Los álbumes del carbón: los hermanos mineros franceses o «recordando a Germinal»

Los álbumes del carbón: los hermanos mineros franceses o "recordando a Germinal"

Los “freres miniers” franceses tuvieron más allá de la obra cumbre de Emile Zola una contribución importante sobre el resto de comarcas europeas, también en Asturias. Aunque ya fue en 2004 cuando en la región de Lorena Charbonnages puso el cierre a la última mina francesa, el país vecino ha comenzado a replantarse retomar su industria de carbón autóctono para tratar de romper su enorme dependencia de la energía nuclear y de la importada.

Más de una década después, aún existe en muchas comarcas de Francia, especialmente en el Norte y en la zona Este, en las que llegaron a trabajar más de 300.000 personas, un fuerte sentimiento y orgullo minero. En este reportaje les ofrecemos un resumen fotográfico de mineros franceses de distintas épocas, un testimonio llegado a nuestro archivo por mediación de un hijo de minero galo.

“Cada vez con más y más fuerza, como si estuviesen más cerca de la tierra, los compañeros mineros golpeaban en esta mañana juvenil. Bajo los ardientes rayos del astro, tal era el rumor que habitaba la tierra, que los hombres crecían, y un negro ejército vengador brotaba lentamente en los surcos y fructificaba para ser recogido en los siglos venideros; y aquella germinación pronto haría estallar la tierra.” GERMINAL

Los álbumes del carbón: los hermanos mineros franceses o "recordando a Germinal"

Así, con párrafos como éste, Emile Zola, uno de los escritores cumbres de la literatura francesa, convirtió a los primeros mineros industriales franceses del siglo XIX en un icono de la lucha proletaria, la de los obreros del carbón. Los mineros de Montsou, al norte de Francia, muy cerca de la también efervescente cuenca carbonífera belga, se convirtieron con estas páginas y la posterior película de Claude Berri (1993, con Gerard Depardieu el frente del elenco) en un referente de lucha por mejores condiciones de trabajo y de vida en las minas y sus comarcas.

Y también lo fue para los españoles, en un tiempo donde el carbón era el motor indispensable de la actividad económica e industrial en el primer mundo: De hecho, Manuel Llaneza, figura emblema de aquellos años como fundador del primer sindicato de gremio en España asociado a la UGT, comprendió y estudió con los mineros franceses las claves de la organización y lucha sindical, esquemas que a partir de 1910 serían el germen del centenario Sindicato Obrero de los Mineros de Asturias (SOMA).  Desde su exilio laboral en la Société des Mines de Liévin, a la que Manuel Llaneza (Lada 1879-1931),  llegaría vía comarca minera palentina, tras huir de las represalias sufridas tras “la Huelgona de 1906” en Fábrica de Mieres, el sindicalista minero establecería contacto con Émile Basly,  líder en Francia del sindicato reformista de orientación tradeunionista en la cuenca de Nord – Pas-de-Calais. Y Basly es la fuente de inspiración de Zola en esta gran novela de la literatura francesa universal.

Zola, que incluye una en Germinal una interesante historia sobre la fiebre del carbón entorno a Nord-Pas-de-Calais  y al polo industrial de Lille y sus comarcas (durante las huelgas llega a documentar hechos sociales entonces otrora nuevos, con el uso de mineros belgas como esquiroles) es puro realismo. Durante ocho días recorrió los poblados obreros de Anzin y Bruay, visitando en situ las minas de Denais, de la compañía Fox, conviviendo con mineros,  capataces e ingenieros, llamándole especialmente la atención Émile Basly, el líder de la huelga. De vuelta en París, Zola continuó siguiendo los acontecimientos a través de la prensa.

De aquellas notas surgió Germinal, y de aquellos acontecimientos, líneas de actuación que se repetirían en decenas de comarcas carboneras europeas. El vapor y la revolución industrial y tecnológica eran ya tan imparables como los cambios sociales que iban a producirse y que tan bien se conocen en Asturias.

Los álbumes del carbón: los hermanos mineros franceses o "recordando a Germinal"

Por eso al acercarnos a la minería francesa es imposible sustraerse a las raíces, pese al peso que también tuvo la minería inglesa, o, como no, la alemana, gran referencia en el contexto político y económico para la astur-leonesa desde la entrada de España en la Unión Europea. Y esta influencia no se quedó en el plano sindical, también empresarial y económico, con figuras como Nula Guilhou (Mazamet 1814-1890), o empresas como la Compagnie Minière et Mètallurgique de Asturies, pionera de Fábrica de Mieres, o Jaquet y Cía, fusionadas con Minas de María Luisa,

Pero Francia dejó de ser minera hace ya más de una década: La Mina de La Houve, en Lorena, echaba su cierre en abril de 2004, poco tiempo después de que la UE diera un balón de oxígeno a su industria de carbón autóctono, con la aprobación en Estrasburgo de un protocolo que hiciera legal las ayudas estatales de protección a su extracción, hasta entonces sustentadas bajo el histórico acuerdo embrión en suma de la primigenia Comunidad Económica Europea (el Tratado CECA). La Hunosa fracesa, denominada Charbonnages, había llegado a un acuerdo para el cierre con los sindicatos mineros franceses a cambio de medidas sociales con sus trabajadores y sus comarcas, compromisos de formación, reinserción laboral y reindustrialización de las zonas. Ya nada es lo mismo en algunos lugares, el impacto se nota y hay rasgos comunes a lo que vemos en las zonas mineras de España, aunque la situación es, en líneas generales, mejor gracias a un menor desempleo. Eso sí, y tal como pudo atestiguar un minero prejubilado asturiano recientemente en un viaje por la zona, “los hijos y nietos de mineros podrán ser camioneros, electricistas o panaderos, pero tienen un fuerte sentimiento de orgullo por sus raíces mineras”. Barrios, minas, castilletes, museos…el patrimonio industrial y la historia se conserva como señas de identidad.

Hace pocos meses, y al hilo de la fuerte dependencia energética de Europa, superior al 75% de zonas inestables de gas y petróleo, y de la búsqueda de nuevos recursos en el propio suelo (fracking, bolsas de gas…) Le Monde se preguntaba en portada “La France devra-t-elle rouvrir ses mines?”, o lo que es lo mismo a modo de reflexión gala “¿tendremos que reabrir las minas?. El mundo ecologista, que presiona contra el carbón, en Francia se han centrado en las centrales nucleares: ¾ de su generación procede de la nuclear, y, tras Fuckusima en Japón, el miedo sobre esta fuente se disparó. Alemania es la referencia y quiere apagar sus centrales en 2022. Y paralelamente, hace pocas semanas Alemania, en sentido inverso al de España, ha anunciado que mantendrá una extracción de carbón de 180 millones de toneladas a partir de 2019 con cerca de 15.000 trabajadores. Todo esto es lo que está haciendo reflexionar a Francia sobre su plan energético.

Pero volviendo a la historia minera de Francia, que se remonta a 1720 (región de Valenciennes), la pionera de Germinal, la del cierre total, y la del replanteamiento, por el medio existe una historia prolija que en los años 50 dio empleo a más de 300.000 personas. Era un tiempo en el que algunos mineros franceses recuerdan que los carteles de seguridad dentro de las minas tenían que ser traducidos a varios idiomas, incluso al árabe. En 1955 Francia produjo la friolera de 71 millones de toneladas de carbón. Aquel carbón, y el acero templado a fuego fue la base de la primera gran locomotora europea, la nacida tras la segunda guerra mundial, la que construyó una sociedad de bienestar que logró una amplia unión de países y que hoy, sin embargo, se resquebraja entre la globalización, la crisis y los intereses mercantiles.  Los mineros franceses, como la famosa canción asturiana alusiva  los mineros del pozu Fondón “todos gastamos boína / con un letreru que diz / todo sale de la mina”.

 La catástrofe de Courrières

Una de los rasgos comunes a todas las comarcas mineras, desgraciadamente, han sido las tragedias. La muerte en la mina, en el duro y oscuro trabajo en la profundidad de la Tierra, dejándose la piel por mitigar el hambre y dar un porvenir a la familia, ha generado una idiosincrasia propia. Los mineros franceses cuentan historias terribles. Pero una ha quedado grabada a fuego en la historia universal del carbón, la de catástrofe de Courrières (220 kms al norte de Paris, la segunda mayor tras la ocurrida en China en 1942, con 1.542 mineros). A las 6,35 de la mañana, del 10 de marzo de 1906 una terrible deflagración de grisú dejaba 1.099 muertos, muchos de ellos niños. Solo se salvaron 576 mineros. La explosión cerró las salidas y se juntó con un incendio previo interior en las capas que convirtió aquella mina en un infierno. Alguno de los mineros permaneció dentro del pozo más de 20 días, vagando en la oscuridad y comiendo carne de los caballos o mulas que trabajan en el interior. La fosa común de Billy-Montigny lo recuerda. Las protestas contra las medidas de seguridad terminaron abriendo una crisis en el sindicalismo minero francés entre los partidarios de Émile Basly, y el «Sindicato Joven», dirigido ya por Benoît Brotchoux. Frente a los mineros encolerizados, George Clemenceau, entonces ministro del interior, movilizó 30.000 oficiales y soldados y envió trece trenes con militares para controlar las revueltas. Hubo numerosas detenciones. El último superviviente de Courrières Honoré Couplet, falleció en 1977, a la edad de 91 años.

Este es un reportaje publicado en la Revista Montepío N75 (junio 2016) escrito por Alberto Argüelles, director de Comunicación de la Mutualidad