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La Brigada de Salvamento Minero de Asturias: los Ángeles del Carbón

La noticia del rescate del niño Julen en Totalán-Málaga, ha puesto en el primero plano de la actualidad a nuestros compañeros de la Brigada de Salvamento Minero de Asturias. Hace hoy un año justo, la Revista de nuestro Grupo les dedicó un extenso reportaje en la sección estrella dedicada a la memoria minera «Los álbumes del Carbón», a raíz de un encuentro entre ambas entidades emblemáticas dentro de la gran familia minera asturiana. Al hilo del interés general suscitado por esa noticia, consideramos bueno rescatar el texto para nuestra versión y redes digitales. La Brigada minera y su historia lo merecen, más que nunca, peleando por un futuro que ponga en valor todo lo mucho y bueno que ha aportado nuestro sector.

En los dos últimos siglos, la minería asturiana ha dado a la historia industrial española y europea, un número significativo de proyectos que han dejado una huella indeleble. En estos álbumes mineros de la REVISTA MONTEPÍO, hemos dedicado capítulos a buena parte de ellos, como la pionera mina de Arnao, la Asturiana Mining Company, la Fábrica de Mieres, Sociedad Hullera Española, la Mina La Camocha, Duro Felguera, Coto Musel, Solvay, Manuel Llaneza y el SOMA, los vales y economatos, la Huelgona del 62 y el nacimiento de las primeras Comisiones Obreras o la Universidad Laboral de Gijón… quedando profundizar en otras muchas, como las lámparas de mina “made in Asturias”, el Sanatorio Adaro o el Instituto Nacional de Silicosis, por citar otros emblemas de nuestra memoria colectiva. De todo ese mundo carbonero, tres conceptos han trascendido especialmente de manera consustancial, hasta definir buena parte de esa idiosincrasia minera: la solidaridad, la necesidad de lucha para la mejora de las condiciones de vida, laborales, de las familias y del hábitat obrero asturiano y un compromiso por encima de todo con el progreso y la justicia social. De ese tríptico de lucha, solidaridad y auxilio, nacieron tres entidades: el propio Montepío, como heredero de la primigenia actividad mutualista desarrollada por las decenas de plantillas mineras que desde el XIX existieron en Asturias, antes de la gran concentración de 1967 (nacimiento de Hunosa); el Orfanato Minero, reconocido como la Fundación Docente de Mineros Asturianos, a la que dedicamos hace escasos números artículos sobre su historia y su situación presente; y la Brigada de Salvamento, los llamados “Ángeles del carbón”, asignatura pendiente que abordamos en éste nuevo capítulo de Los álbumes del carbón.

Con 105 años de historia, la Brigada de Salvamento Minero es uno de los emblemas de la Asturias Solidaria, con reconocimientos y distinciones internacionales por su participación heroica como cuerpo especializado USAR en catástrofes de todo tipo, más allá de la mina; su conocimiento y valía exige un futuro más allá del carbón.

El pasado mes de septiembre, una delegación del Montepío encabezada por el presidente, Juan José Pulgar y los directivos, Ángel Orviz y Arsenio Díaz Marentes, visitaban las instalaciones de la Brigada de Salvamento Minero en el emblemático Pozu Fondón de Sama de Langreo. Recibía a la delegación mutualista el Jefe de la Brigada, Sergio Tuñón (43 años, Villallana). A sus espaldas recae hoy dar continuidad a 105 años de prolija historia, vinculada a esa solidaridad de mayor emergencia e impacto: la del auxilio urgente e inmediato a personas.

Labores de salvamento que en este siglo largo de existencia no han sido siempre para mineros, ni exclusivas en Asturias, ni siquiera en España, pues la laureada Brigada Minera, quizás poco lo saben, es un cuerpo especializado con la certificación mundial USAR (sistema Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres), lo que le ha llevado a participar en operativos de diversa índole a nivel internacional: terremotos, incendios, montaña, accidentes en túneles. Las paredes de la sede de la Brigada lo demuestran, con metopas, diplomas, placas, escudos… que dan fe de la excelsa colaboración del cuerpo minero asturiano por todo el mundo, fundamentalmente Europa y América. Y curiosamente, cuanto más mengua el peso del sector minero en nuestro país, su conocimiento, labor y destreza a pie de campo más es apreciado por otros colectivos y sociedades. Dos ejemplos recientes, uno en Asturias y otro en el País Vasco. Cogersa requirió los servicios de la Brigada para realizar una importante misión en el vertedero central de Asturias: una actuación que permitió ganar un gran volumen de espacio, muy necesario en Serín. En junio, el teléfono de la Brigada en Fondón también sonó para pedir ayuda: el Gobierno Vasco y la Ertzaintza precisaban consejo y apoyo técnico para tratar de evaluar la posibilidad de un rescate a un espeleólogo fallecido en una cueva en Galdames (Vizcaya).

Ya ha llovido mucho desde que el 26 de agosto de 1912, la Brigada realizó su primer rescate en el Pozu María Luisa de Langreo, enfrentándose a los efectos de una explosión de grisú, afortunadamente, sin víctimas.

Pero la necesidad de crear un cuerpo de élite en Asturias, especializado en rescates mineros, llevaba largo tiempo coleando. La mina de finales del XIX y principios del XX era cada jornada un campo de guerra, con decenas de accidentes o fallecimientos. Una elevada siniestralidad que había logrado que calase aquella frase de pleitesía la madre naturaleza y de aceptación del infortunio: ¿Quién no escuchó alguna vez en las Cuencas aquello de que la mina se cobraba de vez en cuando su tributo? Pero es lógico pensar que las autoridades mineras sintieran en algún momento la necesidad de equipar con medios adecuados a las cuadrillas de obreros que al instante acudían a socorrer a sus compañeros. Por aquel entonces, ninguna empresa minera disponía de personal especializado para actuar en los accidentes o emergencias que se producían en sus explotaciones. Cada explotación actuaba por su cuenta, con escasos medios, con lo que ello restaba.

Un poco de Historia: la necesidad del rescate minero

Tampoco existía un marco legal que obligara a las empresas mineras a contar con un equipo de salvamento bien formado y reglamentado, por lo que todo quedaba en el voluntarismo. No fue hasta 1897, cuando la reina María Cristina aprueba el Reglamento de Policía Minera, en el que se establecen las prescripciones de policía y seguridad en las explotaciones mineras. El Capítulo III, que se refiere a los Remedios para los accidentes, se apuntaba por primera vez: “Los explotadores están obligados a dotar a sus concesiones de medicamentos y medios para auxiliar pronto a los heridos, a  tener constantemente personal adiestrado en el uso de los aparatos de salvamento y a comprobar periódicamente el buen estado de los aparatos. Cada mina o grupo deberá contar con servicio sanitario y un Médico, por lo menos, que tenga su residencia dentro del radio de 10 kms., y tener una habitación convenientemente acondicionada para atender a la curación de los heridos, cuando su estado no consienta su traslación a otro punto”. El 21 de junio de 1902 se da un paso más con una Real Orden que obligaba a las empresas a disponer de equipos de respiración artificial y personal adiestrado. Y el 28 de enero de 1910, el rey D. Alfonso XIII aprueba el Reglamento provisional de la Policía Minera, con un artículo específico al Salvamento Minero y las exigencias que deben cumplir las Estaciones de salvamento, acotando el radio a 4 kms, y obligando a disponer de aparatos respiratorios portátiles que permitan penetrar en una atmósfera irrespirable”.

El avance legislativo en España no fue casual. Europa entera había quedado helada en marzo de 1906, cuando en la Mina de Courrières, una explotación situada en Lens (Francia) en la frontera con Alemania, se produciría la mayor tragedia minera registrada: una terrible explosión de grisú segaría la vida de 1.099 mineros. Entre los que salvaron la vida, algunos de ellos, habían permanecido días, incluso una semana, vagando dentro de la mina, sin encontrar salida ni ayuda, pese a que decenas de mineros alemanes habían saltado el paso fronterizo francés para acudir en socorro de sus compañeros galos.

En Asturias, fue Duro Felguera quien toma la iniciativa para crear un servicio propio de rescate, que serviría de apoyo en caso de que las brigadillas asignadas en cada una de sus minas requiriesen apoyo extra, fundamentalmente en atmósferas impuras. Es entonces cuando en el resto de empresas mineras surge la idea de unificar sus precarias brigadas, esperando que una coordinación de las mismas resultase más eficiente, pudiendo en la suma dotarse de mejores medios de salvamento, por lo que deciden unificarse con la ya habilitada por Duro Felguera.

Es en 1911 cuando se lleva a cabo el primer paso para la Constitución de la Brigada de Salvamento Minero Asturiano sumándose a Duro, Carbones de la Nueva, Coto del Musel, Minas de Langreo y Siero, Elorduy y Díaz Caneja. Y es el día 1 de enero de 1912 cuando se realiza la primera sesión de prácticas con un equipo formado por un Facultativo y cinco mineros de 1ª. La Dirección corre a cargo de D. Manuel Sancho, Ingeniero de Minas y Director Técnico de Duro Felguera. La primera Estación Central de Salvamento elige un posicionamiento estratégico, el Hospital de Duro Felguera, más tarde conocido como Sanatorio Adaro de Sama de Langreo. Disponía de 5 equipos de protección respiratoria de 2 horas de autonomía, 3 pulmotores, 3 inhaladores, 2 camillas con inhalador y un equipo de protección respiratoria de manguera y fuelle.

El 20 de Mayo de 1914, la Brigada realiza su primera misión complicada, con el rescate de mineros en el María Luisa, donde una explosión de grisú causó la muerte a 4 obreros y dejó gravemente herido a otro. En 1920 la Brigada ya contaba con un presupuesto propio de 150.000 pesetas de la época. Con unos gastos fijos mensuales de 4.000 pesetas, siendo obligatorio para estar en la Brigada de Salvamento ser un Minero de Primero, con experiencia y valía contrastada, que demostrase pleno rendimiento en las labores de interior y habilidades en el uso del material de rescate, que sería escogido y abundante.

Desde entonces la Brigada, ha realizado cientos y cientos de intervenciones. Los brigadistas se dividen en dos retenes de 10 efectivos cada uno, de manera que cada retén alterna un mes en la Brigada y otro en la mina (tiempo durante el cuál los brigadistas desarrollan las tareas propias de sus categorías laborales en sus respectivos centros de trabajo). En caso de necesidad se incorpora a la unidad todo el personal, pudiendo así contar con un máximo de 20 brigadistas. Hoy día, la Asociación de Salvamento en la Minas está integrada por la administración del Principado de Asturias y las siguientes empresas: Hulleras del Norte S.A. (HUNOSA), Carbonar, S.A., Minersa Group y Kinbaury España, S.A., siendo la primera, la que aporta el personal y las instalaciones. La Brigada, que cuenta con un acuerdo de colaboración con el Servicio de Emergencias del Principado de Asturias, trasfiere sus conocimientos en los rescates en espacios confinados más allá de la minería, alcanzando a todos los cuerpos de emergencia que deben operar en ellos: los puntos fuertes son las técnicas de rescate en espacios angostos con los medios habituales utilizados en la minería, y sobre todo, el uso y entrenamiento del equipo de respiración autónoma en circuito cerrado, logrando tiempos de intervención de unas 4 horas en ambiente irrespirable y/o explosivo.

Como ejemplos destacables figura su heroica intervención en septiembre de 1978 en el túnel ferroviario de Congostinas,  en Pajares, cuando se incendió un convoy formado por dos máquinas y 13 cisternas de gasolina y gasoil. Accidente en el que fallecieron 7 personas. También en otros dos incendios: en 2007, en la cinta transportadora del lavadero de Modesta, en Langreo. El fuego originado generó una nube de monóxido de carbono que intoxicó a 140 personas y obligó a desalojar de sus casas a más de 700 personas Y en 2010, en el  túnel del Lote VII  de las obras de la variante de Pajares, actuando conjuntamente con el cuerpo de Bomberos del Principado de Asturias. A nivel internacional, cabe destacar el asesoramiento en el rescate de los cadáveres de 65 mineros sepultados en la mina Pasta de Conchos, (Coahuila, México).

La Brigada en el alambre: morir con el cierre de la minería o diversificar su futuro como cuerpo de élite

En el año 2000, después de algunos duros accidentes de los sufridos en la minería asturiana antes de la última gran reconversión (en concreto estos en Nicolasa y Montsacro),  uno de los últimos Jefes de la Brigada, Jesús Ángel Sierra, manifestaba en los medios: “El dolor que hay detrás de cada accidente minero lo empaña todo. Nos queda el apoyo de los compañeros, el agradecimiento de las familias. La satisfacción personal del deber cumplido frente al riesgo”.

“Ciertamente, cuando se requieren nuestros servicios es porque algo grave ha ocurrido en la mina”, comenta el Jefe actual, Sergio Tuñón, ingeniero de Minas de profesión, está convencido de que ese “más de un siglo de historia y de conocimiento acumulado en el trabajo en pozos, túneles, cuevas… en catástrofes de todo tipo no pueden echarse a perder por el fin del sector minero en España”. Y su posición es clara y abierta: “Si Asturias trabaja para ello, contamos con un equipo de élite para intervenir con garantías ante cualquier contingencia en 20 años”. En la conversación subyace una cierta preocupación a que no se sepa dar luz al  proyecto más allá de la actividad minera. A ser eficaces en poner en valor ese evidente “how know” (conocimiento aplicado) tan importante hoy en día en cualquier campo.

La visita al corazón de la Brigada que propició este reportaje estuvo guiada también por Santiago Berjano Serrano, director del Servicio de Seguridad Minera de la Consejería de Industria del Principado, y por su cargo en la Administración regional, Vicepresidente de la ASM, quien nos explica que  “Asturias debe fijarse en lo que Inglaterra hizo con su Brigada: su minería cerró pero su Cuerpo de Salvamento ha seguido trabajando y no solo sobre explotaciones cerradas o catástrofes en entornos similares, sino diversificando su actividad, hasta llegar a un acuerdo con Puertos para operar en las revisiones de los tanques de los buques mercantes. Es una necedad perder un servicio público puntero y de élite como éste, con funciones más que necesarias en nuestra sociedad”.

Casi un siglo después, la Brigada es reconocida como uno de los mejores cuerpos de socorro laboral de Europa, formado por trabajadores solidarios, acostumbrados a la difícil labor de rescatar, en las condiciones más adversas, a compañeros cuyas vidas corren peligro o que se han perdido para siempre en la profunda oscuridad de la mina. En 2007 el Gobierno de España les concedió la Medalla de Oro, con Distintivo Azul, al Mérito de la Protección Civil en España. Antes, en 1972 ya habían recibido la Medalla de Oro por el Mérito en el Trabajo, en  1990 la Medalla de Plata del Principado de Asturias y en 2005 la de Plata de la Cruz Roja.

Texto de ALBERTO ARGÜELLES, Director de Comunicación del GRUPO MONTEPÍO, publicado en la REVISTA MONTEPÍO Nº79 de Enero de 2018

Video realizado para inmortalizar la jornada de convivencia Montepío-Brigada de Salvamento