y la protección, como elementos fundamentales en la formación de los niños y niñas y de los jóvenes en su conjunto.

En este proyecto han colaborado con el Montepío el Archivo Histórico Minero y el Muséu del Pueblu d`Asturies, con la cesión de contenidos fotográficos, buena parte de ellos del fotógrafo Valentín Vega Ruiz y de los potentes archivos mineros de Virginia (Estados Unidos), y de colecciones de Francia y Alemania. El Montepío ha querido ampliar sus contenidos fuera de Asturias para que los espectadores de hoy puedan comprender que el fenómeno de la explotación infantil no era localizado, sino global. Y con esos mismos ojos hay que mirarlo hoy en día.