La minería del mercurio: un acercamiento a una terrible historia para cientos de trabajadores

Asturias destacó durante décadas en la producción del azogue, un mineral que provocó terribles secuelas en la salud de cientos de trabajadores que desempeñaron labores desde mediados del siglo XIX, hasta los años 70 del pasado siglo, en minas como La Peña de Mieres (La Unión o El Porvenir), El Terrronal (en el valle mierense de San Tirso) o La Soterraña, en Lena, que todavía tiene en ejecución proyecto de descontaminación de sus suelos, en la Sierra del Aramo. España siguió la producción de mercurio en lugares como Asturias o Almadén a sabiendas de las consecuencias para la salud de los trabajadores, muchos murieron jóvenes, cuando países como Japón ya las habían prohibido y documentado sus razones a nivel nacional.
Como venimos haciendo desde la tematización de nuestro #CalendarioMontepío -dedicado en 2022 a #OtrasMinerías ⚒ (distintas al carbón)-  dedicamos algunas de las láminas a las minas de mercurio y cinabrio asturianas. Por ejemplo, la de abril, de 1910.
En concreto, la mina de esta primera imagen estaba ubicada en el extrarradio de Mieres del Camín, en la zona conocida como La Peña (enlace de la travesía local con la N-630, en zona de confluencias entre A-66 y la Minera AS-1).
 
‍ El dato: En el momento de la imagen, la explotación operaba bajo el nombre de La Unión, pero en la zona y en ese yacimiento existió antes (en 1842) la compañía El Porvenir «dedicada al beneficio del azogue; y reorganizada en 1859, con domicilio social en Madrid y que en la actualidad (dice el legajo, de 1897, al que tuvimos acceso, titulado Minas y Metalurgia del Azogue) explota minas en La Peña y La Esperanza y tiene en mente otras de carbón en los valles del Miñera y de Cenera. El Valle donde esta asentada la fábrica es El Terronal».
 
La foto es de Rómulo Álvarez, y fue digitalizada y conservada por el Archivo de la Biblioteca Pública de Mieres, a la que agradecemos su aportación a través del Blog de facebook «Mieres, antes y ahora».
 
Acompañamos la principal con otras tres, la primera (por la izquierda, de 1905) con un texto y datación. La segunda, también de Rómulo Álvarez, de los tajos, en 1910. Y otra más «moderna» de 1950, cuando el mercurio aún seguía explotándose, pese a las terribles consecuencias que arrojaba para la salud de los trabajadores.

+ Apuntes históricos

Las minas de cinabrio de La Peña (Mieres) fueron explotadas durante más de 150 años, hasta el cierre de las mismas, a principios de los años 70.
Constituían el segundo mayor yacimiento de España, después de Almadén. Formaban un buen número de galerías, planos inclinados y pozos interiores, que se continuaban en explotación con los tres pozos verticales en esta zona (La Unión, La eña y Esperanza o Terronal).
 
Aunque gran parte de las mismas son difíciles de localizar por estar tapadas por la maleza, cegadas o hundidas, explorando la ladera del monte aún es posible encontrar algunas en las que adentrarse y sacar algunos ejemplares de cinabrio.
 
En 1844 Guillermo Shultz hace el primer trabajo de campo y sospecha de que en época romana pudiera haber habido algún tipo de actividad minera en la zona. Las primeras concesiones datan de 1869, por las firmas El Porvenir y La Unión Asturiana. En 1872 comenzaron los trabajos de profundización de las minas de mercurio de la zona de La Peña por parte de la cía. La Unión Asturiana, creando el Pozo La Unión, sobre las concesiones Asturiana (nº 258) y Confianza (nº 408), instalando para ello un sencillo castillete, movido por un malacate, que alcanzó la segunda planta, a 17 metros del brocal del pozo. En la planta de tratamiento que la empresa tenía en La Peña había en funcionamiento 4 hornos tipo Idria y 2 de Bustamante, además de dos muflas sistema Rodríguez.
 
La actividad se abandonaría en 1918, siendo arrendadas sus minas e instalaciones metalúrgicas en 1930 a un particular, quien se dedicó a beneficiar las escombreras hasta 1934. Cabe destacar que en 1907 la firma que opera lo hace como The Porvenir Mercury Ltd, para convertirse en 1909 en The Oviedo Mercury Mines Ltd. Sus pertenencias fueron posteriormente adquiridas por la sociedad Herrero y Compañía, y finalmente, a partir de 1947, por la Astur Belga de Minas.
 
En 1940, tras la Guerra, se habían retomado con el nombre de Rosario. En 1954, la empresa Minas de la Soterraña S.A. pasaría a hacerse cargo de la concesión desaguando la mina y recuperando las labores y el pozo, que reprofundizó hasta los 380 metros, equipándolo entre 1968 y 1970 con un moderno castillete metálico en sustitución del anterior. La crisis del mercurio de los años 70 obligaría en 1974 al cierre de la explotación, dejando atrás un buen número de un buen número de galerías (La Clave, La Rampla, La Arniella, El Ruciu, Los Janos, El Llano, etc), traviesas, chimeneas y testeros. En 1982 se selló el pozo tras el desmontaje del castillete, que fue vendido a una empresa carbonífera de El Bierzo, en León.
 
En la actualidad únicamente se mantiene en pie el edificio de la máquina de extracción, convertido en un taller mecánico para automóviles, y los restos del cargadero junto a la carretera AS-242, tal y como registra el ✏ Blog Mineralogía Topográfica Ibérica, de cuyas fuentes hemos bebido para esta documentación y felicitamos por su magnífico trabajo documental.
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En las publicaciones que hemos ido realizando a lo largo de 2022 sobre el #CalendarioMontepío  dedicado este año a #OtrasMinerías (distintas al carbón). Reparamos en más láminas, como la segunda, que dividimos en cuatro partes, para estas tantas imágenes dedicadas a la (peligrosísima) minería de mercurio, que en Asturias tuvo varias explotaciones reseñables, como La Soterraña, en el Aramo-Lena o El Tarronal y La Peña, en Mieres, a las que corresponden estas imágenes de archivo gran valor histórico, realizadas por Rómulo Álvarez aprox en 1910 y que fueron catalogadas por la Biblioteca Pública de Mieres, a la que agradecemos su labor, y a Carlos Díaz Marcos de Mieres antes y ahora por su divulgación previa.
Foto de 1910, en la mina de La Peña de Mieres.
También llamado azogue, el mercurio es líquido a temperatura ambiente y se evapora rápidamente. No se puede ni crear ni destruir. Una vez liberado en la atmósfera, mantiene la sospechosa distinción de ser capaz de transportarse miles de kilómetros, ya sea por aire, tierra u organismos vivos. Se concentra según sube en la cadena alimenticia, finalmente se acumula a niveles perjudiciales en los mayores depredadores y en los humanos que se los comen. Mientras que la contaminación por mercurio en la hidrosfera (el sistema de agua mundial) se puede contener (como tuvo que hacerse para llevar a cabo el primer tramo de la Autovía Minera AS1 Mieres-Alto San Tirso, la contaminación del aire actualmente es imposible de controlar.
En Asturias hay constancia de su explotación por los romanos, así como en la Edad Media y los siglos XVI y XVII. Sin embargo, el gran desarrollo de esta minería comenzó a partir de 1840, sobre todo en las zonas de Mieres y Pola de Lena. En León hubo minas notables Miñera de Luna, también con vestigios de explotación romanos, así como en los alrededores de Riaño y el puerto de Tarna. Las minas leonesas tuvieron menos continuidad en su explotación.
La minería del mercurio tuvo mucha menos relevancia social y no tuvo el desarrollo de las de carbón, aunque la producción de éstas últimas nunca llegaron a la producción global de las de mercurio. En la década de 1960 la producción de mercurio en Asturias y León llegó a superar los 11.000 frascos, por lo que, contando la producción de las minas de Almadén (Ciudad Real), Asturias y León llegaron a ser los sextos productores de mercurio del mundo occidental.
El mercurio se utilizaba para producir sosa caústica y en una de esas plantas en Japón se produjo una fuga en 1972 que contaminó el mar. El mercurio llegó a los seres humanos a través del pescado. El mercurio como metal no es contaminante, lo más tóxico son sus vapores, que se producen al quemar el metal (contenido muchas veces en el carbón). Sin embargo, en la minería del mercurio no existían grandes riesgos de contaminación, aunque sí había enfermedades específicas al igual que ocurría con la de carbón con la silicosis. Hace unos años todos utilizábamos la popular mercromina, un derivado del mercurio, para curar las heridas. Sin embargo, la alarma social sobre sus efectos contaminantes hicieron que las industrias sustituyeran el mercurio. Hoy día casi no se produce más mercurio, sino que se reutiliza el existente.
Sobre estas fotos y minas concretas, las de La Peña en Mieres, indicar que las minas de cinabrio de La Peña (Mieres) fueron explotadas durante más de 150 años, hasta el cierre de las mismas, a principios de los años 70. Constituían el segundo mayor yacimiento de España, después de Almadén. Formaban un buen número de galerías, planos inclinados y pozos interiores, que se continuaban -como reseñamos al principio- en explotación con los tres pozos verticales en esta zona (La Unión, La Peña y el pozu Esperanza o Terronal).
Aunque gran parte de las mismas son difíciles de localizar por estar tapadas por la maleza, cegadas o hundidas, explorando la ladera del monte aún es posible encontrar algunas en las que adentrarse y sacar algunos ejemplares de cinabrio.
En otras publicaciones relativas a este calendario y al mercurio profundizaremos en la historia de las compañías y empleados que operaron en estas minas y de las consecuencias del azogue.
⚒Fuente: una parte sustancial de esta información fue extraída de Carlos Luque Cabal, historiador de la Universidad de Oviedo experto en minería de mercurio en la Cordillera Cantábrica.
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En la lámina de Marzo del  #CalendarioMontepío2022, dedicado en esta edición a #OtrasMinerías ⚒ (distintas al carbón) está compuesta por dos fotos verticales, cedidas para este trabajo por el Archivo Histórico Minero y el blog «Mieres, antes y ahora», sobre la antigua mina de mercurio de El Terronal (o Tarronal, que encontramos ambas denominaciones). Como todas las minas de mercurio, la del Terronal estuvo marcada por las consecuencias para la salud de los trabajadores y el impacto medioambiental causada por esta actividad. En los 28 años en que estuvo en marcha la explotación trabajaron 800 mineros, de los que menos de 10 continúan vivos. Fueron centenares de trabajadores los que murieron víctimas de la contaminación y los que sobrevivieron trabajaron poco tiempo allí.
Como contaría el documentalista asturiano Luis Miguel Capellín en el doc «Morir en El Tarronal» -pueden verlo en Youtube- dedicado a este asunto «la sociedad asturiana, que tanto debe a la minería del carbón, desconoce sin embargo casi todo de esta otra actividad que, a mediados del pasado siglo, situó a nuestra región como uno de los lugares más importantes del mundo en la extracción de mercurio; la dictadura de Franco posibilitó esa extracción cuando países como Japón o Canadá ya la habían descartado por los altos riegos de contaminación». Y añade: «Los trabajadores de las minas de mercurio son los grandes olvidados y los grandes perjudicados de la historia de Asturias».
La explotación de la mina pasó por distintas etapas, desde el siglo XIX, vinculada a la mina situada más abajo, en La Peña, cuyas instalaciones son visibles en una rotonda que conecta con la vieja N-630 y el polígono de Fábrica de Mieres, siendo la principal etapa en volumen desde 1946 hasta 1974. La historia de los mineros de El Tarronal es dramática y poco conocida, por lo que es necesario contarla al igual que otras que siguen ocultas. La contaminación nos volvió con el tiempo: las obras de construcción de la Autovía Minera AS-1 -inicio de los fondos mineros, gobierno en Asturias de Sergio Marqués, se vieron paralizadas en el primer tramo, entre La Peña y los túneles de San Tirso, precisamente por la fuerte contaminación de la zona y la necesidad de actuar en todas las bajantes hídricas y terreno colindante con esta mina.
La actividad minera en esta zona se inició en 1840 con el cinabrio y cesó en 1973, siendo ya el mercurio su objetivo extractivo principal. Como en el caso de La Soterraña, por causas económicas y el impacto sobre la salud de los trabajadores y la contaminación medioambiental. En varios países llegó a ilegalizarse por ello esta actividad. Fue explotada por la Sociedad Minera la Fraternidad, Sociedad el Porvenir, The Oviedo Mercury Mines y Sociedad Astur Belga de Minas.
El conjunto del Pozo El Terronal está compuesto por Castillete y socavón del Pozo Esperanza, Chimenea y canal de evacuación de humos. La descontaminación de esta zona se llevó a cabo a comienzos de este siglo, condicionando el inicio de las obras de construcción del tramo Mieres-Langreo de la Autovía Minera AS1, una de las obras estrella de los fondos mineros.
Junto a la lámina principal, recogemos algunas más, con fotos antiguas de la instalación en su apogeo, de trabajadores, de cinabrio y del estado actual. Sumamos en los créditos a los fotógraf@s David Castro, María Gancedo y Eduardo Urdangaray (a través del Archivo Histórico Minero, con fotos de las instalaciones vinculadas al mercurio en la zona): A ellos muchas #GRACIAS por su colaboración y aportación.
Para saber más sobre el impacto que generó la minería de mercurio en nuestro territorio -desde socioeconómico a cultural, pasando por el medioambiente y sobre todo la salud: el azogue, el tremor… palabras que aún estremecen. Inquietos documentalistas asturianos como Luis Felipe Capellín o Alberto Vázquez, realizaron hace unos años trabajos concretos sobre las minas de mercurio en las Cuencas, con tres instalaciones destacadas: Soterraña-Lena y La Peña y El Tarronal en Mieres. Sobre estas últimas, encontramos en youtube este corto de Alberto Vázquez que centra el asunto.
En sus trabajos, Capellín afirma: «Los mineros del mercurio son los grandes olvidados». El Tarronal estuvo en funcionamiento 28 años, llegando a contar con 800 mineros, de los que menos de 10 continúan vivos. Fueron centenares de trabajadores los que murieron víctimas de la contaminación. Los sobrevivieron fue porque trabajaron poco tiempo.
L̶a̶ ̶t̶e̶r̶r̶i̶b̶l̶e̶ ̶h̶i̶s̶t̶o̶r̶i̶a̶ ̶d̶e̶ ̶l̶a̶ ̶m̶i̶n̶e̶r̶í̶a̶ ̶d̶e̶l̶ ̶m̶e̶r̶c̶u̶r̶i̶o̶ ̶e̶n̶ ̶A̶s̶t̶u̶r̶i̶a̶s̶ ̶
La sociedad asturiana, que tanto debe a la minería del carbón, desconoce esta otra actividad, cuando, sin embargo, Asturias fue de los lugares más importantes del mundo en la extracción de mercurio. Capellín vinculó esa circunstancia con la dictadura de Franco «que posibilitaba esa extracción cuando países como Japón o Canadá la habían descartado porque ya conociían sus efectos y los altos riegos de contaminación», que quedaron patentes cuando se realizó el primer tramo de la Autovía Minera, entre Mieres y Gijón, a la altura de La Peña.
El documental cuenta una historia de otros mineros distintos a los del carbón, desde 1946 hasta 1974: «Aquí nos robaron la historia de una manera tremenda y hay que contarla de verdad; el recuerdo de los héroes que lo dieron todo para evitar la manipulación y el olvido», manifestó Capellín al presentar su trabajo. Es de justicia que se sepa.
Más vídeos sobre El Terronal:

La Soterraña-Miñón Cimero

Díce la web de Patrimoniu Industrial de Asturias, que nuestra Comunidad fue el segundo productor español de mercurio después de Almadén. Su beneficio se remonta a la época romana como testimonia la existencia de galerías y pozos atribuidos a ese tiempo. Las minas contenían, además de mercurio, arsénico. Estas explotaciones de mercurio están localizadas a unos 5 km al Noroeste de Pola de Lena, siendo objeto de extracción intermitente desde 1845 hasta comienzos de la década de los setenta del pasado siglo.

Las denuncias mineras iniciales en la zona (unas 40) tuvieron lugar entre 1844 y 1854, y sus principales responsables fueron las empresas Anglo-Asturiana, El Porvenir, La Constancia y La Concordia. Iniciaron la actividad minera una empresa asturiana, La Concordia de Mieres, y otra inglesa, Asturian Mining Company. A partir de 1848 se constituye la Sociedad Minas de la Soterraña y se establecieron sistemas de laboreo y metalúrgicos modernos.

La principal asociación mineral comprende cinabrio (sulfuro de mercurio), rejalgar (sulfuro de arsénico) y, en mucha menor proporción, oropimente (otro sulfuro arsenical). Aparece en masas irregulares de calcita encajadas en niveles carbonatados del Carbonífero (Grupo Lena), generalmente ricos en materia orgánica o carbonosa. Las mayores concentraciones aparecen en las calizas más afectadas por la tectónica, o cuando impregnan un nivel de carbón situado al muro de uno de los tramos calcáreos. Acompañan a los sulfuros mencionados otros de hierro (pirita y marcasita).

En estos yacimientos lenenses se hallan elevadas cuantías de mercurio y, en menor grado, de arsénico, que impurificaron tanto los suelos como el agua, la vegetación y el aire. Desde el laboreo y el consiguiente tratamiento metalúrgico de este tipo de menas ha existido una palpable inquietud dadas las secuelas que se derivaban de los mismos, pues además de los daños humanos ocurridos por hidrargirismo, esta actividad industrial produjo frecuentes perjuicios en el perímetro de las explotaciones, entre los que cabe resaltar la acumulación de estériles nocivos en las escombreras, degradación de los suelos, merma en la calidad de las aguas, menoscabo de la biodiversidad, delatadores impactos visuales, etc., y que aún no se han corregido.

Fuente: Patrimoniu Industrial de Asturias y Carlos Luque Cabal y Manuel Gutiérrez Claverol

Primera plantilla de personal de hornos de Mina La Soterraña en 1949

Recipientes de condensación construidos en La Soterraña hacia 1950

Reportaje elaborado por el Director de Comunicación del Montepío de la Minería Asturiana, Alberto Argüelles, recurriendo a diversas fuentes documentales.

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«El puente de Julio», texto presentación del libro «La minería del carbón en Cangas del Narcea»

El profesor de Historia y Máster en Historia y Análisis Sociocultural por la Universidad de Oviedo y Mutualista del Montepío de la Minería Asturiana, Alfonso López Alfonso, oficio el sábado 7 de mayo de 2022 en la Feria del Libro de Cangas del Narcea (2ª edición) como prologuista del libro 📚 «La minería del carbón en Cangas del Narcea», una obra del ingeniero Enrique Rodríguez García, que, por su valor documental e interés, resulta clave para contextualizar la importacia del sector en el Suroccidente asturiano. Lo titulo «El puente de Julio». Lo reproducimos textual:

«Si la envidia sana existe creo que es legítimo admitir que siento una profunda envidia de Enrique Rodríguez García. Y quizá, claro, la envidia sana no exista.

Moncóu, de donde yo procedo, dentro del Río Rengos, es un lugar centenario, milenario quizá, en el que desde los años cincuenta del siglo XX los cambios fundamentales se produjeron en torno a la mina. Mineros eran muchos de los hombres del pueblo que pertenecían a la generación de mi abuelo Valeriano, nacidos en torno a la década de 1910, y mineros eran todos los de la generación de mi padre, nacidos en los años de la Guerra Civil o en la inmediata posguerra. Eran lo que se conoce en la bibliografía del centro de Asturias, donde el tema está más estudiado, como mineros mixtos, es decir, que compatibilizaban su labor en el mundo sumergido con el cuidado de la casa y el ganado. Mineros fueron también todos los hombres del pueblo de la edad de mis hermanos mayores. Mineros fueron, por tanto, mi padre, mis hermanos y mis cuñados. Por el contrario, las únicas minas que yo conozco son aquellas visitadas como elementos esencialmente lúdicos, como el pozo San Luis, por ejemplo, en el valle de Samuño, muy próximo a Ciaño, en Langreo. Y sin embargo no sabría explicarme sin la mina. Desde la cuna me hizo la mina ser quien soy y me dio buena parte de la formación que tengo, puesto que pasé diez años en el Orfanato de Mineros Asturianos (después FUNDOMA) en la suave ladera de Fitoria, próxima al monte Naranco de Oviedo. Luego fueron las becas proporcionadas por los Fondos Mineros las que me permitieron en buena medida seguir estudiando cuando llegué a la Universidad. Siendo el origen de mi mundo ese entorno y teniendo cierta vocación de escritor –aunque sea de escritor fracasado, que siempre tiene algo de glamur- es normal que sienta ahora cargo de conciencia por no haber sido yo quien dé forma al primer libro que se ha hecho sobre la minería en nuestro concejo. Pero qué le vamos a hacer, otro con más experiencia directa sobre la mina e infinitamente más conocimientos de los que yo tengo sobre el asunto se ha encargado de poner la primera piedra en nuestra bibliografía minera. Esperemos que no sea la última en este mundo declinante de la minería y la demografía canguesas.

Imágenes de Mina Carbonar en 2016, del Parque de Carbones y Lavadero en Vega de Rengos, del Archivo Histórico Minero, entidad colaboradora con el Montepío.

El libro de Enrique es técnico, es uno de esos libros en los que hablan los datos, bien hilvanados y elaborados. Uno de esos libros necesarios para que vengamos después quienes tenemos alma de poetas a construir nuestros inútiles discursos subiéndonos a sus hombros. La sentimentalidad ha de crecer sobre un terreno previamente abonado; no se puede hacer pan si no sembramos primero el trigo. Es un libro técnico, como digo, pero con algunos detalles que lo harán emocionalmente perdurable porque está escrito contra el olvido. Nos dice Enrique que “si pudiéramos sacar de las profundidades de las montañas la estructura de una mina de Rengos, y ponerla encima de la tierra, veríamos una inmensa obra de ingeniería, hecha por mineros con muchos años de preparación, que hicieron un trabajo muy especializado”.

Enrique fue ingeniero técnico en la empresa CARBONAR y hace valer su mundo. No cabe duda de que la mina ha sido una parte fundamental de su existencia, pero al mismo tiempo hay en el libro detalles que conmueven por su calidad humana y por la verdad acerca de la minería que, quizá de forma inconsciente, entrañan. Orgulloso de su oficio, durante la preparación del libro Enrique llevó a sus hijos de excursión a visitar las antiguas explotaciones mineras del Río de Rengos, a intentar que contemplaran, y son sus palabras, aquellos trabajos y aquellas estructuras que se desarrollaron “enterradas a varios cientos de metros de profundidad en el interior de la montaña”, pero que una vez que se cierran las minas “queda todo inundado, no pudiendo preservar para el futuro todas estas labores que se construyeron durante tantos años de explotación”. Y añade: “Si a un profano hoy lo llevamos a visitar la zona de las minas cerradas de Antracitas de Gillón y le intentamos explicar lo que ocurrió allí durante tantos años no lo entendería, sería difícil convencerlo de que en los tiempos de mayor actividad de esta mina había 1.150 personas trabajando diariamente en la zona, la mayoría bajo tierra. Además también le diríamos que había una flota importante de camiones transportando el carbón, tolvas, aseos, oficinas, vías de tren, kilómetros de túneles, centros de transformación eléctrica, etc.”

Da la impresión de que, de forma implícita, Enrique también reconoce que la mina, en relación con su medio natural y humano, una vez que se acaban los beneficios económicos, deja el agujero y se va. Agujeros y estructuras que pueden ser bellos, como lo son Las Médulas, por ejemplo, obra de la minería aurífera romana, o como lo son los castilletes del centro de Asturias o las bocaminas de nuestro entorno, pero agujeros al fin y al cabo, cuyo recuerdo, y vuelvo a coger las palabras de Enrique, “se apaga con el último minero”. Y después viene la nada, como en esos poblados fantasma de los westerns, con el ulular del viento y el chirrido de los goznes de las puertas del saloom solitario, con esas plantas rodantes atravesando la ancha calle central de un pueblo sin asomo de vida, iconografía por excelencia de una melancolía que nos atañe a todos.

De la mina abajo no hay trabajo, dice el adagio, y pocos trabajos habrá más hostiles y antinaturales que los realizados en las minas por testeros. El inframundo de Hades es un lugar poco apetecible, nada envidiable, aunque las prejubilaciones irrigadas desde Europa nos hayan hecho en ocasiones creer lo contrario. En ese sentido hay en el libro de Enrique una imagen fugaz que creo representa muy bien los sentimientos encontrados que puede generar la mina. Me refiero a la imagen del pueblo de Samartinu los Eiros, un cogollo de casas, hórreos y paneras que se veían desde Moncóu y que desapareció para siempre: la casa Galán, la de Cadenas, la de Murias, la de l’Aredera y tantas otras que ya no están. El pueblo fue enterrado por subsidencia minera, signifique eso lo que signifique. Ahora no se aprecian allí más que suaves cicatrices donde una vez estuvieron las casas. Cicatrices que nos recuerdan la inmediatez del olvido. Conozco a muchos de los que fueron habitantes de Samartinu y, cuando me tropiezo con ellos, con Toño el de Cadenas, por ejemplo, siempre les digo en broma que tienen algo de israelíes y a la vez de palestinos. Tienen algo de israelíes porque viven en la diáspora y algo de palestinos porque ya son un pueblo sin tierra. Tienen algo también de Orestes, pero sin Micenas a la que regresar; o de Ulises, pero sin Ítaca a la vista. Cuando ellos desaparezcan se irá con ellos el recuerdo de ese mundo en el que sus antepasados trataron de injertar una manera de amar la casa para que en días venideros la mantuviera en pie su estirpe. La mina, como a todos los demás del entorno, les dio mucho, pero en su caso también les arrancó la matriz condenándolos antes de tiempo al estéril olvido.

Siempre que hablo de Samartinu me acuerdo de mi vecino Julio, de casa Capicheiro, que tenía un proyecto entre delirante y poético para unir Moncóu con Samartinu, pueblos que están más o menos a la misma altura de la montaña, frente por frente, separados por el estrecho corredor del río Narcea. Cuando en Moncóu celebrábamos la fiesta se oía desde Samartinu, y viceversa, cuando ellos, si no recuerdo mal el 11 de septiembre, celebraban su fiesta, oíamos la música con mucha nitidez desde Moncóu. Julio, por aquellos días dorados de mi infancia proponía que había que hacer un puente para comunicar los dos pueblos. Él lo planteaba con seriedad y todos nos reíamos de su descabellada idea, pero hoy pienso que la idea de Julio entrañaba una metáfora de la existencia que los puentes representan muy bien por su capacidad para salvar distancias, para comunicar aquello que está separado. Nosotros les llamábamos a los de Samartinu “carneiros” y ellos a nosotros “fabas prietas”. Julio supo antes que nadie que todos pertenecíamos a la misma estirpe y que todos estábamos condenados a la misma desmemoria, solamente que unos antes que otros.

Decía el escritor Graham Greene que tener una infancia desgraciada era la mina de oro de cualquier escritor. Yo no soy de esos porque hay una multitud de detalles que convierten mi infancia en una Arcadia perdida. Entre esos detalles, sin duda, está el puente de Julio entre Moncóu y Samartinu.

Aunque a mí la mina me ha hecho ser el que soy y forma parte de mi vida del mismo modo que lo forman las vacas, los castaños o la mole de piedra caliza que da nombre a mi pueblo, siempre me he sentido un poco raro en mi entorno y mi familia. Fui el primero y único de mis hermanos en nacer en un hospital (el de Oviedo) y eso hacía que de niño me tomaran el pelo diciéndome que yo no era de la familia, que me habían cambiado al nacer y que el verdadero hermano de mis hermanos andaría por esos mundos enfrentándose a la vida. En el fondo me habría gustado que aquella historia fuera cierta porque me daba esperanza. Me imaginaba la vida del “auténtico hermano” como algo envidiable, una vida repleta de aventuras que hacía parecer anecdóticas las novelas de Jack London. Yo era especial, procedía de otro entorno y algún día la familia de buhoneros o quien quiera que me hubiera perdido en aquel hospital, regresaría a por mí. Me sentía distinto y al mismo tiempo algo inferior al resto de mi familia porque, desde que tengo uso de razón, siempre quise alcanzar esa especie de normalidad legendaria que se respiraba en mi casa cuando las cosas iban por el cauce que les correspondía y podían controlarse. Esa normalidad que yo envidiaba la representaban mis hermanos, siendo capaces de continuar la tradición, trabajando en la mina y en el campo y manteniéndose alejados de los libros que, en mi caso, empezaron a atraerme desde que fui capaz de entender lo que decían.

Ansiaba una familia ajena, pero en el fondo intentaba por todos los medios ganarme un lugar en la propia. Quería que unos buhoneros o quien fuera pasaran a buscarme únicamente porque deseaba que los míos me aceptaran como uno más. Sin ser consciente entonces, lo único que quería era formar parte de su mundo, ser capaz de trabajar con las manos, de defenderme en el campo y la mina. Quería entender lo que era una galería, qué significaba la palabra rampa, quería poder picar de resgao, dar la tira y postear; cabecear la madera, hacer llaves, poner un rachu, recuperar el hierro y otras cosas por el estilo, pero mucho me temo que a lo largo de la vida me he mostrado bastante torpe en las cosas realmente importantes, aquellas en las que se pone el corazón y se hacen con las manos.

Desgraciadamente, lo único que yo sé hacer con las manos es golpear las letras de un teclado para formar con ellas palabras que a menudo salen desafinadas, incapaces de proporcionar consuelo porque no entienden del todo que realizar una alabanza épica de los mineros quizá sea una forma de mentir, porque los héroes no existen o sólo existen en las novelas, pero que al mismo tiempo, relegarlos a una realidad anodina y convencional como la que tenemos el resto de los mortales tampoco es contar la verdad del todo».

Alfonso López Alfonso

Profesor de Historia y Máster en Historia y Análisis Sociocultural por la Universidad de Oviedo y Mutualista

En la Segunda edición de la #FeriaDelLibro de #CangasDelNarcea asistimos a la presentación del libro 📚 «La minería del carbón en Cangas del Narcea», del ingeniero Enrique Rodríguez García.
👁‍🗨 Se trata de un trabajo documental, esperado, excelso, necesario y vital para conocer la historia minera ⚒ del suroccidente asturiano.
🗣 Como presentador y padrino del trabajo ejerció el periodista Cristóbal Ruitiña, presentador de Noticias en RTPA y profesor universitario. Y también, ⏬Alfonso López Alfonso profesor de Historia y Máster en Historia y Análisis Sociocultural por la Universidad de Oviedo y mutualista #Montepío ⚒ Los dos, junto con el autor, Enrique Rodríguez García ‘Santolaya’ (Ingeniero Técnico de Minas e Ingeniero Técnico de Sondeos y Prospecciones), son miembros de El Payar de la Sociedad Canguesa de Amantes del País «TOUS PA TOUS»
 
📚 El libro ha sido editado por Tous pa Tous – Cangas del Narcea con el apoyo de Librería Treito

Aniversario de La Huelgona del 62, la protesta minera que dio la vuelta al mundo

Estos primeros días de abril de 2022, la prensa asturiana recuerda con reportajes especiales el acontecimiento histórico, con repercusión internacional, que protagonizó la familia minera ⚒ asturiana hace 60 años, conocida como #LaHuelgonaDel62 o La huelga del maíz 🌽
Por su valor documental, recuperamos aquí el repor que dedicamos en nuestra  #RevistaMontepío hace ahora justo 10 años, al celebrarse su 50 aniversario. Fue en Primavera y hasta Picasso llegó a dibujar una icónica lámpara minera como apoyo (Y búsqueda de complicidad por parte de la intelectualidad europea: (de Picasso a Úrculo; de Alberti a Gil de Biedma, muchos se comprometieron) a la lucha minera asturiana, que iba mucho más allá de unas condiciones dignas de trabajo y futuro, cuando la llegada de la democracia en España aún le faltaban muchos capítulos, demasiados capítulos, por llegar: otras 12 +1 primaveras harían falta.
La Minería asturiana protagonizó desde el siglo XIX distintas páginas de hondo valor en la historia política y social de nuestro país. Esta es una de las destacadas, y merece la pena recordarla. Recuperamos tal y como fueron documentadas estas páginas en la primavera de 2012 por el director de Comunicación del Montepío, Alberto Argüelles, apoyándose en diversas fuentes documentales.
 

“Asturias si yo pudiera cantarte…

dos veces, dos has tenido/“ocasión para jugarte /

la vida en una partida: Y las dos te la jugaste”. 

La huelga del maíz, 50 años de la primavera minera asturiana

Foto apertura de reportaje: Manifestación en Bruselas en apoyo de los mineros asturianos en la Huelgona del 62.

Puede descargar también el Reportaje en pdf ⏬ La huelgona del 62

Dice la letra del poema “Asturias”, uno de los más populares y conocidos del escritor salmantino Pedro Garfias, exiliado en México tras la Guerra Civil, que nuestra comunidad tuvo “dos ocasiones” para “jugársela” en su reciente historia. La composición, verdadero himno oficioso del Principado desde que en 1976, en plena Transición, fuera convertido en canción por el cantautor mierense Víctor Manuel, alude sin rodeos a la Revolución de Octubre de 1934 y a la posterior defensa que los mineros hicieron en su Tierra en 1937 del legítimo gobierno republicano. Ambos episodios finalizaron con una cruel represión que el ultraísta Garfias conoció de primera mano en Madrid, por su vinculación, e incluso protección, a mineros comprometidos con el llamado Frente Popular. Su sentida poesía refleja aquellos sucesos, de trascendencia internacional, idealizados posteriormente por la izquierda europea en un contexto de lucha antifascita, y que grabaron a fuego la propia idiosincrasia progresista de las comarcas mineras asturianas, vigente en nuestros días.

Pero como dice el dicho popular “no hay dos sin tres”. La referencia de Garfias a los dos envites jugados (y perdidos, con las dramáticas consecuencias de sobra conocidas) por el movimiento obrero de los mineros asturianos, tuvieron su epílogo en abril de 1962. Se cumplen así ahora 50 años de unos sucesos ocurridos en las comarcas mineras asturianas, protagonizadas por mineros, quizás menos conocidas por los más jóvenes al encontrarse inmersas en del devenir monolítico de los 40 años de la España franquista, y que los historiadores resaltan por su influencia sobre la política de entonces, dándola a conocer como “La huelgona”.

Una protesta minera, silenciosa, supuestamente esporádica, y aparentemente desorganizada, contra el abominable régimen del dictador Francisco Franco. Una huelga minera en tiempos de miseria, prendida sin ninguna duda sobre el sustrato de aquellos envites que las décadas de los años 10, 20 ó los convulsos 30 y  moldeada en la condición solidaria de minero, incorporada a memoria, que emergió como singular y emblemática respuesta en el momento en el que más comenzaba a resaltar el evidente atraso entre una España sumida por la dictadura y una Europa Occidental democrática y en pleno desarrollo social y económico.

Fotos facilitadas por el Archivo Histórico de UGT.

MINEROS DESTERRADOS DE ASTURIAS POR PROTAGONIZAR LA PRIMERA HUELGA DE LA MINERIA ASTURIANA DENTRO DEL REGIMEN FRANQUISTA EN 1962.

Mineros detenidos en la Prisión Provincial de Oviedo.

EXPOSICION HUELGONA 62/  Láminas del gran artísta Úrculo

Coincidiendo con la fecha en la que hace ahora 40 anos el despido de siete trabajadores mineros del pozo Nicolasa de Ablana (Mieres) desencadeno las famosas huelgas de 1962, la Fundacion Juan Muniz Zapico de CC.OO presento en Mieres el libro titulado «Hay una luz en Asturias…las huelgas del 62» y reunio a los veteranos, en la
imagen, de aquellas huelgas a los que se rindio homenaje con una comida de confraternizacion/Alberto Morante

De hecho, esta protesta, en la que tomaron parte millares de trabajadores, hijos de los perdedores de la Guerra Civil, en su mayoría “no fichados” por la policía del régimen, al carecer de responsabilidades políticas o sindicales directas con las organizaciones con las organizaciones socialistas, comunistas o anarquistas en el exilio, fue tal vez uno de los golpes más certeros sufrido por el franquismo.  Lo fue porque estuvo arropada y promocionada por un importantísimo número de intelectuales de reconocido prestigio mundial. Porque la izquierda europea comenzaba a sentir incomprensible el mantenimiento de dictaduras en el Viejo continente, la de España incluso auspicia por Estados Unidos, que había renunciado a su espíritu libertador del 45 en aras a la “guerra fría” a escala mundial contra el comunismo pro-soviético. Las bases para el ejército de Estados Unidos fueron la moneda.

Pero “la huelgona del 62” no fue ni mucho menos deslavazada de una serie de acontecimientos que se produjeron antes, durante y después de aquella primavera. En junio de ese año, en Munich, se celebraba el IV Congreso del Movimiento Europeo tras un primer y fallido intento de la España franquista por entrar en la Unión Europea, lo que de facto hubiera supuesto la homologación del sistema dictatorial español al status del resto de países europeos. Para Franco fue un duro revés. Un revés político, incomprensible para el dictador y cuyas verdaderas razones trataba de explicar los órganos de propaganda del régimen bajo aquella simplista oscura “confabulación judeo masónica y comunista” (todo era cosa de los comunistas, en claro guiño a su tabla de salvación norteamericana).

Por mucho que esgrimiese su condición de país aliado a los Estados Unidos, la España del desarrollismo creada por Franco a sangre y fuego, chirriaba internacionalmente con aquellos dos sonoro “No” a la entrada en la Unión Europea.  Mientras aquello ocurría en la escena internacional, en varios puntos de la Cuenca minera asturiana se producía lo que muchos apodarían como la huelga del maíz, en alusión al cereal que hombres y mujeres tiraban a escondidas en los caminos y caleyes que conducían hasta el pozo minero con el fin de hacer reflexionar a los esquiroles sobre la “domesticación” y “entrega” al franquismo que su decisión de trabajar comportaba durante la huelga. Una manera tremendamente simbólica de llamarlos “gallinas” y “apesebrados” y que, curiosamente, respondía a tácticas que permanecían en esa memoria de huelgas hechas en Asturias a principios de siglo.

Las huelgas del 62 y del 63 en Asturias cobraron en el concierto internacional más protagonismo del que esperaban sus anónimos protagonistas, por ser un hecho coetáneo a los intentos de entrar en Europa y, especialmente, por aquello que la prensa franquista llamó el “Contubernio de Munich” (la primera referencia despectiva hacia el IV Congreso del Movimiento Europeo aparece en el diario falangista Arriba). Una cita importante para la España alternativa a Franco y que acaparó los ojos de la prensa internacional al contar con la presencia de 118 políticos españolas de todas las tendencias opositoras al régimen (desde monárquicos liberales a socialistas y socialdemócratas, pasando por nacionalistas y democratacristianos), representativas de organizaciones o líneas de pensamiento tanto con dirigentes residentes en España, como en el exilio, a excepción del Partido Comunista.

Para la historia de aquel encuentro en la capital bávara, quedaría la frase del historiador y diplomático español Salvador Madariaga, que había sido ministro del gobierno cedista de la derecha durante la II República: “Hoy ha terminado la Guerra Civil”, un reconocimiento a que, mientras para algunos, lo que estaba sucediendo en Münich era un simple “contubernio”, para la mayoría era el primer intento serio de restañamiento de las dos Españas, un hecho que la comunidad internacional tenía claro, pese a la entrada en 1955 en la ONU (promocionada por EE UU) y que desgraciadamente, no se produciría hasta 13 años más tarde, con la muerte de Franco y el inicio de la llamada etapa de Transición a la democracia.

ECOS EN LA PRENSA INTERNACIONAL

 

Los historiadores que se asomaron y aún se asoman con notable interés al cumplirse 50 años de un acontecimiento que por tercera vez en el siglo XX proyectaría internacionalmente la imagen de una Asturias rebelde y revolucionaria, valoran la coincidencia de hechos en el tiempo como detonantes del inicio de las primeras grandes grietas en los muros del régimen franquista, dado el uso que todos ellos hicieron de los hechos que ocurrieron en las comarcas mineras y en Munich, pero también en ciudades como Bruselas, París, Roma, México o Toulousse… con manifestaciones, recaudación de fondos, conferencias… etc. La explicación sociológica, perfectamente hilvanada, en la sucesión en la línea del tiempo histórico del país y de una región donde la minería y la siderurgia conformaron una sociedad cimentada en la solidaridad de la necesidad, junto con toda la carga política y sindical acumulada, propiciaron el caldo de cultivo ideal para que fuera en las Cuencas, y no en otro sitio, aquella “inexplicable” oleada de huelgas.

Y es que en ellas tomaron parte millares de trabajadores, hijos de los perdedores de la Guerra Civil, sin responsabilidades políticas o sindicales directas con las organizaciones socialistas, comunistas o anarquistas en el exilio, literalmente masacradas y desactivadas en “suelo patrio”. Y lo hicieron frente a ese aparato represor que llevaba 23 años funcionando de una manera despiadada. Los propios dirigentes o cuadros de las organizaciones políticas y sindicales reconocen que aquel momento la situación no permitía ni el más mínimo movimiento organizativo: quienes no estaban en la cárcel estaban en el exilio, fichados o extremadamente vigilados. Nada se escapa en cada barriada, en cada pueblo, en cada camino… al control de una policía que en dictadura no dejaba de funcionar como lo había hecho, o lo hacían de aquella, la Gestapo, la Stasi o la KGB.

El contexto: así era Asturias en 1962 (o así lo transmitían los medios oficiales de entonces):

Reproducimos por su valor este interesante Reportaje publicado por la Revista Ibérica en noviembre de 1963, testimonio de lo sucedido aquellos meses: «Los mineros confirman».

Ibérica fue una revista de periodicidad mensual, editada en Nueva York, que se publicó entre 1953 y 1974. Estuvo relacionada con la oposición democrática antifranquista española. Fue dirigida nada más y nada menos que por Victoria Kent, abogada y política republicana española primera mujer del mundo que ejerció como abogada ante un tribunal militar y en una de las tres mujeres diputadas del Congreso de los Diputados durante la Segunda República. Se hizo revista independiente después de haberse publicado durante el primer año en forma de boletín informativo, dentro de otra llamada Hemispherica. En ella colaboró con artículos el diplomático y escritor Salvador de Madariaga, una recopilación de los cuales fue publicada en 1982 bajo el título Mi respuesta, así como también Raúl MorodoEnrique Tierno GalvánRamón J. SenderAlbert Camus,6​ Juan GoytisoloManuel Tuñón de Lara,4​ Dionisio RidruejoMario SoaresHumberto DelgadoFrancisco Ramos da Costa o Emídio Guerreiro, entre otros. La revista contó con el apoyo económico de la mecenas estadounidense Louise Crane, ​ pareja de Victoria Kent, quien ejerció también como coeditora, traductora y administrativa de la revista. En sus páginas se dio espacio tanto a la oposición a la dictadura de Franco en España como a la de Salazar en Portugal.

Expertos como la historiadora Manuela Aroca Mohedano sostienen que el alcance de la huelga de 1962 se asienta en los precedentes huelguísticos ocurridos a finales de los años 50 en Asturias, como la del 57 en La Camocha, con participación de trabajadores en una primera comisión de obreros que registra desde militantes comunistas de JOC o del SOMA-UGT hasta falangistas. Pero el cambio generacional es evidente.

Pese a la represión, las huelgas triunfaron por un ejercicio de memoria innata o adquirida, tanto organización, como en solidaridad. Bastaba una mirada. Aquella espontaneidad y transversalidad que movió la osada acción iniciada en el pozo Nicolasa en abril del 62 es la que ha llevado en las últimas semanas a muchos historiadores y periodistas, en conmemoración y recuerdo de la “Huelgona” a denominar sin tapujos aquella protesta como “la primavera asturiana”.

Sirva como ejemplo el trabajo de Jorge M. Reverte en el diario El País (El artículo “Mieres y Munich, hace 50 años” fue el pasado mes de abril uno de los más leídos de  la prensa nacional), o los amplísimamente trabajador y documentados por los historiadores Ramón García Piñeiro, Jorge Muñiz Sánchez o Ruben Vega, y publicados en diversos medios de comunicación asturianos, incluyendo la reedición “Hay una luz en Asturias… las huelgas de 1962 en Asturias”, por parte de Trea, y con el apoyo de diversas instituciones y entidades, desde el Gobierno del Principado a Cajastur, la Universidad, la Fundación Juan Muñiz Zapico o ayuntamientos como los de Oviedo, Langreo y Mieres, entre otros.

Más allá de lo que por sí solo es un hecho contundente, una huelga ante un dictador despiadado en un contexto en el que nuestro país vivía blindado y al margen de una Europea democrática y moderna, la singularidad del movimiento minero de protesta residió en las personas que, sin remarcada significación y en colectivo, dieron un paso al frente de una manera inteligente, manteniendo viva la acción durante muchas semanas, sin que pareciese en un principio un pulso directo al régimen, lo que hubiera supuesto otro aplastamiento brutal más, consiguiendo con su “silenciosa sostenibilidad” (ir al pozo, vestirse, pero no trabajar), y también, porque no decir, por el cariz estratégico del carbón, y de la necesidad del mineral en resto de la industria, un mayor eco, legitimidad, e interés por parte la comunidad internacional, incluidos los partidos de derecha, y por tanto, más daño.

Especialmente doloroso para los franquistas fue ver como un “intocable” de gran peso intelectual de entonces, como Menéndez Pidal, apoyaba abiertamente el movimiento de huelgas asturiano, como lo haría la prensa internacional o artistas de reconocido prestigio mundial, como Picasso, con su famoso grabado, lámpara minera en mano. Sobra decir que podía pensar las gentes del régimen de la implicación de la iglesia y de algunos de sus colectivos de jóvenes católicos. Todo ello, lógicamente, antes del efecto Cardenal Tarancón.

Aunque en los años posteriores, el régimen combatió cualquier intento de que se interpretara lo sucedido en las cuencas mineras asturianas como el origen de un movimiento transversal que influiría  a toda la sociedad española, de izquierda a derecha, alimentando la necesidad de articular un sistema democrático para España, lo cierto es que su influencia está fuera de toda duda. Y pese a que ninguno los dirigentes que participaron activamente en Munich, o de los intelectuales que firmaron manifiestos y obras en apoyo de los mineros asturianos, tuvieron protagonismo en la Transición española, a ellos y a ese momento, en la primavera de 1962, corresponden palabras clave como “configuración de un sistema de participación democrática “reconciliación” o incluso la posibilidad como salida, entonces remota, de una “monarquía democrática”, aludida a una conversación en pleno “contubernio” entre el socialista Rodolfo Llopis (el PSOE defendía la República) y el liberal monárquico, curiosamente conspirador del golpe de Estado de 1936, Joaquin Satrústegui (de la organización Unión Española, también clandestina, y que acabaría en UCD).

Pero la repercusión del movimiento en las Cuencas y en Asturias si fue evidente. Muchos de los que allí participaron se convirtieron después en líderes sindicales, o, como apunta Reverte “fundaron nuevas asociaciones, como la Unión Sindical Obrera, encontraron sus referencias históricas en las organizaciones históricas de la izquierda, o participaron en la creación y desarrollo del movimiento que se denominó las Comisiones Obreras”,  y que, más tarde, daría lugar al sindicato del mismo nombre, destacado bastión de la oposición antifranquista, con una ventaja o diferencia significada en comparación con la la estrategia que hasta entonces mantenían PSOE, UGT, CNT o el PCE, desde el exilio, como fue infiltrarse desde dentro en los Sindicatos Verticales falangistas, únicos legales.

Lo más curioso de entonces para muchas de las jóvenes generaciones que ahora, con motivo de este 50 aniversario de la “Huelgona” se acercan, releen o simplemente conocen por primera vez lo que pasó,  es comprender  cómo se artículo en medio de una dictadura y con un inexistente movimiento obrero de izquierdas, con muchas dificultades para conectar con el exilio. Incluso muchos de ellos, llegaron a prohibir expresamente a sus escasas células durmientes en el territorio, su implicación en las huelgas, pro el riesgo que podía suponer perder definitivamente su conexión de primera mano con la realidad y el día a día de España.

Todos los testimonios coinciden: “Primero fueron quince días de un mes…después un mes entero, pero cuando la cosa parecía que podía complicarse, volvíamos a trabajar, a esperar el momento… y después parábamos otra semana u otros quince días … al poco, dos meses sin cobrar, pero aunque apretase la necesidad en casa, nadie entraba a la mina. Era como si la solidaridad nos alimentase…llegábamos al pozu, nos cambiamos, cogíamos las lámparas, y cuando estábamos todos  juntos, echábamos la mirada abajo y  sin hablar, no se entraba. Esperábamos y alguien dejaba caer  una lámpara y a continuación todas las lámparas caían al suelo. Todos callados, nadie destacaba, nadie era el primero, todos callado, mirando al suelo. Si un mando preguntaba porque no entrábamos a trabaja, las respuestas eran similares: porque tengo miedo, porque no entra nadie, solo no puedo entrar…”.

Con todo ello, y con la perspectiva que dan asomarse a unos hechos ocurridos hace ya medio siglo, la lección de historia que nos deja “la huelgona del 62”, hecha por mineros anónimos en años de infamia, es eterna:  Y es que la lucha por los derechos y la dignidad de las personas nunca cesa, no tiene tiempo.

Cronología

  • Aunque en 1962, con cerca de 30.000 mineros en la zona central asturiana, hubo diversos acontecimientos laborales que alimentaron un clima general proclive a las huelgas, el detonante se centra en el pozo Nicolasa de Ablaña, en Mieres, tras una reorganización unilateral de los turnos de trabajo. Más de una veintena de picadores deciden como protesta reducir su producción. La empresa los despide el viernes 6 de abril. El sábado siguiente, que era laborable, llega la respuesta: el grueso de la plantilla se niega a entrar a trabajar. La autoridad amenaza con despidos. Y el delegado provincial del sindicato vertical promete soluciones pero pide el restablecimiento de la normalidad. Llegan las primeras detenciones.
  • El lunes día 9, comienza la semana extendiéndose la huelga a otras minas. La empresa ratifica los despidos y da un ultimátum de 24 horas para que los huelguistas vuelvan al trabajo. Al día siguiente, todos van a su centro de trabajo, se visten con la funda y cogen la lámpara, pero nadie entra. Es la llamada huelga del silencio. La empresa pone en marcha el proceso de rescisión de contratos a los que considera probado están secundándola. El miércoles más minas, como Barredo o Corujas, se suman a Polio, Centella o Nicolasa. Los mineros acuden a buscar una solución al director de Fábrica de Mieres, propietaria de las explotaciones (la nacionalización de la mayor parte de la minería asturiana no se produjo hasta 1968-Hunosa). Pero la autoridad supedita una anulación de ciertos castigos a una recuperación total de la normalidad laboral. El jueves los trabajadores comienzan a sospechar que la buena voluntad no se produce por parte de la empresa, mientras, por el contrario, se mantienen los castigos y las rescisiones de los contratos y, junto a la intimidación de un régimen matonista, se produce una nueva vuelta de tuerca: se le niega a algunas familias de mineros identificados por la dirección el acceso a los economatos.
  • Tras la primera semana de protestas, la empresa empieza a anular despidos, aunque se mantienen ciertas suspensiones de sueldo, y se trasladaba de instalación a cuatro mineros. Las medidas no calman la situación y la huelga ya afecta a más pozos en el valle de Turón y en la Güeria de San Juan. A Tres Amigos o Santa Bárbara se suman en los paros Hulleras de Turón, Minas de Figaredo y La Cobertoria. El maíz en los accesos a los pozos y las octavillas comienzan a convertirse en un símbolo y a romper la sociedad de “orden” franquista de las Cuencas. La autoridad provincial comienza a enviar mensajes a Madrid reconociendo que la situación se les ha ido de las manos.
  • El martes día 17 paran más pozos, y se suman los de mantenimiento, algo impensable para las minas de entonces, y los ligados al ferrocarril y al transporte del carbón. Pronto la siderurgia, dependiente de ese mineral, se verá afectada. El paro en la Cuenca del Caudal ya es completo. Y en el Nalón avanza. La policía franquista empieza a investigar conexiones. El sindicato Vertical reconoce internamente que no controla a los trabajadores.
  • El jueves día 19 se producen medio centenar de detenciones, la mayoría por “supuesta coacción” o simplemente informar a otros compañeros del porqué del paro y de cómo secundarlo. En los días posteriores la situación laboral se enrarece en toda Asturias. El sábado 21 trabajadores del puerto de Avilés inician una protesta para que les igualen el sueldo y las condiciones a sus compañeros en El Musel. El lunes 23 de abril el gobierno teme una escalada de acontecimientos y decreta el cierre de pozos para evitar encierros interminables en el interior. Las detenciones continúan. El ministro de Trabajo José Solís se ve obligado a intervenir de manera directa y personal para negociar. Lo hace con una comisión de picadores. Pero no hay una solución inminente. Y todo va a más: La Camocha, en Gijón, para también. Le siguen Pumarabule y Lláscaras. Comienzan a verse asambleas con muchos trabajadores, algo inusual con el derecho de reunión suspendido, y pancartas que van desde el apoyo a la URSS a críticas a la Guardia Civil de entonces y su papel represor. El sábado 28 de abril, 22 días después, aparece un artículo en la prensa asturiana en la que, sin citar la palabra huelga, el gobierno solicita a los mineros la vuelta al trabajo. Pero la condición para volver ya no es solo la laboral, es que se libere a los detenidos. La prensa internacional empieza a airear “la huelgona”.
  • La policía comienza a actuar con mayor virulencia, destapando lconexiones con el PCE, con el PSOE y con organizaciones obreras cristianas. Cáritas, de hecho, llega a entregar públicamente un cheque de apoyo a los mineros para que pudieran comprar alimentos. El jueves 3 de mayo para Montsacro, la última de las grandes minas que seguía en actividad. Y al día siguiente, un mes después, el Consejo de Ministros decreta el estado de excepción en Asturias, y también en Vizcaya y en Guipúzcoa. Las llamadas garantías individuales quedan suspendidas. Una parte importantísima de los mineros comienza a replantearse la huelga por las consecuencias que esta tiene para el conjunto de la población, particularmente en las comarcas mineras. La situación para muchas familias es delicadísima. Algunos defienden seguir hasta el final y planifican encierros, como el de Barredo. Según el archivo policial, se superan los 150 detenidos. Esta cifra se duplica y supera durante el verano. La siguiente amenaza gubernamental es la deportación.
  • El 10 de mayo, 24 trabajadores son detenidos tras un encierro en el pozo San José de Turón y deportados a Valladolid junto con otro grupo de mineros detenidos en Barredo. La represión comienza a dar su fruto, e incluso durante unos días de junio, del 4 al 7 de junio, todo parece normalizarse poco, pero en agosto, al exigirse el día 15 como festivo, todo vuelve a reproducirse, coincidiendo con otras protesta en el pozo Venturo. Los paros vuelven a alcanzar a 20.000 mineros. No obstante, el movimiento empieza a debilitarse con el miedo y las carencias de los hogares, la policía ya sabía cómo responder: precinta pozos, maneja y divide la opinión en los medios, y vuelven las medidas aislacionistas, las deportaciones, la primera de ellas, el 22 de agosto, a menos de una semana, afecta a 126 mineros elegidos de manera muy meditada no solo por sus implicaciones, si no por su repercusión social y familiar. Algunos llegan a tener dos destinos de deportación: Zamora, Pontevedra, Soria, Orense, Guadalajara, Jaén… La contundencia de la represión y la apuesta de la patronal minera a mantener ya las minas cerradas largo tiempo para combatir con pobreza lo que llamaron “indolencia de la clase minera asturiana” fueron decisivos para que el 9 de septiembre todo se normalizase. Los ecos internacionales de “la huelgona” se van apagando poco a poco. Pero la huella de la primavera asturiana marcó para siempre un antes y un después en la lucha contra el franquismo y su dictadura. Hasta convertirla en un hito del movimiento obrero mundial.

+ info «Mieres y Munich, hace 50 años», de Jorge M Reverte, en El País, al cumplirse el 50 aniversario. El escritor, periodista e historiador Jorge Reverte falleció en marzo de 2021.

Hay una luz en Asturias, fue el título del Repor especial dedicado por la Televisión Pública Asturias, RTPA, y que contó con testimonios de figuras trascendentes de la política española, como Santiago Carrillo, Nicolás Redondo-padre,:

El pozu Nicolasa, de la mecha al monolito de «la huelgona» en 2012

Al celebrarse el 50 aniversario de La Huelgona, los dos grandes líderes sindicales españoles en ese momento Cándido Méndez (de UGT) e Ignacio Fernández Toxo (CC OO) descubrieron una placa en recuerdo de la revuelta de 1962 surgida en la mina mierense.

Fotos que aquel acto:

 

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Se trata de un campamentos de verano que se realiza en el Balneario de Ledesma (Salamanca) para niños/as y adolescentes de entre 8 y 17 años. Los campamentos de verano aúnan actividades deportivas al aire libre y de aventura con el entretenimiento estival y la práctica del inglés mediante una filosofía innovadora y eficaz: la inmersión lingüística natural.

Mediante actividades de aventura (escalada, rápel, orientación, rastreos, deportes náuticos, actividades deportivas alternativas, juegos, talleres, rutas medioambientales, visitas culturales, etc.), los jóvenes se relacionan con sus compañeros y con el personal especializado con el inglés como instrumento natural de comunicación. No obstante, aunque este es el idioma principal de las actividades, no se trata de imponerlo a la fuerza, sobremanera en aquellos momentos en los que su uso dificulte la comunicación con los monitores; entonces, para facilitar la comprensión se utilizará el español. En los ratos libres y cuando los jóvenes estén en contacto con sus compañeros, todos podrán expresarse libremente en el idioma que deseen.

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☎  987 106 365 horario de atención:

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