Tragedias mineras que conmocionaron el verano en España en tres épocas distintas

El verano no siempre es un tiempo feliz y de ello sabe mucho la familia minera asturiana. Registramos en este artículo tres tragedias en distintas épocas en la historia del carbón asturiano de enorme eco e impacto en la sociedad española. Hubo más, sin duda, y las iremos recordando en nuestros capítulos de memoria minera en esta web y en nuestros canales en redes sociales, pero queremos dejar registradas estas tres.

1923, la tragedia en Mina Baltasara de Mieres

Ocurrió un 16 de julio fatal  hace casi un siglo: la tragedia de Mina Baltasara, en el corazón de la Güeria San Juan de Mieres y de cuyos ecos nos ha llegado, además de la crónica social y política, una foto muy simbólica (de hecho hace poco la hemos visto coloreada, bajo ese efecto documental tan de moda hoy en día con el que se busca una mayor conexión emotiva con las generaciones presentes) del multitudinario cortejo fúnebre con los 13 ataúdes llevados a hombros hacia el Cementerio de La Belonga en Mieres.
⚒El 16 de julio de 1923 «una explosión de grisú sorprendió a los trabajadores de la capa «Raimunda» a las ocho de la mañana, cuando hacían una pausa para almorzar a pie de tajo y desde un coladero fue derribando los cuadros de entibación produciendo quiebras en unos sesenta metros hasta llegar al pozo para revolverse allí en otra ola fatídica en sentido contrario a la ventilación», cuenta el historiador Ernesto Burgos. El origen pudo estar en la deflagración provocada por una lámpara defectuosa, aunque también se manejó la posibilidad de que alguno de los afectados hubiese encendido un cigarrillo.
⚒La mala suerte quiso que ese mismo día ocurriesen en Mieres casi a la par otros dos sucesos de impacto para la #FamiliaMinera: cuando tan solo había transcurrido una hora desde el primer desastre, un costero se desprendió sobre otros dos mineros que trabajaban en el piso séptimo de Mariana (uno falleció, otro de gravedad), que al igual que Baltasara pertenecía a Fábrica de Mieres. Y a las tres y media de la tarde la deflagración de dos barrenos en el Grupo San Benigno de la Sociedad Hulleras de Turón segaba la vida de otros dos trabajadores más. 16 fallecidos en una sola jornada. Fueron suspendidas las fiestas de El Carmen de La Villa y San Pedro de Oñón, los dos núcleos urbanos fundacionales de la urbe mierense.
⚒Hasta el mismo líder minero, diputado entonces, Manuel Llaneza, acudió al lugar del accidente, para, ataviado con la funda minera, bajar in situ a la capa «Raimunda» junto a los técnicos y participar directamente en la investigación que le ayudaría a poder presentar un informe que hiciese pronunciarse a las Cortes. Llaneza conocía muy bien las minas de esa zona, pues había trabajado al lado de Baltasara, en la mina Poca Cosa (de la Sociedad Minera Tres Amigos), y la mortalidad y gravedad de los accidentes era ya insoportable, lo que hizo que el dirigente provocase un debate parlamentario en Madrid en el que se manifestó la gravedad del asunto, la falta de seguridad de los mineros, la necesidad de instar a las empresas a actuar en esta materia.
⚒El accidente no distinguió entre categorías, fallecieron desde un capataz hasta un guaje: Cándido García Álvarez, Ildefonso Raimundo González, Marcelino Alonso Álvarez, Sergio Fernández Martínez, Antonio Iglesias Rodríguez, José Fernández Turrado, Joaquín Cidón Fernández, Belarmino Muñiz García, Santiago Arecheaga Carro, Martín Serrano Fernández; Arturo García Álvarez, y Faustino Fernández García y Antonio Fernández Guerra.
⚒Las crónicas resaltan dos curiosidades: 4 de los mineros del equipo salvaron la vida porque había pasado esa noche en los calabozos de La Villa por provocar algún desaguisado tras su participación en las fiestas de El Carmen. Y otra tremenda, uno de los heridos en el accidente de Mariana (Manuel Fdz Guerra) era hermano de Antonio, el fallecido en Baltasara: dos hermanos accidentados el mismo día. Manuel consiguió sobreponerse a las heridas del costero, pero su vida no fue fácil: tal y como cuenta el historiador Burgos, en octubre de 1937 asistió al fusilamiento de su hijo Alfredo -junto a otros tres mineros acusados de traición por el bando franquista en la Guerra civil- en ese mismo Cementerio de Mieres que el había esquivado.
⚒Registramos líneas arriba una foto de trabajadores de Mina de Baltasara hecha unos meses antes de este dramático accidente, otra de esas catástrofes que han marcado la minería española y asturiana y de la que se cumplen 98 años.

1949, en el Pozu María Luisa: una drama, una canción que aún emociona

El 15 de julio de hace ahora 72 años Asturias se despertaba sobresaltada al leer en los periódicos -principal medio entonces para saber lo que ocurría, con la radio- la noticia sobre uno de los accidentes más graves en la historia de la minería española: una violenta explosión de grisú segaba la vida de 17 trabajadores en el pozu María Luisa, en Ciaño-Langreo y con ello sacudía el corazón de una Cuenca minera, cuyas vidas estaban casi al cien por cien marcadas por los ritmos del carbón.
La tragedia «repetida», ocurrida la madrugada del 14 de julio de 1949, dejó una honda tristeza en el seno de la #familiaminera asturiana, una huella indeleble en la memoria; y esa pena por los que no están y por los que se quedan llorando; y ese miedo silencioso en las casas mineras. El impacto fue tal hasta el punto de reescribir una canción emblemática hasta entonces, «Santa Bárbara, bendita», para convertirla en un himno de los mineros, una balada de profunda emotividad en el repertorio folk astur, una canción obrera de esas que se conocen internacionalmente.
⚒El “Santa Bárbara bendita, patrona de los mineros… pasó a ser “En el pozu María Luisa, tranlaralará…”. Un himno para no olvidar una historia trágica, la del regreso a casa del minero que con una herida en la cabeza y la camisa ensangrentada, cuenta a su mujer, Maruxina, el accidente y la muerte de sus compañeros.
⚒María Luisa pertenecía entonces a Duro Felguera. El pozu, propiedad de Hunosa desde 1967, echó el cierre a finales de este año, 2016, tras 158 años de actividad. 1858 por la Unión Hullera de Santa Ana y años después, en 1886 pasó a ser explotado por la Sociedad Unión Hullera Metalúrgica de Asturias. En 1918 tuvo lugar la profundización del pozo, aunque no fue hasta después de la Guerra Civil cuando funcionó a pleno rendimiento. Muchos de nuestros mutualistas trabajaron en María Luisa.
⚒ Sobre la canción, son muchos los que dicen «murieron 4 mineros…» Pero fueron diecisiete. Desgraciadamente. Con sus nombres y apellidos, para que no se olviden: Julio Arizabalaga Antuña, 49 años; Graciano Montes Ardura, 49 años; José Adolfo Valles Fernández, 42 años; José Santín Sánchez, 41 años; Eugenio Menéndez García, 39 años; Manuel Tresguerres Suárez, 35 años; José Torre González, 24 años; Manuel Suárez Suárez, 24 años; Manuel Iglesias Montes, 24 años; Amador Campal Alonso, 23 años; Amalio Fernández Montes, 23 años; Fructuoso Aspírez Gómez, 23 años; Anselmo García Vallina, 22 años; Francisco Carballo Fernández, 22 años; José Rodríguez González 19 años; José Manuel González Bernardo, 18 años y Ángel Paulino Suárez Nava, 16 años.
El historiador Ernesto Burgos escribió en La nueva España: «(de los 22 que estaban en la capa cuando se disparó la dinamita) Siete fueron rescatados con graves quemaduras y trasladados al sanatorio Adaro, y otros nueve, ya cadáveres, rescatados en las primeras horas, mientras se redoblaban los esfuerzos para llegar hasta los demás y en el exterior se reproducía la triste ceremonia que siempre acompaña a estos terribles accidentes, con centenares de compañeros arropando a los familiares y esperando noticias sobre los desaparecidos». Como curiosidad, cuatro mulas también fallecieron en la galería. «A las a las siete de la tarde del día 15 de julio, a 24 horas del suceso, partió desde la explanada del pozo hasta el cementerio de Ciaño el cortejo fúnebre de los primeros rescatados con la pena añadida de conocer que en el pozu «Mariana» de Mieres también acababa de morir otro minero dejando dos hijos». El sábado 23, a las 11.30 de la mañana, a instancias de la empresa Duro Felguera, se celebró un funeral conjunto en la iglesia parroquial de Ciaño. Todas las fiestas de verano en los pueblos de las Cuencas y actos fueron suspendidas.
⚒Únicamente dos trabajadores que se vieron afectados por este gravísimo accidente lograron sobrevivir. El Montepío aún cubre hoy en día ayudas de viudedad, invalideces u orfandad derivadas de accidentes mineros.

Nicolasa, 1995: la mayor tragedia de la minería moderna en España

⚒  Fue la madrugada de un 31 de agosto de hace 26 años de una de esas noticias de recuerdo desgarrador para la #familiaminera: la catástrofe del Pozu Nicolasa (Hunosa) de Ablaña-Mieres. Fue una aciaga madrugada en la que nos despedimos prematuramente de 14 jóvenes de la Cuenca, trabajadores mineros, a los que la muerte les sorprendió de manera abrupta, tras una terrible explosión de grisú en la llamada «capa octava», un yacimiento de carbón complejo, que forma parte de la leyenda más tenebrosa de nuestra tradición minera, al causar más tarde aún más dolor y víctimas, pese a las precauciones tanto en Nicolasa como en el vecino Montsacro.
«Catorce hombres como robles», publicaba a toda página La Nueva España Digital – LNE.es Las escenas de dolor de la Cuenca minera dieron la vuelta al mundo.
La memoria de este terrible accidente del Nicolasa, el de mayor impacto en la minería moderna española junto con los del Mosquitera, en el 89, el pozo María en Caboalles 79 y el pozo Emilio en León 2013, sigue muy presente. Recientemente, el escritor Carlos Barros San José ha publicado el libro «Tormenta sobre Durán» (@Ediciones KRK) , una obra de teatro en dos actos, inspirada (quizás se queda corto dado el prolijo conocimiento que el autor tiene de la mina en la que trabajó y a cuyo más grave accidente dedicaría una amplia investigación personal en su etapa como comunicador en Radio Parpayuela.
Sobre Nicolasa esta además el recuerdo especial por cuatro fallecidos de nacionalidad checa, que abrió lazos de hermanamiento con las zonas mineras de hermano país europeo.
La repercusión de accidente fue tremenda: a la pérdida de las vidas humanas, se sumaba los miedos o recelos ante las nuevas técnicas de explotación minera, un proceso que se estaba llevando en Asturias en esos momentos, con más mecanización y el abandono progresivo del sistema manual-artesanal más tradicional, el avance con picadores y entibación frente al de subniveles, subtiraje… el grisú seguía siendo un enemigo peligroso.
Con el accidente de aquel 31 de agosto en Nicolasa la familia minera volvía a sentir de cerca el miedo a las grandes catástrofes ocurridas antes del nacimiento de Hunosa (1967), la necesidad de investigar, de más controles, de aún más seguridad…
Fotos del Archivo Histórico Minero (el fotoperiodista Eduardo Urdangaray) y del Archivo de TRANSISA, Ambulancias de Asturias.
Las impactantes imágenes de nuestros amigos del Archivo Histórico Minero, obra de los fotoperiodistas Cuco Urdangaray y Ramón Jiménez, pertenecen a la memoria colectiva de Asturias; recogen momentos del rescate y el entierro. El funeral tuvo lugar en la Catedral de Oviedo. A el asistió el actual Rey de España, entonces Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, muestra de la trascendencia internacional del impacto.
También contamos en este post con fotos de los servicios de ambulancia Transinsa – Ambulancias de Asturias que operaron aquel día y que nos prestaron el pasado otoño para nuestro proyecto de calendario 2021 «Los guardianes de la familia minera». Una foto del rescate de los fallecidos fue precisamente portada del almanaque de este año.
Pese a ese cuarto de siglo transcurrido, el recuerdo sigue fresco, como una cicatriz que aún irradia un doloroso recuerdo, para quienes vivieron aquellos días en Asturias, especialmente en las zonas mineras.
  de todos los fallecidos en accidente laboral

Fundación Montepío beca a 152 estudiantes mutualistas, a los que dedica 17.900€ para Educación

La Obra Social de la entidad

La Fundación Obra Social Montepío ya cuenta con el balance del Programa de Becas del curso 2021-22, sexto consecutivo desde que la entidad estableciera en 2016-17 esta línea de ayudas.

En el presente ejercicio, la Fundación Montepío ha gestionado 180 solicitudes de las 285 totales previstas inicialmente en las convocatorias; y se aprobaron, y por tanto ya disponen de la mencionada beca, el 84.44%, es decir 152 familias mutualistas. En total, estas familias reciben un importe global de 17.900 euros, repartidas en becas que van desde los 100€ (en el caso de las enseñanzas obligatorias) a los 200€ (para universitarios), pasando por los 150€ (para chic@s con necesidades educativas específicas).

Del total de 180 becas atendidas por la Fundación Montepío, 27 fueron denegadas, por diversos motivos: la más común, el contar en el mismo seno familiar con otra ayuda educativa otorgada por el Montepío, por superar el nivel máximo de renta o por incumplir los requisitos académicos. Una también fue cancelada durante el proceso debido a que, aún cumpliendo criterios, no llegó a presentar la documentación necesaria exigida por las bases de la Convocatoria.

En las dos últimas semanas, la Fundación Montepío aprobó en su Comisión de Asuntos Sociales la resolución del expediente 2021-22 y ya ha procedido al abono de las becas en las cuentas bancarias identificadas para tal fin por las familias mutualistas.

Como en años anteriores, el Programa de Becas Montepío ha sido estructurado y organizado en 4 líneas, durante el Curso 2021-22: comenzado el 1 de octubre con la Convocatoria para familias con estudiantes en Educación Primaria y Secundaria (que se prolongó hasta el 15 de noviembre), la Convocatoria para familias con estudiantes que requieren Necesidades Educativas específicas (que arrancó también el 1 de octubre, y finalizó e 15 de febrero); la Convocatoria para familias con estudiantes en Bachiller y Ciclos Profesionales de Grado Medio (que comenzó el 15 de noviembre y finalizó el 31 de diciembre pasado); y la Convocatoria para familias con estudiantes en un Ciclo Profesional de Grado Superior o la Universidad (que comenzó el 1 de enero y su plazo finalizó el 15 de febrero pasado).

Balance final de la concesión de las ayudas educativas Montepío 2021-22 por nivel educativo es el siguiente:

Primaria 51 becas

Secundaria 46 becas

Bachiller 22 becas

Ciclos FP Grado Medio 1

Ciclos FP Grado Superior 3

Universidad 29

Necesidades Educativas Específicas 11

TOTAL: 152, sobre las 180 solicitudes.

👁‍🗨Consulta el Balance Completo  aquí 👉 BECAS 2021-22 INFORME FINAL

El perfil de las ayudas

El mayor número de solicitudes de ayuda se dio en Primaria y Secundaria, con 54 y 58 solicitudes, respectivamente, seguidas de Universidad, con 34, Bachiller con 29, Ciclo formativo de Grado Superior, con 3 y Ciclo formativo de Grado Medio con 2.

En Primaria y Secundaria, el mayor número de solicitudes se da en socios de 44 años, con 11 solicitudes, siendo en esa década de los 40 la que acumulan el 65% de las mismas.

En Bachillerato y Ciclos de Grado Medio el mayor número ya llega con padres/madres de 50 años, centrándose en esa década casi el 60% de las solicitudes.

El mayor número de solicitudes se ha dado en mutualistas con la condición de “familiares vinculados”, es decir mutualistas de segunda generación (hijos, hermanos, nietos) de profesión ya distinta a la minera, siendo “activos laboralmente” 21 y “no activos” 19. Pensionistas, con 18 solicitudes y familiares vinculados pensionistas, con 2, son otros dos perfiles. Los activos de minería suponen solo el 11,7%, los prejubilados el 16,1% y los pensionistas mineros con hij@s becados en esta convocatoria el 10%.

Hay que destacar las 91 solicitudes de familiares/vinculados en activos recibidas, que suponen el 50,6% y supera con creces al resto de situaciones.

Sobre el umbral de Renta familiar de soci@s mutualistas, el mayor número de solicitudes se encuentra entre los 20.000 a 40.000€, que supone el 57,22%. En este sentido, hay que prestar atención al 9.44% de las solicitudes que están por debajo de los 10.000€ de Renta familiar y que cada curso vemos con preocupación como crece (35 décimas en este último): En el año 2020 era de 9,09%; en el 19, el 7,31%; en el 18, 6,35%…

Las solicitudes con familias que tienen algún hij@ con algún grado de discapacidad han sido de 19, el 10,55% del total (el curso pasado fueron 22, el 12,50% del total), centradas especialmente en Primaria y Secundaria.

En el ámbito global de las Necesidades educativas específicas se produjeron 13 solicitudes en total, de las cuales, 8 fueron por discapacidad, 2 por TDHA- trastorno por déficit de atención e hiperactividad y 3 por Altas Capacidades.

Las solicitudes de las familias numerosas han sido 11, el 6,1% del total (12 el curso pasado). Mientras que las familias monoparentales son 9 (el 5% del total), menos que el curso pasado (20, el 11,36%. En ambos casos, el mayor grupo de solicitudes se centran en la enseñanza obligatoria y universitaria.

Para facilitar los procesos de información y gestión, la Fundación habilitó en la web corporativa www.montepio.es un espacio con toda información que ha regulado las convocatorias de este programa. Para consultas el Montepío tiene habilitado el mail fundacion@montepio.es y el tlfno. 985 96 54 85 (laborables, de 9 a 15h). Como en cursos anteriores del desarrollo, gestión de las convocatorias, promoción, respuestas… de este programa se encarga la Comisión de Asuntos Sociales del Montepío, que preside el vicepresidente Jesús Armando Fdez. Natal. Dadas las restricciones derivadas de las medidas de seguridad etc por la pandemia, esta Comisión ofreció distintas soluciones digitales para poder avanzar y finalizar el proceso de valoración y aprobar la concesión y abono definitivo de las ayudas. Estas ayudas convocadas son compatibles con cualesquiera otras de la misma finalidad que pudieran recibirse de cualquier administración, institución, entidad o personas. Fernández Natal ha destacado el valor de esta apuesta y del compromiso del Montepío con las familias y sus proyectos vitales, especialmente en estos tiempos difíciles, donde las ayudas de todo el colectivo cobran un carácter solidario y cooperativo mayor.

Toda la documentación y balances sobre este programa y los realizados desde el curso 2016-17 puede consultarse en la página web del Montepío www.montepio.es en el siguiente link:

🌐 https://www.montepio.es/becas-e-investigacion/

CARTELERÍA DEL PROGRAMA DE BECAS DE LA FUNDACIÓN MONTEPÍO PARA EL CURSO 2021 Y 2022

 

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Pozu Llumeres, los mineros del hierro en la ensenada de Bañugues: Las otras minerías

Dentro del #CalendarioMontepío ⚒ 2022, dedicado en esta edición a #OtrasMinerías y miner@s distint@s a l@s del Carbón ilustramos la lámina de mayo a la Mina Llumeres y a los mineros de hierro, una explotación singular, situada en la Costa central asturiana, en la ensenada de Bañugues, en el concejo de Gozón.
En las imágenes que ilustran este reportaje pueden verse, en primer lugar, una vista de las instalaciones mineras construidas en Llumeres tras la Guerra Civil, donde aún podía apreciarse, en una foto del año 1943 (de FotoLena) el castillete de 17 metros, construido durante la reprofundización del pozo, junto con la casa de máquinas, la de aseos, fragua, tuberías y vagones. En este caso, la foto es recopilada y cedida por Lucía Fandos, para su libro “Hombres y mujeres de hierro: Las minas de hierro del grupo Llumeres en Gozón (1859-1967)», hecho con la @Universidad de Oviedo y cuya lectura recomendamos.
En la foto cuarta, los restos del antiguo Puerto cargadero de hierro de Llumeres, perteneciente a la Sociedad Metalúrgica Duro Felguera, en una foto realizada por María Gancedo en 2018 y cedida por el Archivo Histórico Minero para este proyecto.
⚒ ᒪᒪᑌᗰEᖇEᔕ, ᒪOᔕ ᗰIᑎEᖇOᔕ ᗪEᒪ ᕼIEᖇᖇO
También, podemos ver en la segunda, los restos ya de la Mina Llumeres, después de desmontado su castillete, en fotos cedidas por el @Muséu del Pueblu d`Asturies, que como AHM siempre colaboran con nuestros proyectos culturales y de memoria, gesto que se agradece.
En el resto de fotos puede verse la portada del libro de Lucía Fandos, imprescindible para conocer la apasionante historia de esta mina y otras de Archivo.

Un poco de historia

A lo largo del siglo XIX, la Sociedad Compañía Minera de Gozón convirtió las concesiones explotadas de forma rudimentaria denominadas Abundante, Laur y Joaquina en una mina organizada de hierro, que también extraía en parroquias cercanas. La empresa no prosperó y la mina fue adquirida por Duro Felguera al igual que la cercana mina de Simancas. Al no existir ferrocarril se construyó un puerto en Llumeres para llevar el mineral a Gijón, desde donde una parte se exportaba hasta Inglaterra o Alemania, yendo otra parte a parar a la Fábrica de La Felguera, donde el hierro era utilizado en sus altos hornos. Más tarde, en 1919, se construyó un cable aéreo para su transporte hasta la estación de El Regueral, a 7 km., perteneciente al Ferrocarril de Carreño, desde donde el hierro se dirigía en tren hasta La Felguera. Durante la posguerra fue muy relevante el trabajo de mujeres en las instalaciones. Duro Felguera fue modernizando sus instalaciones con la construcción de un pozo vertical con castillete y numerosas dependencias, comenzando también una política paternalista construyendo viviendas para sus trabajadores en Bañugues (donde se encuentra, por ejemplo, un barrio llamado Les Cases de la mina). Finalmente en 1967 la mina fue clausurada debido por un lado al progresivo agotamiento del mineral y por otro a las dificultades técnicas que presentaba. Las minas de Duro fueron incorporadas ese año a Hunosa.
Desde 2008, la mina y el puerto de Llumeres (preparado para vapores de hasta 300 toneladas) se encuentran en estado de ruina, aunque han sido incluidas como conjunto histórico en el Inventario Cultural del Principado de Asturias al igual que se ha construido una pequeña área recreativa y un mirador en la entrada de la bajada a la playa. Esta ha adquirido desde hace décadas un tono rojizo debido a la explotación del hierro y aún hoy es posible ver en el mar manchas de este color frente a Llumeres. Se conservan en ruina la casa de máquinas, talleres, oficinas, vestuarios, clasificadero de minerales, una bocamina, el dique y sus cargaderos de mineral. Además, la zona tiene un importante valor geológico, hallándose en 2008 tamarugita en la playa, caso único en la Europa continental.

⏱ Última hora sobre Llumeres

Hoy mismo, el diario @El Comercio pública que la Asociación Cultural El Curbiru de Bañugues «no cesa en su empeño de recuperar uno de los elementos industriales y patrimoniales más importantes del concejo, como la mina de Llumeres» que fue durante décadas el principal motor económico de la zona, pero que ahora, alertan «pronto llegará la mar a la bocamina del cargadero, si no se hace nada».
La entidad lleva años reclamando a la Administración una intervención para evitar su completa desaparición. Su última propuesta pasa por la adquisición de los terrenos y la financiación de la rehabilitación con fondos estatales y europeos. Dicen en la noticia que «el propietario siempre se mostró dispuesto a la colaboración cuando se le pidió el uso temporal de esos terrenos». Quieren también que el Ayuntamiento de Carreño de pasos para adquirir los terrenos y afrontar una rehabilitación podría financiarse con fondos europeos, o acudir a la ayuda del 1,5% cultural y sumarla a otras iniciativas mineras que hoy funcionan como recurso turístico como la mina de Arnao, los pozos de Sotón y San Luis y Museo de la Minería y de la Industria de Asturias.
El material para empezar ya lo tienen. La investigadora Lucía Fandos, quien hace dos años colaboró con El Curbiru en la publicación de un libro sobre la historia de la mina y con el Montepío en la edición de estas láminas, cuenta con «material de sobra para empezar. Es una pena que se deje perder con toda la vida que hubo en ella. Como museo iba a ser una joya», aseguran.
LOS DATOS QUE APORTAN
La mina de Llumeres abrió en 1850, pero no fue hasta varios años después cuando de la mano de Duro Felguera empezó un crecimiento que la situaría como el principal yacimiento de hierro de Asturias. Este ‘boom’ tuvo su máximo esplendor a mediados del siglo XX, cuando llegó a congregar al mismo tiempo a más de 500 trabajadores. En total, por el yacimiento pasaron más de 2.500 personas.
Las instalaciones fueron mejorándose con el paso de los años. Al transporte marino hasta El Musel se sumó una red de transporte aéreo hasta El Regueral. Todo el material se enviaba finalmente a La Felguera. Finalmente, en 1967 acabó cerrando tras varios años en que la producción fue disminuyendo. Poco después, Duro Felguera vendió los terrenos a un particular y las instalaciones han ido derrumbándose con el paso del tiempo.
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El Orfanato Minero de Asturias: la Casa de los huérfanos del Carbón

En 1929 nace el proyecto para poner en marcha el Orfanato Minero de Oviedo fruto de un acuerdo de los representantes sindicales de los trabajadores, los empresarios mineros y el gobierno del General Primo de Rivera. Esta institución pedagógica y docente nacía para atender a los hijos e hijas de los mineros que hubieran muerto o padecido una grave lesión o incapacidad por accidente laboral. En aquel tiempo, la enorme y terrible siniestralidad en las minas asturianas dejaba cada semana, cada mes, a cientos de niños y niñas en situación de máxima vulnerabilidad, al verse suspendido en los hogares el sustento económico tras el accidente minero. El Orfanato pretendía dar una respuesta social a esa desoladora emergencia, proporcionando asilo y educación. Un ingeniero de Minas muy culto y sensible a los problemas sociales, Ernesto Winter (pedagogo, humanista, ensayista, nacido en Gijón en 1882 en el seno de una familia francesa de Alsacia), fue el encargado de poner en marcha el proyecto en un lugar idílico, al cobijo del Naranco, en Oviedo. Pero la Guerra civil sacude todo el proyecto inicial: Winter es fusilado en noviembre de 1936. El proyecto del Orfanato seguirá caminando por necesidad, seguía habiendo muchos huérfanos, pero ya adaptado a tiempos complicados y complejos. Tan complejos como que sus instalaciones tuvieron que ceder espacio al Hospital de Oviedo.

Una historia que vertebra muchos corazones de las familias mineras asturianas a lo que un día la tragedia minera picaría a la puerta, cambiando para siempre sus vidas.

«A mi padre y a mi tía, que un día de invierno 1938 conocieron en pocos días la tragedia de la mina y la solidaridad de los mineros que soñaban con un mundo mejor».

Recuperamos para nuestros canales #Montepío digitales un artículo publicado en su día en la Revista Montepío en las páginas especiales de memoria que denominamos Los álbumes del Carbón, un trabajo de estudio y divulgación de la cultura e historia minera en Asturias que representa uno de los objetivos y compromisos de trabajo de Fundación Obra Social Montepío.

Así nació el Orfanato Minero.

Alzado del proyecto.

Cuando la precariedad de las condiciones laborales y la miseria convertían cada día a la minería en un escenario más propio de los campo de batalla, con más de 50.000 mineros en Asturias en los frentes de avance abiertos en decenas y decenas de minas, pozos, chamizos y galerías,  no había día que no viera escapar la vida de algún minero, la esperanza de muchas familias. En aquella minería de trinchera, los huérfanos del carbón eran el pan de cada día, una imagen demasiado parecida a aquellos relatos tristes de Charles Dickens, de pretéritos paisajes industriales plagados de hollín y penurias. En aquella época brotó del Sindicato Minero la necesidad de un Orfanato que diera respuesta a tantos guajes, sin padre, con los sueños rotos, en franca situación de desamparo.

Hoy Fundoma, Fundación Docente de los Mineros de Asturias, el hospicio minero, impulsado en 1929 para acoger y atender a cientos de huérfanos de trabajadores fallecidos o hijos de familias productoras en riesgo de pobreza,  es, como el Adaro, la Brigada, el Montepío, el Instituto Nacional de Silicosis, La Universidad Laboral o el Instituto Nacional del Carbón CSIC,  uno de esos hitos emblemáticos en la larga historia del Carbón en Asturias y España.

El proyecto inicial, tan necesario por el drama social al que debía atender, como integrador y vanguardista, era más ambicioso aún que el que más tarde se vio afectado por la Guerra y la dictadura, y hermanaba como proyecto educativo con las grandes escuelas humanistas europeas. Los conflictos bélicos y políticos de mediados de los años 30, pese al consenso general que inspiró su demanda, mermaron su idea original; y posteriormente se vio amputado por las necesidades de espacio del antiguo hospital central de Asturias con quién compartió espacios en Oviedo en una larga y dura postguerra hasta que en los años 60 se impulsó la primera ciudad sanitario en El Cristo de Oviedo. Cuando el Orfanato Minero recuperó sus instalaciones, las minas ya eran más seguras y proyectos como la Universidad Laboral de Gijón y los colegios, institutos y centros profesionales públicos y privados cubrían una parte importante de la actividad formativa.  Con Hunosa ya en marcha y el régimen especial minero de la Seguridad Social, el desarrollismo y el primer “baby boom” de los años 70 se comenzaba ya a dejar atrás el concepto de orfanato.

 

Publicación de época y una colonia del Orfanato en una salida a Salinas.

Una historia para recordar, que habla de Solidaridad.

Como el Montepío, el Estatuto de los Mineros, el vale de carbón, los economatos, las huelgas por la democracia o el futuro de las comarcas, o la brigada de salvamento… el Orfanato Minero constituye uno de esos nombres pilares y emblemáticos de la prolija y orgullosa historia con mayúsculas que nos ha legado la familia del Carbón asturiana. Una historia tras la que se esconde el drama de cientos de familias que quedaron desamparadas por los accidentes mineros. Que habla de solidaridad. Y que merece ser divulgada y recordada, implícita en ese legado de valores que hoy defiende, reivindica y esgrime el Montepío como patrimonio a preservar de cara a los retos, a buen seguro distintos, pero no por ello menos importantes, que sin duda deberá atender la ciudadanía presente y futura en esa permanente construcción de una sociedad de bienestar que de respuesta a las necesidades de cada tiempo.

Uno de los primeros grupos en entrar al Orfanato

Y es que parece que fue ayer, pero no ha pasado aún un siglo cuando al prensa regional anunciaba el acuerdo entre el Gobierno español de Miguel Primo de Rivera y los representantes de los trabajadores y los empresarios mineros para auspiciar el nacimiento de un gran Orfanato Minero como fundación docente de carácter benéfico. Corría el año 1929 y un Real Decreto lo ampara como “un necesario servicio de auxilio social”, respuesta a una persistente reivindicación del Sindicato de Obreros Mineros Asturianos  liderado por Manuel Llaneza que, en sintonía con las numerosas propuestas que el movimiento obrero de finales del siglo XIX abanderaba en las ciudades y comarcas industriales de Europa con el fin de tratar de atender al menos en lo más básico las necesidades de las personas. Llaneza había exigido en numerosas ocasiones a Primo de Rivera (la idea original fue aportada en 1917 por el sindicalista y minero José de la Fuente) una solución rápida y urgente a la situación de abandono y, en muchos casos, de hambre real, que padecían numerosos hijos de mineros muertos o incapacitados por accidente laboral. Una realidad social dolorosa y descorazonadora, que tenía a cientos de niños y niñas pobres, abandonados a su suerte por las calles, pueblos o escombreras , con peligro real de muerte por penuria, mala salud y sin futuro alguno, a expensas de la caridad. Aquellas escenas de pobreza en las calles, tan magistralmente relatadas en el siglo XIX por Charles Dickens en el origen de las ciudades industriales inglesas de la época Victoriana (Cuento de Navidad, Oliver Twist) también se vivieron y padecieron por muchas de nuestras familias en Asturias. No son pocos los mineros ancianos que hoy, memoria viva de aquel tiempo, recuerdan como siendo niños, les hicieron el favor de sus vidas metiéndolos a trabajar en las minas con 10 o 12 años, pese a que la ley no lo permitía. ¿Esclavitud infantil? pura supervivencia.

La sala médica y una publicación de época.

Un dinero por tonelada de carbón para los huérfanos

La historiadora María Fernanda Fernández Gutiérrez sintetiza de forma magistral en su trabajo sobre el Orfanato, publicado por Real Instituto de Estudios Asturianos, que “la idea era sencilla y justa: se trataba de recoger y educar a los hijos de los mineros del carbón muertos o incapacitados, un grupo numeroso y desasistido, que innegablemente precisaba del respaldo de un organismo oficial que superase medidas aisladas de caridad o ayuda, las únicas que hasta entonces subsanaban sus abultadas carencias. Y para hacerlo posible se trataba de hacer revertir sobre la masa de productores (mineros) parte de los beneficios obtenidos con su trabajo, decidiéndose que el Orfanato sea sostenido con la aportación patronal de una cantidad fija por tonelada de hulla producida, conociéndose como el canon del carbón”.

El Orfanato ve la luz definitivamente en 1931, rigiéndose su gestión mediante un Patronato en cuya Junta se sentaban los cargos públicos, patronos de empresas mineras, sindicalistas y obreros, “todos ellos reunidos para colaborar en el bienestar del frágil y crecido colectivo de huérfanos de la minería”. En el primer Patronato estaban representados, entre otros, el Director General de Minas y Combustibles de España, Rafael de Ormaechea, el vicepresidente de la Diputación de Asturias, José de Argüelles; el portavoz del Distrito Minero de la Provincia,  Miguel de Aldecoa, el del Consejo de Combustibles, Eugenio Cueto; los empresarios mineros José Cabrera, Rafael Belloso y Gerardo Berjano, y los líderes sindicales Manuel Llaneza, Amador Fernández y Belarmino Tomás. Conviene citar también a Manuel Rico Avello, secretario general y abogado de la Compañía Minera y Sociedad Patronal de Mineros de Asturias, nombrado para conciliar los intereses patronales y obreros, promoviendo obras sociales como el citado Orfanato.  Llaneza, hombre fuerte en el contexto del proyecto, apoyaba su visión el perfil humanista de sobre el Orfanato como Institución educadora en Ernesto Winter, Gijón 1872-Oviedo 1936) de origen francés, pedagogo y humanista, cuya familia había recalado en Asturias procedente de Alsacia, para trabajar en una empresa de vidrios gijonesa.

Winter, que había estudiado para arquitecto en la Universidad Central de Madrid (más tarde se licenciaría como Ingeniero de Minas en Lieja), sintonizaba desde entonces con el ideario de la Institución Libre de Enseñanza (de hecho Fernando de los Ríos prologa su obra, Elogio de la inquietud), un forma de ver y entender la vida que irradió en Asturias desde que en 1922 en regresara a España como ingeniero de las Minas de Coto Musel en  Laviana (Asturias), donde por primera vez contactó con Llaneza y con la pedagogía. Esa es la base sobre la que en 1930 arranca en Oviedo el Orfanato Minero, con Winter como primer director. Tras las elecciones generales de 1936, Ernesto Winter dimite como Director, dado que las nuevas autoridades habían pedido su relevo por Eleuterio Quintanilla, dirigente anarquista. No obstante, cuando se produce el golpe de Estado que en 1936 dio inicio a la Guerra Civil, Ernesto Winter se mantiene en el puesto a la espera de ser relevado. Detenido poco después, es interrogado por el Coronel Aranda y posteriormente puesto en libertad. Sin embargo, el 6 de noviembre de 1936 mientras trabajaba en el Orfanato con los niños un grupo de sublevados franquistas lo detuvieron junto a su hijo y los fusilaron en Pando, a la afueras de la ciudad, junto a las vías del ferrocarril.

Ernesto Winter, fusilado en 1936, había pensado un Orfanato Minero humanista, naturalista y laico, que impartiera la Escuela Nueva al estilo de Giner de los Ríos o María  Montessori

Ernesto Winter y un equipo de dirección y docentes en los años 50.

El lema fundacional de la institución era “educar en la tolerancia y la perfección, con una refinada educación integral y moderna, de acuerdo con la más selecta pedagogía, imprimiendo los más sensibles matices de un ambiente familiar”. El problema para el Orfanato, como queda patente en la dramática muerte de su primer director, fue afrontar años convulsos, la caída de la monarquía de Alfonso XIII, la llegada de la II República, la, Revolución de Octubre del 34, la Guerra Civil, la postguerra… La idea original del Orfanato se vio sacrificada desde la misma toma e incautación de las instalaciones por parte del Coronel Aranda en octubre de 1937, que decidió trasladar a siete de sus pabellones el Hospital Provincial de Asturias, destruido en Llamaquique. La medida provisional duraría 25 años, hasta 1961. Pero esta actividad médica y la penuria económica limitaría para siempre la actividad del Orfanato y aquel ambicioso proyecto fundacional, que Winter había concebido bajo los preceptos de la Escuela Nueva, humanista, naturalista, higienista, laica y abierta a los movimientos innovadores europeos, hermanada en esencia con las kidergarten de Friederich Froëbel,  las Escuelas al Aire Libre de Lemonier y Beginski, las del Bosque y el Mar, de Giner de los Ríos en Barcelona, las del Ave María del Padre Manjón, las del pedagogo y médico belga Ovide Decroly y las María Montessori en Italia. Ese era el frustrado marco.

Tras la marcha del Hospital Provincial de Asturias a El Cristo, el Orfanato Minero, limitado por las carencias presupuestarias  y de espacio a atender a no más de 150 niños y niñas desde el final de la Guerra en 1939, recupera en 1960 sus espacios, pero a las puertas del desarrollismo, las necesidades ya eran otras y el coste de afrontar las reformas profundas por el mal estado de las instalaciones, muy castigadas por la actividad hospitalaria y las continuas adaptaciones que tuvieron que realizarse, era prácticamente que disuasorio. De hecho proceso de rehabilitación de los pabellones se lleva a cabo desde 1969 a 1978 en varias fases. Para entonces el número de huérfanos de la minería, ya había disminuido, y las necesidades educativas e incluso sociales eran ya muy distintas. Era la etapa de la nacionalización y la concentración de las minas en Hunosa, del nacimiento de la Seguridad Social y del régimen especial de la minería. De la apertura y entrada de nueva tecnología y de las campañas de prevención de la salud laboral. Además, el nacimiento previo en 1946 de la Universidad Laboral de Gijón supuso de facto la reconversión y readaptación de aquel proyecto inicial para el Orfanato Minero de Oviedo. Cabe recordar que la Laboral nace en Somió-Gijón, tras un grave accidente minero en la comarca del Caudal que dejó varios muertos, como fundación benéfico-docente que llevaría el nombre de “José Antonio Girón”, el gran ministro de Trabajo de Franco, destinada a la “formación cultural, moral patriótica y profesional de niños huérfanos cuyos padres hayan sido víctimas de accidentes de trabajo en la minería”. Y la Laboral, con unas instalaciones punteras, fue la gran apuesta hasta convertirse en un gran referente formativo moderno, sin menos cabo de la labor desempeñada por el Orfanato en su sede de Oviedo, quizás menos ambiciosa en recursos, pero no menos trascendental por lo mucho que hicieron por miles de familias en los aspectos solidarios, formativos y educacionales.

Vista área del Orfanato Minero, hoy FUNDOMA en Oviedo.

Vinculados a la actividad del hospicio minero, también es importante recordar en este Álbum del Carbón las colonias escolares “de recreo, restablecimiento de salud y de educación no formal”, desarrolladas en Salinas, y también en León, en los enclaves de Pola de Gordón y Villamanín, desde 1931. La de Villamanín, con edificio propio, fue muy importante, y pese a la escasez de recursos, el Orfanato llegó a destinar desde agosto de 1942 fondos fijos para la construcción y sostenimiento de un edificio singular por el que durante muchos veranos han pasado miles de niños de las comarcas mineras. También en la Costa Asturiana se llevaron alguna iniciativa más de este tipo, en Santa María del Mar o Perlora, por citar algunas. Era el turismo de salud y refuerzo infantil, los primeros campus para los hijos de un tiempo en el que la pujante Sociedad Minera asturiana, con más de 30.000 empleos directos, soñaba con un mundo mejor.

Notas: 

En 1978 regresan al patronato del Orfanato los representantes de las centrales sindicales y de la Cámara Oficial Minera de Asturias, excluidos hasta entonces, por la modificación en el año 1941, del Real Decreto de 1929 sobre la composición y nombramientos del patronato.

En 1990 se acuerda actualizar la imagen del orfanato, aprobándose un cambio de nombre y de sus estatutos, inscribiendo a la institución en el Registro de Fundaciones con el nombre de FUNDOMA, Fundación Docente de Mineros Asturianos. Este proceso, concluido en 1991 inicia la nueva etapa de la institución, estrenándose en 1992 con la inauguración de la Residencia universitaria «Clavería». Para entonces, el nuevo FUNDOMA contaba ya con dos residencias infantiles y dos de enseñanzas medias.

Cada cierto tiempo, ex alumnos-as del Orfanato Minero suelen reunirse y realizar actividades de recuerdo y memoria del Centro, como una gran familia.

TEXTO: ALBERTO ARGÜELLES

FOTOS: ARCHIVO DEL MONTEPÍO DE LA MINERÍA