Verano 2022🌞 Vuelven los Campamentos en inglés al Balneario de Ledesma con Nubra

La Fundación Montepío con el Balneario de Ledesma 💧 ponemos en marcha de nuevo con Nubra Educación Aventura los campamentos Base Camp-Balneario de Ledesma 🌞 verano 2022.
Para ello hemos remodelado la web 🌐BalnearioLedesma.com y habilitado una pestaña especial donde vienen especificados nuestros campamentos y un botón de descarga con el PDF completo de la promoción específica del curso/precios etc para este verano 2022.
✏ Para mutualistas #Montepío 🔵🟢🟡 se siguen reservando precios especiales.
TARIFAS:
– Particulares 395€ Mutualistas-Montepío 345€ (incluye actividades, pensión completa y alojamiento).
– Opción externos (cenan y duermen con su familia en el Balneario-Solo comida) Particulares 220 €
📍 Ambas tarifas tienen un descuento de 50€ para mutualistas #FundaciónMontepío
 Así es el #BaseCamp del #BalnearioLedesma que desarrollamos con Nubra Educación Aventura este verano 2022: el mejor campamento de inmersión lingüística para tus hijos, con muchas actividades divertidas al #AireLibre y en un entorno saludable como es una estación termal en la dehesa del Tormes y que por supuesto sirven para entrenar y mejorar el nivel en inglés 😍
Puedes reservar tu plaza en nuestras Juntas Locales. E incluso hacer coincidir el campamento con tu estancia relax este verano en Balneario de Ledesma
Let´s Go 🇬🇧

Pozu Llumeres, los mineros del hierro en la ensenada de Bañugues: Las otras minerías

Dentro del #CalendarioMontepío ⚒ 2022, dedicado en esta edición a #OtrasMinerías y miner@s distint@s a l@s del Carbón ilustramos la lámina de mayo a la Mina Llumeres y a los mineros de hierro, una explotación singular, situada en la Costa central asturiana, en la ensenada de Bañugues, en el concejo de Gozón.
En las imágenes que ilustran este reportaje pueden verse, en primer lugar, una vista de las instalaciones mineras construidas en Llumeres tras la Guerra Civil, donde aún podía apreciarse, en una foto del año 1943 (de FotoLena) el castillete de 17 metros, construido durante la reprofundización del pozo, junto con la casa de máquinas, la de aseos, fragua, tuberías y vagones. En este caso, la foto es recopilada y cedida por Lucía Fandos, para su libro “Hombres y mujeres de hierro: Las minas de hierro del grupo Llumeres en Gozón (1859-1967)», hecho con la @Universidad de Oviedo y cuya lectura recomendamos.
En la foto cuarta, los restos del antiguo Puerto cargadero de hierro de Llumeres, perteneciente a la Sociedad Metalúrgica Duro Felguera, en una foto realizada por María Gancedo en 2018 y cedida por el Archivo Histórico Minero para este proyecto.
⚒ ᒪᒪᑌᗰEᖇEᔕ, ᒪOᔕ ᗰIᑎEᖇOᔕ ᗪEᒪ ᕼIEᖇᖇO
También, podemos ver en la segunda, los restos ya de la Mina Llumeres, después de desmontado su castillete, en fotos cedidas por el @Muséu del Pueblu d`Asturies, que como AHM siempre colaboran con nuestros proyectos culturales y de memoria, gesto que se agradece.
En el resto de fotos puede verse la portada del libro de Lucía Fandos, imprescindible para conocer la apasionante historia de esta mina y otras de Archivo.

Un poco de historia

A lo largo del siglo XIX, la Sociedad Compañía Minera de Gozón convirtió las concesiones explotadas de forma rudimentaria denominadas Abundante, Laur y Joaquina en una mina organizada de hierro, que también extraía en parroquias cercanas. La empresa no prosperó y la mina fue adquirida por Duro Felguera al igual que la cercana mina de Simancas. Al no existir ferrocarril se construyó un puerto en Llumeres para llevar el mineral a Gijón, desde donde una parte se exportaba hasta Inglaterra o Alemania, yendo otra parte a parar a la Fábrica de La Felguera, donde el hierro era utilizado en sus altos hornos. Más tarde, en 1919, se construyó un cable aéreo para su transporte hasta la estación de El Regueral, a 7 km., perteneciente al Ferrocarril de Carreño, desde donde el hierro se dirigía en tren hasta La Felguera. Durante la posguerra fue muy relevante el trabajo de mujeres en las instalaciones. Duro Felguera fue modernizando sus instalaciones con la construcción de un pozo vertical con castillete y numerosas dependencias, comenzando también una política paternalista construyendo viviendas para sus trabajadores en Bañugues (donde se encuentra, por ejemplo, un barrio llamado Les Cases de la mina). Finalmente en 1967 la mina fue clausurada debido por un lado al progresivo agotamiento del mineral y por otro a las dificultades técnicas que presentaba. Las minas de Duro fueron incorporadas ese año a Hunosa.
Desde 2008, la mina y el puerto de Llumeres (preparado para vapores de hasta 300 toneladas) se encuentran en estado de ruina, aunque han sido incluidas como conjunto histórico en el Inventario Cultural del Principado de Asturias al igual que se ha construido una pequeña área recreativa y un mirador en la entrada de la bajada a la playa. Esta ha adquirido desde hace décadas un tono rojizo debido a la explotación del hierro y aún hoy es posible ver en el mar manchas de este color frente a Llumeres. Se conservan en ruina la casa de máquinas, talleres, oficinas, vestuarios, clasificadero de minerales, una bocamina, el dique y sus cargaderos de mineral. Además, la zona tiene un importante valor geológico, hallándose en 2008 tamarugita en la playa, caso único en la Europa continental.

⏱ Última hora sobre Llumeres

Hoy mismo, el diario @El Comercio pública que la Asociación Cultural El Curbiru de Bañugues «no cesa en su empeño de recuperar uno de los elementos industriales y patrimoniales más importantes del concejo, como la mina de Llumeres» que fue durante décadas el principal motor económico de la zona, pero que ahora, alertan «pronto llegará la mar a la bocamina del cargadero, si no se hace nada».
La entidad lleva años reclamando a la Administración una intervención para evitar su completa desaparición. Su última propuesta pasa por la adquisición de los terrenos y la financiación de la rehabilitación con fondos estatales y europeos. Dicen en la noticia que «el propietario siempre se mostró dispuesto a la colaboración cuando se le pidió el uso temporal de esos terrenos». Quieren también que el Ayuntamiento de Carreño de pasos para adquirir los terrenos y afrontar una rehabilitación podría financiarse con fondos europeos, o acudir a la ayuda del 1,5% cultural y sumarla a otras iniciativas mineras que hoy funcionan como recurso turístico como la mina de Arnao, los pozos de Sotón y San Luis y Museo de la Minería y de la Industria de Asturias.
El material para empezar ya lo tienen. La investigadora Lucía Fandos, quien hace dos años colaboró con El Curbiru en la publicación de un libro sobre la historia de la mina y con el Montepío en la edición de estas láminas, cuenta con «material de sobra para empezar. Es una pena que se deje perder con toda la vida que hubo en ella. Como museo iba a ser una joya», aseguran.
LOS DATOS QUE APORTAN
La mina de Llumeres abrió en 1850, pero no fue hasta varios años después cuando de la mano de Duro Felguera empezó un crecimiento que la situaría como el principal yacimiento de hierro de Asturias. Este ‘boom’ tuvo su máximo esplendor a mediados del siglo XX, cuando llegó a congregar al mismo tiempo a más de 500 trabajadores. En total, por el yacimiento pasaron más de 2.500 personas.
Las instalaciones fueron mejorándose con el paso de los años. Al transporte marino hasta El Musel se sumó una red de transporte aéreo hasta El Regueral. Todo el material se enviaba finalmente a La Felguera. Finalmente, en 1967 acabó cerrando tras varios años en que la producción fue disminuyendo. Poco después, Duro Felguera vendió los terrenos a un particular y las instalaciones han ido derrumbándose con el paso del tiempo.
,

El Orfanato Minero de Asturias: la Casa de los huérfanos del Carbón

En 1929 nace el proyecto para poner en marcha el Orfanato Minero de Oviedo fruto de un acuerdo de los representantes sindicales de los trabajadores, los empresarios mineros y el gobierno del General Primo de Rivera. Esta institución pedagógica y docente nacía para atender a los hijos e hijas de los mineros que hubieran muerto o padecido una grave lesión o incapacidad por accidente laboral. En aquel tiempo, la enorme y terrible siniestralidad en las minas asturianas dejaba cada semana, cada mes, a cientos de niños y niñas en situación de máxima vulnerabilidad, al verse suspendido en los hogares el sustento económico tras el accidente minero. El Orfanato pretendía dar una respuesta social a esa desoladora emergencia, proporcionando asilo y educación. Un ingeniero de Minas muy culto y sensible a los problemas sociales, Ernesto Winter (pedagogo, humanista, ensayista, nacido en Gijón en 1882 en el seno de una familia francesa de Alsacia), fue el encargado de poner en marcha el proyecto en un lugar idílico, al cobijo del Naranco, en Oviedo. Pero la Guerra civil sacude todo el proyecto inicial: Winter es fusilado en noviembre de 1936. El proyecto del Orfanato seguirá caminando por necesidad, seguía habiendo muchos huérfanos, pero ya adaptado a tiempos complicados y complejos. Tan complejos como que sus instalaciones tuvieron que ceder espacio al Hospital de Oviedo.

Una historia que vertebra muchos corazones de las familias mineras asturianas a lo que un día la tragedia minera picaría a la puerta, cambiando para siempre sus vidas.

«A mi padre y a mi tía, que un día de invierno 1938 conocieron en pocos días la tragedia de la mina y la solidaridad de los mineros que soñaban con un mundo mejor».

Recuperamos para nuestros canales #Montepío digitales un artículo publicado en su día en la Revista Montepío en las páginas especiales de memoria que denominamos Los álbumes del Carbón, un trabajo de estudio y divulgación de la cultura e historia minera en Asturias que representa uno de los objetivos y compromisos de trabajo de Fundación Obra Social Montepío.

Así nació el Orfanato Minero.

Alzado del proyecto.

Cuando la precariedad de las condiciones laborales y la miseria convertían cada día a la minería en un escenario más propio de los campo de batalla, con más de 50.000 mineros en Asturias en los frentes de avance abiertos en decenas y decenas de minas, pozos, chamizos y galerías,  no había día que no viera escapar la vida de algún minero, la esperanza de muchas familias. En aquella minería de trinchera, los huérfanos del carbón eran el pan de cada día, una imagen demasiado parecida a aquellos relatos tristes de Charles Dickens, de pretéritos paisajes industriales plagados de hollín y penurias. En aquella época brotó del Sindicato Minero la necesidad de un Orfanato que diera respuesta a tantos guajes, sin padre, con los sueños rotos, en franca situación de desamparo.

Hoy Fundoma, Fundación Docente de los Mineros de Asturias, el hospicio minero, impulsado en 1929 para acoger y atender a cientos de huérfanos de trabajadores fallecidos o hijos de familias productoras en riesgo de pobreza,  es, como el Adaro, la Brigada, el Montepío, el Instituto Nacional de Silicosis, La Universidad Laboral o el Instituto Nacional del Carbón CSIC,  uno de esos hitos emblemáticos en la larga historia del Carbón en Asturias y España.

El proyecto inicial, tan necesario por el drama social al que debía atender, como integrador y vanguardista, era más ambicioso aún que el que más tarde se vio afectado por la Guerra y la dictadura, y hermanaba como proyecto educativo con las grandes escuelas humanistas europeas. Los conflictos bélicos y políticos de mediados de los años 30, pese al consenso general que inspiró su demanda, mermaron su idea original; y posteriormente se vio amputado por las necesidades de espacio del antiguo hospital central de Asturias con quién compartió espacios en Oviedo en una larga y dura postguerra hasta que en los años 60 se impulsó la primera ciudad sanitario en El Cristo de Oviedo. Cuando el Orfanato Minero recuperó sus instalaciones, las minas ya eran más seguras y proyectos como la Universidad Laboral de Gijón y los colegios, institutos y centros profesionales públicos y privados cubrían una parte importante de la actividad formativa.  Con Hunosa ya en marcha y el régimen especial minero de la Seguridad Social, el desarrollismo y el primer “baby boom” de los años 70 se comenzaba ya a dejar atrás el concepto de orfanato.

 

Publicación de época y una colonia del Orfanato en una salida a Salinas.

Una historia para recordar, que habla de Solidaridad.

Como el Montepío, el Estatuto de los Mineros, el vale de carbón, los economatos, las huelgas por la democracia o el futuro de las comarcas, o la brigada de salvamento… el Orfanato Minero constituye uno de esos nombres pilares y emblemáticos de la prolija y orgullosa historia con mayúsculas que nos ha legado la familia del Carbón asturiana. Una historia tras la que se esconde el drama de cientos de familias que quedaron desamparadas por los accidentes mineros. Que habla de solidaridad. Y que merece ser divulgada y recordada, implícita en ese legado de valores que hoy defiende, reivindica y esgrime el Montepío como patrimonio a preservar de cara a los retos, a buen seguro distintos, pero no por ello menos importantes, que sin duda deberá atender la ciudadanía presente y futura en esa permanente construcción de una sociedad de bienestar que de respuesta a las necesidades de cada tiempo.

Uno de los primeros grupos en entrar al Orfanato

Y es que parece que fue ayer, pero no ha pasado aún un siglo cuando al prensa regional anunciaba el acuerdo entre el Gobierno español de Miguel Primo de Rivera y los representantes de los trabajadores y los empresarios mineros para auspiciar el nacimiento de un gran Orfanato Minero como fundación docente de carácter benéfico. Corría el año 1929 y un Real Decreto lo ampara como “un necesario servicio de auxilio social”, respuesta a una persistente reivindicación del Sindicato de Obreros Mineros Asturianos  liderado por Manuel Llaneza que, en sintonía con las numerosas propuestas que el movimiento obrero de finales del siglo XIX abanderaba en las ciudades y comarcas industriales de Europa con el fin de tratar de atender al menos en lo más básico las necesidades de las personas. Llaneza había exigido en numerosas ocasiones a Primo de Rivera (la idea original fue aportada en 1917 por el sindicalista y minero José de la Fuente) una solución rápida y urgente a la situación de abandono y, en muchos casos, de hambre real, que padecían numerosos hijos de mineros muertos o incapacitados por accidente laboral. Una realidad social dolorosa y descorazonadora, que tenía a cientos de niños y niñas pobres, abandonados a su suerte por las calles, pueblos o escombreras , con peligro real de muerte por penuria, mala salud y sin futuro alguno, a expensas de la caridad. Aquellas escenas de pobreza en las calles, tan magistralmente relatadas en el siglo XIX por Charles Dickens en el origen de las ciudades industriales inglesas de la época Victoriana (Cuento de Navidad, Oliver Twist) también se vivieron y padecieron por muchas de nuestras familias en Asturias. No son pocos los mineros ancianos que hoy, memoria viva de aquel tiempo, recuerdan como siendo niños, les hicieron el favor de sus vidas metiéndolos a trabajar en las minas con 10 o 12 años, pese a que la ley no lo permitía. ¿Esclavitud infantil? pura supervivencia.

La sala médica y una publicación de época.

Un dinero por tonelada de carbón para los huérfanos

La historiadora María Fernanda Fernández Gutiérrez sintetiza de forma magistral en su trabajo sobre el Orfanato, publicado por Real Instituto de Estudios Asturianos, que “la idea era sencilla y justa: se trataba de recoger y educar a los hijos de los mineros del carbón muertos o incapacitados, un grupo numeroso y desasistido, que innegablemente precisaba del respaldo de un organismo oficial que superase medidas aisladas de caridad o ayuda, las únicas que hasta entonces subsanaban sus abultadas carencias. Y para hacerlo posible se trataba de hacer revertir sobre la masa de productores (mineros) parte de los beneficios obtenidos con su trabajo, decidiéndose que el Orfanato sea sostenido con la aportación patronal de una cantidad fija por tonelada de hulla producida, conociéndose como el canon del carbón”.

El Orfanato ve la luz definitivamente en 1931, rigiéndose su gestión mediante un Patronato en cuya Junta se sentaban los cargos públicos, patronos de empresas mineras, sindicalistas y obreros, “todos ellos reunidos para colaborar en el bienestar del frágil y crecido colectivo de huérfanos de la minería”. En el primer Patronato estaban representados, entre otros, el Director General de Minas y Combustibles de España, Rafael de Ormaechea, el vicepresidente de la Diputación de Asturias, José de Argüelles; el portavoz del Distrito Minero de la Provincia,  Miguel de Aldecoa, el del Consejo de Combustibles, Eugenio Cueto; los empresarios mineros José Cabrera, Rafael Belloso y Gerardo Berjano, y los líderes sindicales Manuel Llaneza, Amador Fernández y Belarmino Tomás. Conviene citar también a Manuel Rico Avello, secretario general y abogado de la Compañía Minera y Sociedad Patronal de Mineros de Asturias, nombrado para conciliar los intereses patronales y obreros, promoviendo obras sociales como el citado Orfanato.  Llaneza, hombre fuerte en el contexto del proyecto, apoyaba su visión el perfil humanista de sobre el Orfanato como Institución educadora en Ernesto Winter, Gijón 1872-Oviedo 1936) de origen francés, pedagogo y humanista, cuya familia había recalado en Asturias procedente de Alsacia, para trabajar en una empresa de vidrios gijonesa.

Winter, que había estudiado para arquitecto en la Universidad Central de Madrid (más tarde se licenciaría como Ingeniero de Minas en Lieja), sintonizaba desde entonces con el ideario de la Institución Libre de Enseñanza (de hecho Fernando de los Ríos prologa su obra, Elogio de la inquietud), un forma de ver y entender la vida que irradió en Asturias desde que en 1922 en regresara a España como ingeniero de las Minas de Coto Musel en  Laviana (Asturias), donde por primera vez contactó con Llaneza y con la pedagogía. Esa es la base sobre la que en 1930 arranca en Oviedo el Orfanato Minero, con Winter como primer director. Tras las elecciones generales de 1936, Ernesto Winter dimite como Director, dado que las nuevas autoridades habían pedido su relevo por Eleuterio Quintanilla, dirigente anarquista. No obstante, cuando se produce el golpe de Estado que en 1936 dio inicio a la Guerra Civil, Ernesto Winter se mantiene en el puesto a la espera de ser relevado. Detenido poco después, es interrogado por el Coronel Aranda y posteriormente puesto en libertad. Sin embargo, el 6 de noviembre de 1936 mientras trabajaba en el Orfanato con los niños un grupo de sublevados franquistas lo detuvieron junto a su hijo y los fusilaron en Pando, a la afueras de la ciudad, junto a las vías del ferrocarril.

Ernesto Winter, fusilado en 1936, había pensado un Orfanato Minero humanista, naturalista y laico, que impartiera la Escuela Nueva al estilo de Giner de los Ríos o María  Montessori

Ernesto Winter y un equipo de dirección y docentes en los años 50.

El lema fundacional de la institución era “educar en la tolerancia y la perfección, con una refinada educación integral y moderna, de acuerdo con la más selecta pedagogía, imprimiendo los más sensibles matices de un ambiente familiar”. El problema para el Orfanato, como queda patente en la dramática muerte de su primer director, fue afrontar años convulsos, la caída de la monarquía de Alfonso XIII, la llegada de la II República, la, Revolución de Octubre del 34, la Guerra Civil, la postguerra… La idea original del Orfanato se vio sacrificada desde la misma toma e incautación de las instalaciones por parte del Coronel Aranda en octubre de 1937, que decidió trasladar a siete de sus pabellones el Hospital Provincial de Asturias, destruido en Llamaquique. La medida provisional duraría 25 años, hasta 1961. Pero esta actividad médica y la penuria económica limitaría para siempre la actividad del Orfanato y aquel ambicioso proyecto fundacional, que Winter había concebido bajo los preceptos de la Escuela Nueva, humanista, naturalista, higienista, laica y abierta a los movimientos innovadores europeos, hermanada en esencia con las kidergarten de Friederich Froëbel,  las Escuelas al Aire Libre de Lemonier y Beginski, las del Bosque y el Mar, de Giner de los Ríos en Barcelona, las del Ave María del Padre Manjón, las del pedagogo y médico belga Ovide Decroly y las María Montessori en Italia. Ese era el frustrado marco.

Tras la marcha del Hospital Provincial de Asturias a El Cristo, el Orfanato Minero, limitado por las carencias presupuestarias  y de espacio a atender a no más de 150 niños y niñas desde el final de la Guerra en 1939, recupera en 1960 sus espacios, pero a las puertas del desarrollismo, las necesidades ya eran otras y el coste de afrontar las reformas profundas por el mal estado de las instalaciones, muy castigadas por la actividad hospitalaria y las continuas adaptaciones que tuvieron que realizarse, era prácticamente que disuasorio. De hecho proceso de rehabilitación de los pabellones se lleva a cabo desde 1969 a 1978 en varias fases. Para entonces el número de huérfanos de la minería, ya había disminuido, y las necesidades educativas e incluso sociales eran ya muy distintas. Era la etapa de la nacionalización y la concentración de las minas en Hunosa, del nacimiento de la Seguridad Social y del régimen especial de la minería. De la apertura y entrada de nueva tecnología y de las campañas de prevención de la salud laboral. Además, el nacimiento previo en 1946 de la Universidad Laboral de Gijón supuso de facto la reconversión y readaptación de aquel proyecto inicial para el Orfanato Minero de Oviedo. Cabe recordar que la Laboral nace en Somió-Gijón, tras un grave accidente minero en la comarca del Caudal que dejó varios muertos, como fundación benéfico-docente que llevaría el nombre de “José Antonio Girón”, el gran ministro de Trabajo de Franco, destinada a la “formación cultural, moral patriótica y profesional de niños huérfanos cuyos padres hayan sido víctimas de accidentes de trabajo en la minería”. Y la Laboral, con unas instalaciones punteras, fue la gran apuesta hasta convertirse en un gran referente formativo moderno, sin menos cabo de la labor desempeñada por el Orfanato en su sede de Oviedo, quizás menos ambiciosa en recursos, pero no menos trascendental por lo mucho que hicieron por miles de familias en los aspectos solidarios, formativos y educacionales.

Vista área del Orfanato Minero, hoy FUNDOMA en Oviedo.

Vinculados a la actividad del hospicio minero, también es importante recordar en este Álbum del Carbón las colonias escolares “de recreo, restablecimiento de salud y de educación no formal”, desarrolladas en Salinas, y también en León, en los enclaves de Pola de Gordón y Villamanín, desde 1931. La de Villamanín, con edificio propio, fue muy importante, y pese a la escasez de recursos, el Orfanato llegó a destinar desde agosto de 1942 fondos fijos para la construcción y sostenimiento de un edificio singular por el que durante muchos veranos han pasado miles de niños de las comarcas mineras. También en la Costa Asturiana se llevaron alguna iniciativa más de este tipo, en Santa María del Mar o Perlora, por citar algunas. Era el turismo de salud y refuerzo infantil, los primeros campus para los hijos de un tiempo en el que la pujante Sociedad Minera asturiana, con más de 30.000 empleos directos, soñaba con un mundo mejor.

Notas: 

En 1978 regresan al patronato del Orfanato los representantes de las centrales sindicales y de la Cámara Oficial Minera de Asturias, excluidos hasta entonces, por la modificación en el año 1941, del Real Decreto de 1929 sobre la composición y nombramientos del patronato.

En 1990 se acuerda actualizar la imagen del orfanato, aprobándose un cambio de nombre y de sus estatutos, inscribiendo a la institución en el Registro de Fundaciones con el nombre de FUNDOMA, Fundación Docente de Mineros Asturianos. Este proceso, concluido en 1991 inicia la nueva etapa de la institución, estrenándose en 1992 con la inauguración de la Residencia universitaria «Clavería». Para entonces, el nuevo FUNDOMA contaba ya con dos residencias infantiles y dos de enseñanzas medias.

Cada cierto tiempo, ex alumnos-as del Orfanato Minero suelen reunirse y realizar actividades de recuerdo y memoria del Centro, como una gran familia.

TEXTO: ALBERTO ARGÜELLES

FOTOS: ARCHIVO DEL MONTEPÍO DE LA MINERÍA

«El puente de Julio», texto presentación del libro «La minería del carbón en Cangas del Narcea»

El profesor de Historia y Máster en Historia y Análisis Sociocultural por la Universidad de Oviedo y Mutualista del Montepío de la Minería Asturiana, Alfonso López Alfonso, oficio el sábado 7 de mayo de 2022 en la Feria del Libro de Cangas del Narcea (2ª edición) como prologuista del libro 📚 «La minería del carbón en Cangas del Narcea», una obra del ingeniero Enrique Rodríguez García, que, por su valor documental e interés, resulta clave para contextualizar la importacia del sector en el Suroccidente asturiano. Lo titulo «El puente de Julio». Lo reproducimos textual:

«Si la envidia sana existe creo que es legítimo admitir que siento una profunda envidia de Enrique Rodríguez García. Y quizá, claro, la envidia sana no exista.

Moncóu, de donde yo procedo, dentro del Río Rengos, es un lugar centenario, milenario quizá, en el que desde los años cincuenta del siglo XX los cambios fundamentales se produjeron en torno a la mina. Mineros eran muchos de los hombres del pueblo que pertenecían a la generación de mi abuelo Valeriano, nacidos en torno a la década de 1910, y mineros eran todos los de la generación de mi padre, nacidos en los años de la Guerra Civil o en la inmediata posguerra. Eran lo que se conoce en la bibliografía del centro de Asturias, donde el tema está más estudiado, como mineros mixtos, es decir, que compatibilizaban su labor en el mundo sumergido con el cuidado de la casa y el ganado. Mineros fueron también todos los hombres del pueblo de la edad de mis hermanos mayores. Mineros fueron, por tanto, mi padre, mis hermanos y mis cuñados. Por el contrario, las únicas minas que yo conozco son aquellas visitadas como elementos esencialmente lúdicos, como el pozo San Luis, por ejemplo, en el valle de Samuño, muy próximo a Ciaño, en Langreo. Y sin embargo no sabría explicarme sin la mina. Desde la cuna me hizo la mina ser quien soy y me dio buena parte de la formación que tengo, puesto que pasé diez años en el Orfanato de Mineros Asturianos (después FUNDOMA) en la suave ladera de Fitoria, próxima al monte Naranco de Oviedo. Luego fueron las becas proporcionadas por los Fondos Mineros las que me permitieron en buena medida seguir estudiando cuando llegué a la Universidad. Siendo el origen de mi mundo ese entorno y teniendo cierta vocación de escritor –aunque sea de escritor fracasado, que siempre tiene algo de glamur- es normal que sienta ahora cargo de conciencia por no haber sido yo quien dé forma al primer libro que se ha hecho sobre la minería en nuestro concejo. Pero qué le vamos a hacer, otro con más experiencia directa sobre la mina e infinitamente más conocimientos de los que yo tengo sobre el asunto se ha encargado de poner la primera piedra en nuestra bibliografía minera. Esperemos que no sea la última en este mundo declinante de la minería y la demografía canguesas.

Imágenes de Mina Carbonar en 2016, del Parque de Carbones y Lavadero en Vega de Rengos, del Archivo Histórico Minero, entidad colaboradora con el Montepío.

El libro de Enrique es técnico, es uno de esos libros en los que hablan los datos, bien hilvanados y elaborados. Uno de esos libros necesarios para que vengamos después quienes tenemos alma de poetas a construir nuestros inútiles discursos subiéndonos a sus hombros. La sentimentalidad ha de crecer sobre un terreno previamente abonado; no se puede hacer pan si no sembramos primero el trigo. Es un libro técnico, como digo, pero con algunos detalles que lo harán emocionalmente perdurable porque está escrito contra el olvido. Nos dice Enrique que “si pudiéramos sacar de las profundidades de las montañas la estructura de una mina de Rengos, y ponerla encima de la tierra, veríamos una inmensa obra de ingeniería, hecha por mineros con muchos años de preparación, que hicieron un trabajo muy especializado”.

Enrique fue ingeniero técnico en la empresa CARBONAR y hace valer su mundo. No cabe duda de que la mina ha sido una parte fundamental de su existencia, pero al mismo tiempo hay en el libro detalles que conmueven por su calidad humana y por la verdad acerca de la minería que, quizá de forma inconsciente, entrañan. Orgulloso de su oficio, durante la preparación del libro Enrique llevó a sus hijos de excursión a visitar las antiguas explotaciones mineras del Río de Rengos, a intentar que contemplaran, y son sus palabras, aquellos trabajos y aquellas estructuras que se desarrollaron “enterradas a varios cientos de metros de profundidad en el interior de la montaña”, pero que una vez que se cierran las minas “queda todo inundado, no pudiendo preservar para el futuro todas estas labores que se construyeron durante tantos años de explotación”. Y añade: “Si a un profano hoy lo llevamos a visitar la zona de las minas cerradas de Antracitas de Gillón y le intentamos explicar lo que ocurrió allí durante tantos años no lo entendería, sería difícil convencerlo de que en los tiempos de mayor actividad de esta mina había 1.150 personas trabajando diariamente en la zona, la mayoría bajo tierra. Además también le diríamos que había una flota importante de camiones transportando el carbón, tolvas, aseos, oficinas, vías de tren, kilómetros de túneles, centros de transformación eléctrica, etc.”

Da la impresión de que, de forma implícita, Enrique también reconoce que la mina, en relación con su medio natural y humano, una vez que se acaban los beneficios económicos, deja el agujero y se va. Agujeros y estructuras que pueden ser bellos, como lo son Las Médulas, por ejemplo, obra de la minería aurífera romana, o como lo son los castilletes del centro de Asturias o las bocaminas de nuestro entorno, pero agujeros al fin y al cabo, cuyo recuerdo, y vuelvo a coger las palabras de Enrique, “se apaga con el último minero”. Y después viene la nada, como en esos poblados fantasma de los westerns, con el ulular del viento y el chirrido de los goznes de las puertas del saloom solitario, con esas plantas rodantes atravesando la ancha calle central de un pueblo sin asomo de vida, iconografía por excelencia de una melancolía que nos atañe a todos.

De la mina abajo no hay trabajo, dice el adagio, y pocos trabajos habrá más hostiles y antinaturales que los realizados en las minas por testeros. El inframundo de Hades es un lugar poco apetecible, nada envidiable, aunque las prejubilaciones irrigadas desde Europa nos hayan hecho en ocasiones creer lo contrario. En ese sentido hay en el libro de Enrique una imagen fugaz que creo representa muy bien los sentimientos encontrados que puede generar la mina. Me refiero a la imagen del pueblo de Samartinu los Eiros, un cogollo de casas, hórreos y paneras que se veían desde Moncóu y que desapareció para siempre: la casa Galán, la de Cadenas, la de Murias, la de l’Aredera y tantas otras que ya no están. El pueblo fue enterrado por subsidencia minera, signifique eso lo que signifique. Ahora no se aprecian allí más que suaves cicatrices donde una vez estuvieron las casas. Cicatrices que nos recuerdan la inmediatez del olvido. Conozco a muchos de los que fueron habitantes de Samartinu y, cuando me tropiezo con ellos, con Toño el de Cadenas, por ejemplo, siempre les digo en broma que tienen algo de israelíes y a la vez de palestinos. Tienen algo de israelíes porque viven en la diáspora y algo de palestinos porque ya son un pueblo sin tierra. Tienen algo también de Orestes, pero sin Micenas a la que regresar; o de Ulises, pero sin Ítaca a la vista. Cuando ellos desaparezcan se irá con ellos el recuerdo de ese mundo en el que sus antepasados trataron de injertar una manera de amar la casa para que en días venideros la mantuviera en pie su estirpe. La mina, como a todos los demás del entorno, les dio mucho, pero en su caso también les arrancó la matriz condenándolos antes de tiempo al estéril olvido.

Siempre que hablo de Samartinu me acuerdo de mi vecino Julio, de casa Capicheiro, que tenía un proyecto entre delirante y poético para unir Moncóu con Samartinu, pueblos que están más o menos a la misma altura de la montaña, frente por frente, separados por el estrecho corredor del río Narcea. Cuando en Moncóu celebrábamos la fiesta se oía desde Samartinu, y viceversa, cuando ellos, si no recuerdo mal el 11 de septiembre, celebraban su fiesta, oíamos la música con mucha nitidez desde Moncóu. Julio, por aquellos días dorados de mi infancia proponía que había que hacer un puente para comunicar los dos pueblos. Él lo planteaba con seriedad y todos nos reíamos de su descabellada idea, pero hoy pienso que la idea de Julio entrañaba una metáfora de la existencia que los puentes representan muy bien por su capacidad para salvar distancias, para comunicar aquello que está separado. Nosotros les llamábamos a los de Samartinu “carneiros” y ellos a nosotros “fabas prietas”. Julio supo antes que nadie que todos pertenecíamos a la misma estirpe y que todos estábamos condenados a la misma desmemoria, solamente que unos antes que otros.

Decía el escritor Graham Greene que tener una infancia desgraciada era la mina de oro de cualquier escritor. Yo no soy de esos porque hay una multitud de detalles que convierten mi infancia en una Arcadia perdida. Entre esos detalles, sin duda, está el puente de Julio entre Moncóu y Samartinu.

Aunque a mí la mina me ha hecho ser el que soy y forma parte de mi vida del mismo modo que lo forman las vacas, los castaños o la mole de piedra caliza que da nombre a mi pueblo, siempre me he sentido un poco raro en mi entorno y mi familia. Fui el primero y único de mis hermanos en nacer en un hospital (el de Oviedo) y eso hacía que de niño me tomaran el pelo diciéndome que yo no era de la familia, que me habían cambiado al nacer y que el verdadero hermano de mis hermanos andaría por esos mundos enfrentándose a la vida. En el fondo me habría gustado que aquella historia fuera cierta porque me daba esperanza. Me imaginaba la vida del “auténtico hermano” como algo envidiable, una vida repleta de aventuras que hacía parecer anecdóticas las novelas de Jack London. Yo era especial, procedía de otro entorno y algún día la familia de buhoneros o quien quiera que me hubiera perdido en aquel hospital, regresaría a por mí. Me sentía distinto y al mismo tiempo algo inferior al resto de mi familia porque, desde que tengo uso de razón, siempre quise alcanzar esa especie de normalidad legendaria que se respiraba en mi casa cuando las cosas iban por el cauce que les correspondía y podían controlarse. Esa normalidad que yo envidiaba la representaban mis hermanos, siendo capaces de continuar la tradición, trabajando en la mina y en el campo y manteniéndose alejados de los libros que, en mi caso, empezaron a atraerme desde que fui capaz de entender lo que decían.

Ansiaba una familia ajena, pero en el fondo intentaba por todos los medios ganarme un lugar en la propia. Quería que unos buhoneros o quien fuera pasaran a buscarme únicamente porque deseaba que los míos me aceptaran como uno más. Sin ser consciente entonces, lo único que quería era formar parte de su mundo, ser capaz de trabajar con las manos, de defenderme en el campo y la mina. Quería entender lo que era una galería, qué significaba la palabra rampa, quería poder picar de resgao, dar la tira y postear; cabecear la madera, hacer llaves, poner un rachu, recuperar el hierro y otras cosas por el estilo, pero mucho me temo que a lo largo de la vida me he mostrado bastante torpe en las cosas realmente importantes, aquellas en las que se pone el corazón y se hacen con las manos.

Desgraciadamente, lo único que yo sé hacer con las manos es golpear las letras de un teclado para formar con ellas palabras que a menudo salen desafinadas, incapaces de proporcionar consuelo porque no entienden del todo que realizar una alabanza épica de los mineros quizá sea una forma de mentir, porque los héroes no existen o sólo existen en las novelas, pero que al mismo tiempo, relegarlos a una realidad anodina y convencional como la que tenemos el resto de los mortales tampoco es contar la verdad del todo».

Alfonso López Alfonso

Profesor de Historia y Máster en Historia y Análisis Sociocultural por la Universidad de Oviedo y Mutualista

En la Segunda edición de la #FeriaDelLibro de #CangasDelNarcea asistimos a la presentación del libro 📚 «La minería del carbón en Cangas del Narcea», del ingeniero Enrique Rodríguez García.
👁‍🗨 Se trata de un trabajo documental, esperado, excelso, necesario y vital para conocer la historia minera ⚒ del suroccidente asturiano.
🗣 Como presentador y padrino del trabajo ejerció el periodista Cristóbal Ruitiña, presentador de Noticias en RTPA y profesor universitario. Y también, ⏬Alfonso López Alfonso profesor de Historia y Máster en Historia y Análisis Sociocultural por la Universidad de Oviedo y mutualista #Montepío ⚒ Los dos, junto con el autor, Enrique Rodríguez García ‘Santolaya’ (Ingeniero Técnico de Minas e Ingeniero Técnico de Sondeos y Prospecciones), son miembros de El Payar de la Sociedad Canguesa de Amantes del País «TOUS PA TOUS»
 
📚 El libro ha sido editado por Tous pa Tous – Cangas del Narcea con el apoyo de Librería Treito

Aniversario de La Huelgona del 62, la protesta minera que dio la vuelta al mundo

Estos primeros días de abril de 2022, la prensa asturiana recuerda con reportajes especiales el acontecimiento histórico, con repercusión internacional, que protagonizó la familia minera ⚒ asturiana hace 60 años, conocida como #LaHuelgonaDel62 o La huelga del maíz 🌽
Por su valor documental, recuperamos aquí el repor que dedicamos en nuestra  #RevistaMontepío hace ahora justo 10 años, al celebrarse su 50 aniversario. Fue en Primavera y hasta Picasso llegó a dibujar una icónica lámpara minera como apoyo (Y búsqueda de complicidad por parte de la intelectualidad europea: (de Picasso a Úrculo; de Alberti a Gil de Biedma, muchos se comprometieron) a la lucha minera asturiana, que iba mucho más allá de unas condiciones dignas de trabajo y futuro, cuando la llegada de la democracia en España aún le faltaban muchos capítulos, demasiados capítulos, por llegar: otras 12 +1 primaveras harían falta.
La Minería asturiana protagonizó desde el siglo XIX distintas páginas de hondo valor en la historia política y social de nuestro país. Esta es una de las destacadas, y merece la pena recordarla. Recuperamos tal y como fueron documentadas estas páginas en la primavera de 2012 por el director de Comunicación del Montepío, Alberto Argüelles, apoyándose en diversas fuentes documentales.
 

“Asturias si yo pudiera cantarte…

dos veces, dos has tenido/“ocasión para jugarte /

la vida en una partida: Y las dos te la jugaste”. 

La huelga del maíz, 50 años de la primavera minera asturiana

Foto apertura de reportaje: Manifestación en Bruselas en apoyo de los mineros asturianos en la Huelgona del 62.

Puede descargar también el Reportaje en pdf ⏬ La huelgona del 62

Dice la letra del poema “Asturias”, uno de los más populares y conocidos del escritor salmantino Pedro Garfias, exiliado en México tras la Guerra Civil, que nuestra comunidad tuvo “dos ocasiones” para “jugársela” en su reciente historia. La composición, verdadero himno oficioso del Principado desde que en 1976, en plena Transición, fuera convertido en canción por el cantautor mierense Víctor Manuel, alude sin rodeos a la Revolución de Octubre de 1934 y a la posterior defensa que los mineros hicieron en su Tierra en 1937 del legítimo gobierno republicano. Ambos episodios finalizaron con una cruel represión que el ultraísta Garfias conoció de primera mano en Madrid, por su vinculación, e incluso protección, a mineros comprometidos con el llamado Frente Popular. Su sentida poesía refleja aquellos sucesos, de trascendencia internacional, idealizados posteriormente por la izquierda europea en un contexto de lucha antifascita, y que grabaron a fuego la propia idiosincrasia progresista de las comarcas mineras asturianas, vigente en nuestros días.

Pero como dice el dicho popular “no hay dos sin tres”. La referencia de Garfias a los dos envites jugados (y perdidos, con las dramáticas consecuencias de sobra conocidas) por el movimiento obrero de los mineros asturianos, tuvieron su epílogo en abril de 1962. Se cumplen así ahora 50 años de unos sucesos ocurridos en las comarcas mineras asturianas, protagonizadas por mineros, quizás menos conocidas por los más jóvenes al encontrarse inmersas en del devenir monolítico de los 40 años de la España franquista, y que los historiadores resaltan por su influencia sobre la política de entonces, dándola a conocer como “La huelgona”.

Una protesta minera, silenciosa, supuestamente esporádica, y aparentemente desorganizada, contra el abominable régimen del dictador Francisco Franco. Una huelga minera en tiempos de miseria, prendida sin ninguna duda sobre el sustrato de aquellos envites que las décadas de los años 10, 20 ó los convulsos 30 y  moldeada en la condición solidaria de minero, incorporada a memoria, que emergió como singular y emblemática respuesta en el momento en el que más comenzaba a resaltar el evidente atraso entre una España sumida por la dictadura y una Europa Occidental democrática y en pleno desarrollo social y económico.

Fotos facilitadas por el Archivo Histórico de UGT.

MINEROS DESTERRADOS DE ASTURIAS POR PROTAGONIZAR LA PRIMERA HUELGA DE LA MINERIA ASTURIANA DENTRO DEL REGIMEN FRANQUISTA EN 1962.

Mineros detenidos en la Prisión Provincial de Oviedo.

EXPOSICION HUELGONA 62/  Láminas del gran artísta Úrculo

Coincidiendo con la fecha en la que hace ahora 40 anos el despido de siete trabajadores mineros del pozo Nicolasa de Ablana (Mieres) desencadeno las famosas huelgas de 1962, la Fundacion Juan Muniz Zapico de CC.OO presento en Mieres el libro titulado «Hay una luz en Asturias…las huelgas del 62» y reunio a los veteranos, en la
imagen, de aquellas huelgas a los que se rindio homenaje con una comida de confraternizacion/Alberto Morante

De hecho, esta protesta, en la que tomaron parte millares de trabajadores, hijos de los perdedores de la Guerra Civil, en su mayoría “no fichados” por la policía del régimen, al carecer de responsabilidades políticas o sindicales directas con las organizaciones con las organizaciones socialistas, comunistas o anarquistas en el exilio, fue tal vez uno de los golpes más certeros sufrido por el franquismo.  Lo fue porque estuvo arropada y promocionada por un importantísimo número de intelectuales de reconocido prestigio mundial. Porque la izquierda europea comenzaba a sentir incomprensible el mantenimiento de dictaduras en el Viejo continente, la de España incluso auspicia por Estados Unidos, que había renunciado a su espíritu libertador del 45 en aras a la “guerra fría” a escala mundial contra el comunismo pro-soviético. Las bases para el ejército de Estados Unidos fueron la moneda.

Pero “la huelgona del 62” no fue ni mucho menos deslavazada de una serie de acontecimientos que se produjeron antes, durante y después de aquella primavera. En junio de ese año, en Munich, se celebraba el IV Congreso del Movimiento Europeo tras un primer y fallido intento de la España franquista por entrar en la Unión Europea, lo que de facto hubiera supuesto la homologación del sistema dictatorial español al status del resto de países europeos. Para Franco fue un duro revés. Un revés político, incomprensible para el dictador y cuyas verdaderas razones trataba de explicar los órganos de propaganda del régimen bajo aquella simplista oscura “confabulación judeo masónica y comunista” (todo era cosa de los comunistas, en claro guiño a su tabla de salvación norteamericana).

Por mucho que esgrimiese su condición de país aliado a los Estados Unidos, la España del desarrollismo creada por Franco a sangre y fuego, chirriaba internacionalmente con aquellos dos sonoro “No” a la entrada en la Unión Europea.  Mientras aquello ocurría en la escena internacional, en varios puntos de la Cuenca minera asturiana se producía lo que muchos apodarían como la huelga del maíz, en alusión al cereal que hombres y mujeres tiraban a escondidas en los caminos y caleyes que conducían hasta el pozo minero con el fin de hacer reflexionar a los esquiroles sobre la “domesticación” y “entrega” al franquismo que su decisión de trabajar comportaba durante la huelga. Una manera tremendamente simbólica de llamarlos “gallinas” y “apesebrados” y que, curiosamente, respondía a tácticas que permanecían en esa memoria de huelgas hechas en Asturias a principios de siglo.

Las huelgas del 62 y del 63 en Asturias cobraron en el concierto internacional más protagonismo del que esperaban sus anónimos protagonistas, por ser un hecho coetáneo a los intentos de entrar en Europa y, especialmente, por aquello que la prensa franquista llamó el “Contubernio de Munich” (la primera referencia despectiva hacia el IV Congreso del Movimiento Europeo aparece en el diario falangista Arriba). Una cita importante para la España alternativa a Franco y que acaparó los ojos de la prensa internacional al contar con la presencia de 118 políticos españolas de todas las tendencias opositoras al régimen (desde monárquicos liberales a socialistas y socialdemócratas, pasando por nacionalistas y democratacristianos), representativas de organizaciones o líneas de pensamiento tanto con dirigentes residentes en España, como en el exilio, a excepción del Partido Comunista.

Para la historia de aquel encuentro en la capital bávara, quedaría la frase del historiador y diplomático español Salvador Madariaga, que había sido ministro del gobierno cedista de la derecha durante la II República: “Hoy ha terminado la Guerra Civil”, un reconocimiento a que, mientras para algunos, lo que estaba sucediendo en Münich era un simple “contubernio”, para la mayoría era el primer intento serio de restañamiento de las dos Españas, un hecho que la comunidad internacional tenía claro, pese a la entrada en 1955 en la ONU (promocionada por EE UU) y que desgraciadamente, no se produciría hasta 13 años más tarde, con la muerte de Franco y el inicio de la llamada etapa de Transición a la democracia.

ECOS EN LA PRENSA INTERNACIONAL

 

Los historiadores que se asomaron y aún se asoman con notable interés al cumplirse 50 años de un acontecimiento que por tercera vez en el siglo XX proyectaría internacionalmente la imagen de una Asturias rebelde y revolucionaria, valoran la coincidencia de hechos en el tiempo como detonantes del inicio de las primeras grandes grietas en los muros del régimen franquista, dado el uso que todos ellos hicieron de los hechos que ocurrieron en las comarcas mineras y en Munich, pero también en ciudades como Bruselas, París, Roma, México o Toulousse… con manifestaciones, recaudación de fondos, conferencias… etc. La explicación sociológica, perfectamente hilvanada, en la sucesión en la línea del tiempo histórico del país y de una región donde la minería y la siderurgia conformaron una sociedad cimentada en la solidaridad de la necesidad, junto con toda la carga política y sindical acumulada, propiciaron el caldo de cultivo ideal para que fuera en las Cuencas, y no en otro sitio, aquella “inexplicable” oleada de huelgas.

Y es que en ellas tomaron parte millares de trabajadores, hijos de los perdedores de la Guerra Civil, sin responsabilidades políticas o sindicales directas con las organizaciones socialistas, comunistas o anarquistas en el exilio, literalmente masacradas y desactivadas en “suelo patrio”. Y lo hicieron frente a ese aparato represor que llevaba 23 años funcionando de una manera despiadada. Los propios dirigentes o cuadros de las organizaciones políticas y sindicales reconocen que aquel momento la situación no permitía ni el más mínimo movimiento organizativo: quienes no estaban en la cárcel estaban en el exilio, fichados o extremadamente vigilados. Nada se escapa en cada barriada, en cada pueblo, en cada camino… al control de una policía que en dictadura no dejaba de funcionar como lo había hecho, o lo hacían de aquella, la Gestapo, la Stasi o la KGB.

El contexto: así era Asturias en 1962 (o así lo transmitían los medios oficiales de entonces):

Reproducimos por su valor este interesante Reportaje publicado por la Revista Ibérica en noviembre de 1963, testimonio de lo sucedido aquellos meses: «Los mineros confirman».

Ibérica fue una revista de periodicidad mensual, editada en Nueva York, que se publicó entre 1953 y 1974. Estuvo relacionada con la oposición democrática antifranquista española. Fue dirigida nada más y nada menos que por Victoria Kent, abogada y política republicana española primera mujer del mundo que ejerció como abogada ante un tribunal militar y en una de las tres mujeres diputadas del Congreso de los Diputados durante la Segunda República. Se hizo revista independiente después de haberse publicado durante el primer año en forma de boletín informativo, dentro de otra llamada Hemispherica. En ella colaboró con artículos el diplomático y escritor Salvador de Madariaga, una recopilación de los cuales fue publicada en 1982 bajo el título Mi respuesta, así como también Raúl MorodoEnrique Tierno GalvánRamón J. SenderAlbert Camus,6​ Juan GoytisoloManuel Tuñón de Lara,4​ Dionisio RidruejoMario SoaresHumberto DelgadoFrancisco Ramos da Costa o Emídio Guerreiro, entre otros. La revista contó con el apoyo económico de la mecenas estadounidense Louise Crane, ​ pareja de Victoria Kent, quien ejerció también como coeditora, traductora y administrativa de la revista. En sus páginas se dio espacio tanto a la oposición a la dictadura de Franco en España como a la de Salazar en Portugal.

Expertos como la historiadora Manuela Aroca Mohedano sostienen que el alcance de la huelga de 1962 se asienta en los precedentes huelguísticos ocurridos a finales de los años 50 en Asturias, como la del 57 en La Camocha, con participación de trabajadores en una primera comisión de obreros que registra desde militantes comunistas de JOC o del SOMA-UGT hasta falangistas. Pero el cambio generacional es evidente.

Pese a la represión, las huelgas triunfaron por un ejercicio de memoria innata o adquirida, tanto organización, como en solidaridad. Bastaba una mirada. Aquella espontaneidad y transversalidad que movió la osada acción iniciada en el pozo Nicolasa en abril del 62 es la que ha llevado en las últimas semanas a muchos historiadores y periodistas, en conmemoración y recuerdo de la “Huelgona” a denominar sin tapujos aquella protesta como “la primavera asturiana”.

Sirva como ejemplo el trabajo de Jorge M. Reverte en el diario El País (El artículo “Mieres y Munich, hace 50 años” fue el pasado mes de abril uno de los más leídos de  la prensa nacional), o los amplísimamente trabajador y documentados por los historiadores Ramón García Piñeiro, Jorge Muñiz Sánchez o Ruben Vega, y publicados en diversos medios de comunicación asturianos, incluyendo la reedición “Hay una luz en Asturias… las huelgas de 1962 en Asturias”, por parte de Trea, y con el apoyo de diversas instituciones y entidades, desde el Gobierno del Principado a Cajastur, la Universidad, la Fundación Juan Muñiz Zapico o ayuntamientos como los de Oviedo, Langreo y Mieres, entre otros.

Más allá de lo que por sí solo es un hecho contundente, una huelga ante un dictador despiadado en un contexto en el que nuestro país vivía blindado y al margen de una Europea democrática y moderna, la singularidad del movimiento minero de protesta residió en las personas que, sin remarcada significación y en colectivo, dieron un paso al frente de una manera inteligente, manteniendo viva la acción durante muchas semanas, sin que pareciese en un principio un pulso directo al régimen, lo que hubiera supuesto otro aplastamiento brutal más, consiguiendo con su “silenciosa sostenibilidad” (ir al pozo, vestirse, pero no trabajar), y también, porque no decir, por el cariz estratégico del carbón, y de la necesidad del mineral en resto de la industria, un mayor eco, legitimidad, e interés por parte la comunidad internacional, incluidos los partidos de derecha, y por tanto, más daño.

Especialmente doloroso para los franquistas fue ver como un “intocable” de gran peso intelectual de entonces, como Menéndez Pidal, apoyaba abiertamente el movimiento de huelgas asturiano, como lo haría la prensa internacional o artistas de reconocido prestigio mundial, como Picasso, con su famoso grabado, lámpara minera en mano. Sobra decir que podía pensar las gentes del régimen de la implicación de la iglesia y de algunos de sus colectivos de jóvenes católicos. Todo ello, lógicamente, antes del efecto Cardenal Tarancón.

Aunque en los años posteriores, el régimen combatió cualquier intento de que se interpretara lo sucedido en las cuencas mineras asturianas como el origen de un movimiento transversal que influiría  a toda la sociedad española, de izquierda a derecha, alimentando la necesidad de articular un sistema democrático para España, lo cierto es que su influencia está fuera de toda duda. Y pese a que ninguno los dirigentes que participaron activamente en Munich, o de los intelectuales que firmaron manifiestos y obras en apoyo de los mineros asturianos, tuvieron protagonismo en la Transición española, a ellos y a ese momento, en la primavera de 1962, corresponden palabras clave como “configuración de un sistema de participación democrática “reconciliación” o incluso la posibilidad como salida, entonces remota, de una “monarquía democrática”, aludida a una conversación en pleno “contubernio” entre el socialista Rodolfo Llopis (el PSOE defendía la República) y el liberal monárquico, curiosamente conspirador del golpe de Estado de 1936, Joaquin Satrústegui (de la organización Unión Española, también clandestina, y que acabaría en UCD).

Pero la repercusión del movimiento en las Cuencas y en Asturias si fue evidente. Muchos de los que allí participaron se convirtieron después en líderes sindicales, o, como apunta Reverte “fundaron nuevas asociaciones, como la Unión Sindical Obrera, encontraron sus referencias históricas en las organizaciones históricas de la izquierda, o participaron en la creación y desarrollo del movimiento que se denominó las Comisiones Obreras”,  y que, más tarde, daría lugar al sindicato del mismo nombre, destacado bastión de la oposición antifranquista, con una ventaja o diferencia significada en comparación con la la estrategia que hasta entonces mantenían PSOE, UGT, CNT o el PCE, desde el exilio, como fue infiltrarse desde dentro en los Sindicatos Verticales falangistas, únicos legales.

Lo más curioso de entonces para muchas de las jóvenes generaciones que ahora, con motivo de este 50 aniversario de la “Huelgona” se acercan, releen o simplemente conocen por primera vez lo que pasó,  es comprender  cómo se artículo en medio de una dictadura y con un inexistente movimiento obrero de izquierdas, con muchas dificultades para conectar con el exilio. Incluso muchos de ellos, llegaron a prohibir expresamente a sus escasas células durmientes en el territorio, su implicación en las huelgas, pro el riesgo que podía suponer perder definitivamente su conexión de primera mano con la realidad y el día a día de España.

Todos los testimonios coinciden: “Primero fueron quince días de un mes…después un mes entero, pero cuando la cosa parecía que podía complicarse, volvíamos a trabajar, a esperar el momento… y después parábamos otra semana u otros quince días … al poco, dos meses sin cobrar, pero aunque apretase la necesidad en casa, nadie entraba a la mina. Era como si la solidaridad nos alimentase…llegábamos al pozu, nos cambiamos, cogíamos las lámparas, y cuando estábamos todos  juntos, echábamos la mirada abajo y  sin hablar, no se entraba. Esperábamos y alguien dejaba caer  una lámpara y a continuación todas las lámparas caían al suelo. Todos callados, nadie destacaba, nadie era el primero, todos callado, mirando al suelo. Si un mando preguntaba porque no entrábamos a trabaja, las respuestas eran similares: porque tengo miedo, porque no entra nadie, solo no puedo entrar…”.

Con todo ello, y con la perspectiva que dan asomarse a unos hechos ocurridos hace ya medio siglo, la lección de historia que nos deja “la huelgona del 62”, hecha por mineros anónimos en años de infamia, es eterna:  Y es que la lucha por los derechos y la dignidad de las personas nunca cesa, no tiene tiempo.

Cronología

  • Aunque en 1962, con cerca de 30.000 mineros en la zona central asturiana, hubo diversos acontecimientos laborales que alimentaron un clima general proclive a las huelgas, el detonante se centra en el pozo Nicolasa de Ablaña, en Mieres, tras una reorganización unilateral de los turnos de trabajo. Más de una veintena de picadores deciden como protesta reducir su producción. La empresa los despide el viernes 6 de abril. El sábado siguiente, que era laborable, llega la respuesta: el grueso de la plantilla se niega a entrar a trabajar. La autoridad amenaza con despidos. Y el delegado provincial del sindicato vertical promete soluciones pero pide el restablecimiento de la normalidad. Llegan las primeras detenciones.
  • El lunes día 9, comienza la semana extendiéndose la huelga a otras minas. La empresa ratifica los despidos y da un ultimátum de 24 horas para que los huelguistas vuelvan al trabajo. Al día siguiente, todos van a su centro de trabajo, se visten con la funda y cogen la lámpara, pero nadie entra. Es la llamada huelga del silencio. La empresa pone en marcha el proceso de rescisión de contratos a los que considera probado están secundándola. El miércoles más minas, como Barredo o Corujas, se suman a Polio, Centella o Nicolasa. Los mineros acuden a buscar una solución al director de Fábrica de Mieres, propietaria de las explotaciones (la nacionalización de la mayor parte de la minería asturiana no se produjo hasta 1968-Hunosa). Pero la autoridad supedita una anulación de ciertos castigos a una recuperación total de la normalidad laboral. El jueves los trabajadores comienzan a sospechar que la buena voluntad no se produce por parte de la empresa, mientras, por el contrario, se mantienen los castigos y las rescisiones de los contratos y, junto a la intimidación de un régimen matonista, se produce una nueva vuelta de tuerca: se le niega a algunas familias de mineros identificados por la dirección el acceso a los economatos.
  • Tras la primera semana de protestas, la empresa empieza a anular despidos, aunque se mantienen ciertas suspensiones de sueldo, y se trasladaba de instalación a cuatro mineros. Las medidas no calman la situación y la huelga ya afecta a más pozos en el valle de Turón y en la Güeria de San Juan. A Tres Amigos o Santa Bárbara se suman en los paros Hulleras de Turón, Minas de Figaredo y La Cobertoria. El maíz en los accesos a los pozos y las octavillas comienzan a convertirse en un símbolo y a romper la sociedad de “orden” franquista de las Cuencas. La autoridad provincial comienza a enviar mensajes a Madrid reconociendo que la situación se les ha ido de las manos.
  • El martes día 17 paran más pozos, y se suman los de mantenimiento, algo impensable para las minas de entonces, y los ligados al ferrocarril y al transporte del carbón. Pronto la siderurgia, dependiente de ese mineral, se verá afectada. El paro en la Cuenca del Caudal ya es completo. Y en el Nalón avanza. La policía franquista empieza a investigar conexiones. El sindicato Vertical reconoce internamente que no controla a los trabajadores.
  • El jueves día 19 se producen medio centenar de detenciones, la mayoría por “supuesta coacción” o simplemente informar a otros compañeros del porqué del paro y de cómo secundarlo. En los días posteriores la situación laboral se enrarece en toda Asturias. El sábado 21 trabajadores del puerto de Avilés inician una protesta para que les igualen el sueldo y las condiciones a sus compañeros en El Musel. El lunes 23 de abril el gobierno teme una escalada de acontecimientos y decreta el cierre de pozos para evitar encierros interminables en el interior. Las detenciones continúan. El ministro de Trabajo José Solís se ve obligado a intervenir de manera directa y personal para negociar. Lo hace con una comisión de picadores. Pero no hay una solución inminente. Y todo va a más: La Camocha, en Gijón, para también. Le siguen Pumarabule y Lláscaras. Comienzan a verse asambleas con muchos trabajadores, algo inusual con el derecho de reunión suspendido, y pancartas que van desde el apoyo a la URSS a críticas a la Guardia Civil de entonces y su papel represor. El sábado 28 de abril, 22 días después, aparece un artículo en la prensa asturiana en la que, sin citar la palabra huelga, el gobierno solicita a los mineros la vuelta al trabajo. Pero la condición para volver ya no es solo la laboral, es que se libere a los detenidos. La prensa internacional empieza a airear “la huelgona”.
  • La policía comienza a actuar con mayor virulencia, destapando lconexiones con el PCE, con el PSOE y con organizaciones obreras cristianas. Cáritas, de hecho, llega a entregar públicamente un cheque de apoyo a los mineros para que pudieran comprar alimentos. El jueves 3 de mayo para Montsacro, la última de las grandes minas que seguía en actividad. Y al día siguiente, un mes después, el Consejo de Ministros decreta el estado de excepción en Asturias, y también en Vizcaya y en Guipúzcoa. Las llamadas garantías individuales quedan suspendidas. Una parte importantísima de los mineros comienza a replantearse la huelga por las consecuencias que esta tiene para el conjunto de la población, particularmente en las comarcas mineras. La situación para muchas familias es delicadísima. Algunos defienden seguir hasta el final y planifican encierros, como el de Barredo. Según el archivo policial, se superan los 150 detenidos. Esta cifra se duplica y supera durante el verano. La siguiente amenaza gubernamental es la deportación.
  • El 10 de mayo, 24 trabajadores son detenidos tras un encierro en el pozo San José de Turón y deportados a Valladolid junto con otro grupo de mineros detenidos en Barredo. La represión comienza a dar su fruto, e incluso durante unos días de junio, del 4 al 7 de junio, todo parece normalizarse poco, pero en agosto, al exigirse el día 15 como festivo, todo vuelve a reproducirse, coincidiendo con otras protesta en el pozo Venturo. Los paros vuelven a alcanzar a 20.000 mineros. No obstante, el movimiento empieza a debilitarse con el miedo y las carencias de los hogares, la policía ya sabía cómo responder: precinta pozos, maneja y divide la opinión en los medios, y vuelven las medidas aislacionistas, las deportaciones, la primera de ellas, el 22 de agosto, a menos de una semana, afecta a 126 mineros elegidos de manera muy meditada no solo por sus implicaciones, si no por su repercusión social y familiar. Algunos llegan a tener dos destinos de deportación: Zamora, Pontevedra, Soria, Orense, Guadalajara, Jaén… La contundencia de la represión y la apuesta de la patronal minera a mantener ya las minas cerradas largo tiempo para combatir con pobreza lo que llamaron “indolencia de la clase minera asturiana” fueron decisivos para que el 9 de septiembre todo se normalizase. Los ecos internacionales de “la huelgona” se van apagando poco a poco. Pero la huella de la primavera asturiana marcó para siempre un antes y un después en la lucha contra el franquismo y su dictadura. Hasta convertirla en un hito del movimiento obrero mundial.

+ info «Mieres y Munich, hace 50 años», de Jorge M Reverte, en El País, al cumplirse el 50 aniversario. El escritor, periodista e historiador Jorge Reverte falleció en marzo de 2021.

Hay una luz en Asturias, fue el título del Repor especial dedicado por la Televisión Pública Asturias, RTPA, y que contó con testimonios de figuras trascendentes de la política española, como Santiago Carrillo, Nicolás Redondo-padre,:

El pozu Nicolasa, de la mecha al monolito de «la huelgona» en 2012

Al celebrarse el 50 aniversario de La Huelgona, los dos grandes líderes sindicales españoles en ese momento Cándido Méndez (de UGT) e Ignacio Fernández Toxo (CC OO) descubrieron una placa en recuerdo de la revuelta de 1962 surgida en la mina mierense.

Fotos que aquel acto: