Psicología de Familia, por Ana Menéndez / La pregunta sin respuesta

A veces en la vida pasan cosas y no siempre son de nuestro agrado.  Pueden venir en forma de un despido, una ruina económica, un incendio, una enfermedad propia o de alguien cercano y querido, nuestra pareja nos abandona o nos es infiel; en ocasiones es la muerte de un familiar o un accidente. ¡Pasan tantas cosas en la vida!.  

Quizá nuestros hijos no son lo que queríamos que fuesen o nuestros padres no nos han tratado como deberían. O tenemos que tomar alguna decisión que implica un cambio importante para nosotros o para toda la familia, empujados por las circunstancias. Normalmente un acontecimiento así se torna especialmente intenso cuando a quien le pasa algo es a uno de nuestros niños.

Abrumados entre el dolor, la sensación de impotencia y la pérdida nos preguntamos: ¿Por qué?  ¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora?. O nos decimos cosas como “es injusto”; y entonces nos enfadamos con Dios, con la vida, con quien sea… Y perdemos la alegría, las ganas de vivir y la fuerza. Le volvemos la espalda a lo que nos pasa, intentamos olvidar, no pensar, no recordar.

Hay quienes en esos momentos se refugian en el alcohol, en las drogas, en el sexo, en… cualquier cosa con tal de dejar de sentir aunque sea 5 minutos ese sufrimiento que nos abruma y que, en ocasiones, nos desborda.

Quizá durante un tiempo darle vueltas, preguntarse porqué y todo eso puede estar bien, quizá no podemos evitarlo y nos es útil para adaptarnos al cambio que el acontecimiento provocó pero eso no invalida el hecho de que son maneras de resistirnos a lo que nos pasa, no aceptarlo y no querer vivirlo.

Lo siento, pero es demasiado tarde, ya está aquí y nuestros porqués no tienen respuesta; nunca vamos a saber ni porqué yo, ni por qué a mí, ni podremos cambiar nuestra vida por la de otra persona a la que, aparentemente, todo le va bien.

Y sí, puede parecer injusto. Y sí, duele. Y desde luego, ojalá nunca nos hubiera pasado.

Pero está aquí, mirar hacia otro lado no lo va a hacer desparecer. Y quedarnos ahí, dándole vueltas a los porque, a lo injusto que es o refugiarnos en esas formas de evasión que aún lo empeora más.

¿Qué podemos hacer entonces? El primer paso, desde luego, es aceptar de verdad lo que nos pasa, aceptarlo dentro y aprender a vivir con ello. Si es algo que requiere encontrar soluciones, si no lo aceptamos no seremos capaces de resolver de la manera mejor y más correcta. Si lo que pasa es un cambio inevitable, entonces aceptarlo nos permitirá encontrar el modo de vivir con la pérdida o la nueva circunstancia que lo que haya pasado nos deja. Si ha sido alguien quien nos ha herido, aceptarlo nos permitirá ser capaces de perdonar y eso hará, no que olvidemos, pero sí al menos que retomemos la vida.

Porque amigos, resistirse y preguntarse “¿por qué?” durante demasiado tiempo, no hace otra cosa que impedirnos ver lo que sí funciona ya en nuestra vida.

Así que aprende a aceptar, pide ayuda si la necesitas, resuelve y encuentra de nuevo a tu manera el modo de volver a sonreír, incluso a través de las lágrimas.

Sé de lo que hablo y os garantizo que sí se puede.

ANA MENÉNDEZ es psicóloga sanitaria, especialista en emergencias, crisis y cuidados al final de la vida. Profesional en la Residencia de Mayores de Felechosa-Grupo Montepío

“Objetivo uno: ayudar a la gente a ser más feliz”