Revista Montepío 82 en la calle: Por un futuro mejor (editorial)

Hemos vivido años difíciles en nuestra historia, pero con firmeza y claridad hemos afrontado los distintos problemas financieros y judiciales para desde la transparencia, emprender la modernización de nuestra entidad y Grupo de empresas, en un modelo de Economía social compatible con nuestras raíces solidarias. Un tiempo nuevo se abre ante nosotros, con ilusiones renovadas.

A las puertas de una nueva Asamblea general, constituyente por su carácter electivo, y bajo la nueva normativa que establecen los Estatutos aprobados en la última conferencia mutualista, bueno es hacer balance de estos últimos cinco años de gestión al frente de la entidad. Una etapa sin duda complicada por factores y situaciones adversas y diversas, algunas indeseables, que están en la mente de todos, pendientes de resolver en los juzgados. Acontecimientos extraordinarios, que se solaparon en tiempo con una crisis general, que ha afectado a nuestra gente, a nuestras comarcas y familias mutualistas, y que hicieron que en 2014 nos encontrásemos con un Montepío prácticamente rendido a la suerte, en quiebra moral y financiera, campo de batallas políticas y al albur de decisiones financieras, judiciales, e incluso, especulativas. Una posición compleja, en tanto en cuanto el Montepío opera en sectores diversos, y que por tanto nos ha exigido un esfuerzo mayúsculo en varias direcciones, las más importantes y urgentes, enfocadas a garantizar una viabilidad del proyecto y a la recuperación del grupo de empresas, a través del diseño de un nuevo modelo de Montepío, como empresa de Economía Social. Una exigencia necesaria para adecuar la entidad y sus servicios y prestaciones a los nuevos tiempos y realidades sociales, y a las demandas de hoy en día.

En este aspecto, la puesta en marcha hace poco más de un año de la Fundación Obra Social Montepío ha venido a poner rumbo a nuestra política social y solidaria, coherente con nuestras raíces fundaciones, pero moderna en objetivos y prestaciones, que no se quedan únicamente en las ayudas, y que aspiran a tejer una red colaborativa cada vez mayor en aspectos como la salud, la investigación o la memoria histórica y la cultura minera. Un compromiso que las nuevas generaciones de socios, familiares herederos del espíritu minero, agradecen por lo que supone como pegamento para nuestro colectivo y base social y como reconocimiento y homenaje al legado patrimonial y también inmaterial transmitido por nuestros pioneros. Estamos convencidos de que ellos estarían orgullosos de la nueva Responsabilidad Social Corporativa adquirida con el Montepío, asumida no solo con vosotros, sino con toda la sociedad, pues somos conscientes que en este camino de la renovación y reconstrucción del proyecto mutualistas son muchos los ojos que nos observan y también los que se sienten orgullosos de haber plantado cara a los problemas.

En cuanto a las iniciativas para las actividades residenciales, todas están pasando por una modernización a través de Planes Estratégicos que llevan aparejados diversas líneas: proyectos de viabilidad empresarial, inversiones y modernización de instalaciones, profesionalización de la gestión, actualización tecnológica al siglo XXI, comunicación, imagen y servicios, y revisión y optimización de toda la oferta de contenidos. Todo ello dirigido a lograr resultados positivos.

Hace tres ejercicios logramos por primera vez que todas las empresas entrasen en beneficio, incluido el Residencial de Roquetas, que nunca lo había hecho desde su adquisición en 2003, y la Residencia de Felechosa, que había causado importantes pérdidas en sus primeros ejercicios. La tendencia se mantiene, y este es el tercer año que cumplimos con un balance general positivo en todas las actividades. Todos esos logros, junto con la necesaria renegociación de la deuda y la implantación de nuevos servicios, directos como la asesoría múltiple legal, o indirectos en los centros, como los campamentos o cursos para escolares en inglés,  han permitido que el Montepío vislumbre hoy su futuro con una cara bien distinta a como comenzamos.

Pero aún quedan dificultades por superar, aunque los efectos del Caso Hulla están amortizados por mucho que algunos, en el plano político, hayan jugado a su propio interés tratando de  confundir y desestabilizar con un asunto en el que desde el primer momento hemos colaborado con la justicia por el gravísimo perjuicio que los hechos denunciados e investigados nos han causado a todos los niveles. Somos y ejercemos la Acusación particular contra quienes en otra época fueron nuestros compañeros, y cuya actitud nos llenó de oprobio y profunda decepción. Un hecho insólito al que responder. Creemos firmemente en que son las entidades, desde dentro, quienes deben combatir en el plano político y judicial los desmanes e ilegalidades de sus antiguos dirigentes, así como también, de quienes hicieron un ejercicio de omisión al mirar para otro lado. De todo ese proceso hemos informando de manera constante y transparente; y lo seguiremos haciendo.

Es importante destacar que en las últimas semanas hemos asistido a dos buenas noticias: una, la firma de un acuerdo no traumático para el sector minero y su futuro con ese Protocolo para la Transición Ecológica. Y por otra, la renovación del nuestro convenio de colaboración histórico con el Instituto Nacional de la Seguridad Social.

Por delante, varios retos: uno, el más importante, hacer frente al problema planteado con el envejecimiento de nuestra base social. El problema ya no es tanto que no hay mineros, sino que tal y como ocurre en la España vaciada, las tasas de mortalidad amenazan el tamaño de nuestra afiliación, no compensada con las nuevas altas. En este sentido, vuestro compromiso de relevo generacional en vuestras familias se hace imprescindible en el marco de un Montepío moderno y abierto.

No nos queda más que emplazaros a participar en la próxima Asamblea del próximo 7 de junio, máximo órgano de decisión democrática, y base sobre la que seguir construyendo este Montepío del Siglo XXI que sin duda nos merecemos.