«Glück auf», el saludo de esperanza del minero alemán

Recuperamos un artículo publicado originalmente en la revista Montepío en diciembre de 2016. En aquellas páginas analizábamos el papel decisivo que desempeñó el carbón en la reconstrucción de Alemania tras las guerras mundiales, la extraordinaria dimensión de su industria minera y la influencia que ejerció sobre el conjunto de Europa. No en vano, el carbón y el acero fueron la base de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), impulsada en 1951 como instrumento de cooperación económica y germen de la actual Unión Europea. Gracias a sus cuencas mineras y a su potente industria siderúrgica, Alemania protagonizó el llamado «milagro económico» de la posguerra y se consolidó como la gran locomotora industrial del continente.

El reportaje también recuerda cómo la experiencia alemana se convirtió en una referencia para las cuencas mineras españolas durante los procesos de reconversión. Frente a modelos más traumáticos, como el aplicado durante el thatcherismo en el Reino Unido, los sindicatos mineros españoles defendieron durante décadas una transición inspirada en la denominada «vía alemana»: cierres pactados, negociación social, prejubilaciones, fondos compensatorios y programas de diversificación económica para las comarcas afectadas.

El texto debe leerse en el contexto de aquella época. Dos años después de su publicación, el 21 de diciembre de 2018, Alemania cerró la mina Prosper-Haniel, en Bottrop (cuenca del Ruhr), última gran explotación subterránea de hulla del país, poniendo fin a más de siglo y medio de minería carbonera industrial. En aquellos momentos trabajaban todavía unos 1.500 mineros en la explotación y alrededor de 3.500 en el conjunto del sector de la hulla alemana. [dw.com], [dw.com]

Leído hoy, este reportaje constituye el retrato de un momento clave de la historia industrial europea, pero también ayuda a comprender por qué el debate sobre el carbón, la soberanía energética y el futuro de las regiones mineras continúa plenamente vigente. Y nos acerca, además, al significado de Glück auf, el histórico saludo de esperanza de los mineros alemanes, símbolo de una cultura del carbón que contribuyó decisivamente a construir la Alemania moderna y la propia Europa.

Sin embargo, Alemania no abandonó completamente el carbón. El país sigue explotando grandes minas de lignito a cielo abierto, especialmente en las regiones de Renania, Lusacia y Alemania Central, que continúan desempeñando un papel relevante dentro de su sistema energético. [elmundo.es]

La antigua cuenca minera del Ruhr es hoy además uno de los grandes ejemplos europeos de reconversión industrial. Instalaciones históricas como el complejo minero de Zollverein, en Essen, convertido en museo, centro cultural y Patrimonio Mundial de la UNESCO, o numerosos ecomuseos y centros de interpretación repartidos por las regiones mineras alemanas, conservan viva la memoria de una actividad que marcó la historia económica y social del país.

Diez años después, el texto mantiene una sorprendente actualidad. Las últimas minas alemanas de hulla cerraron en 2018, poniendo fin a más de siglo y medio de minería subterránea del llamado «oro negro». Sin embargo, Alemania sigue explotando grandes minas de lignito a cielo abierto en regiones como Renania y Lusacia, mientras continúa afrontando el difícil equilibrio entre transición energética, competitividad industrial y seguridad de suministro. Aunque el país mantiene oficialmente su calendario de abandono del carbón para 2038, el debate sigue abierto y ha cobrado nueva fuerza en 2026. El propio canciller Friedrich Merz llegó a cuestionar públicamente la viabilidad de cumplir esos plazos si la seguridad energética nacional pudiera verse comprometida, reabriendo una discusión que parecía cerrada. [ecoticias.com]

Al mismo tiempo, las energías renovables ya aportan más de la mitad de la producción eléctrica alemana y continúan desplazando progresivamente al carbón. Sin embargo, la dependencia energética exterior, la volatilidad geopolítica y el encarecimiento de los combustibles han vuelto a poner sobre la mesa una realidad incómoda para muchas economías europeas: el carbón sigue siendo, pese a sus costes ambientales y a la dificultad creciente de su explotación, uno de los pocos recursos energéticos autóctonos de cierta dimensión que aún conserva Europa.

Una década después, este reportaje sigue ofreciendo una valiosa fotografía de aquel momento de transición y ayuda a comprender la profunda huella que la minería del carbón dejó en Alemania y en la construcción de la Europa contemporánea. La memoria del carbón sigue latiendo…

Glück auf, el saludo de esperanza del minero alemán que se convirtió en símbolo

Los Álbumes del Carbón. Por Alberto Argüelles
El carbón hizo de Alemania una potencia capaz de sobreponerse a sus dos grandes derrotas en las guerras mundiales del siglo XX. Con el Tratado CECA, el país se convirtió en locomotora económica de Europa, mostró el camino de las reconversiones industriales y la necesidad de reactivación y diversificación de las comarcas. A pesar de que en la actualidad solo cuenta con tres minas abiertas, 8.000 mineros y una fuerte presencia ecologista, es hoy paradójicamente el único país de la UE que aún contempla el uso de carbón hasta al menos 2040.

Es imposible trazar una historia industrial del carbón sin Alemania y sus mineros. Pretenderlo sería obviar el gran peso de esta nación en la construcción de Europa y de un montón de marcas fabriles que han tirado del progreso y la investigación en el mundo. De hecho, el carbón, el acero y las necesidades sociales, económicas y políticas generadas tras el final de la Segunda Guerra Mundial fueron los actores principales del llamado Tratado CECA (París, 1951), germen de la Unión Europea. En síntesis, aquel acuerdo entre naciones no fue más que para regular una necesaria libertad de circulación de estas dos materias industriales básicas entre Alemania, Francia, Italia y los países del Benelux, con el fin de alentar la reconstrucción económica. Y es que la historia reciente del viejo continente y su reconstrucción desde la mitad del siglo XX está escrita sobre negro carbón.

La evolución posterior de la Unión Europea y la paulatina adhesión de países —España, en 1986— hasta el reciente paso atrás con el Brexit del Reino Unido es conocida. Sobre todo los procesos de reconversión industrial, que han afectado a todos los sectores, pero especialmente al carbón, como vimos en los capítulos anteriores dedicados a Francia y al Reino Unido, donde los cierres mineros se convirtieron en pulsos políticos entre grandes corrientes económicas: el neoliberalismo de Thatcher frente al laborismo o la socialdemocracia.

La enorme dependencia social y territorial de las comarcas mineras cobraba en Alemania enormes dimensiones. Gracias al carbón y a sus mineros, Alemania consiguió, entre otras cosas, labrar para su economía el apodo de “la locomotora” de Europa y recuperarse de dos grandes guerras mundiales, de las que salió devastada como nación, dividida incluso durante más de medio siglo en dos estados, hasta la caída del Muro de Berlín.

Pero la historia de ese carbón alemán, alimento energético de las primeras grandes fábricas de la Revolución Industrial, se remonta a la Edad Media alrededor de Mansfeld, Aquisgrán y la región del Ruhr, el corazón industrial. Estas áreas crecieron de manera expansiva como polos industriales y fueron prácticamente moldeadas por el desarrollo minero, que alcanzó su pico máximo en la primera mitad del siglo XX.

Curiosamente, después del nacimiento de la UE fue cuando las grandes empresas productoras de carbón comenzaron a tener problemas hasta la llegada de políticas proteccionistas. Sirva como dato de la dimensión del sector minero alemán en los albores de 1960 que el número total de mineros en plantilla alcanzaba las 600.000 personas. Su censo oficial llegaba a las 153 minas de carbón, con una producción anual de 125 millones de toneladas. La fuerza de esta industria carbonera era tal que el Reichstag fiaba en su energía la capacidad de mover el resto de cinturones industriales del país en pos del llamado milagro alemán. Y a fe que lo consiguieron: resulta muy gráfica la comparativa de las fotos aéreas de las ciudades alemanas de 1945, destrozadas por bombarderos, y esas mismas ciudades en 1960.

Una reconversión más social: un ejemplo para España

Fue en 1975 cuando el Bundestag, el supremo Parlamento legislativo alemán, puso en marcha el reloj de las reconversiones, los cierres y los planes de diversificación. Eso sí, a diferencia de otros modelos, lo hizo desde una perspectiva social y territorial, siendo un modelo inspirador para el proceso que, casi dos décadas después, se puso en marcha en España y en Asturias: cierres pactados, prejubilaciones, fondos compensatorios y ayudas empresariales.

Alemania y sus poderosas e influyentes organizaciones sindicales mineras se convirtieron así en un referente para los trabajadores del carbón españoles; también para los países del Este que han ido entrando en la Unión, algunos con gran peso en el sector minero, como Polonia y Chequia.

Con los alemanes al frente, el lobby de la minería ha tratado de sobrevivir en los pasillos del Europarlamento en Bruselas y Estrasburgo, tratando de aunar un respaldo a las políticas proteccionistas y a una cuota de carbón autóctono conciliadora con las necesidades energéticas y la enorme dependencia exterior. El carbón es el único recurso abundante propio frente a los protocolos contra la contaminación y el cambio climático.

En 2005 las minas de la cuenca del Ruhr y el Sarre aún daban empleo a más de 38.000 personas. Hoy quedan unos 8.000.

En 2007, año del estallido de la crisis mundial, el panorama no podía ser más negro para el carbón. El Ejecutivo teutón mantenía firme su estrategia de terminar en una década con el proteccionismo, dando paso a cierres totales en 2018. Esta decisión, que en España sigue sin ser revisada, motivó que empresas potentes como RAG AG, dueña de las últimas grandes minas activas alemanas en Bottrop e Ibbenbüren, se planteasen ya un calendario finalista.

Pero el nuevo plan energético alemán impulsado por Berlín dio un giro al no contemplar el fin de las centrales de carbón. A pesar de ser altamente contaminantes y contar con cierta presión de los poderosos movimientos ecologistas, la decisión del Gobierno de Angela Merkel fue anticipar el fin de la energía nuclear. Y para ello sabía que necesitaba una cuota propia que le sirviera de regulador de precios frente al mercado y a su posición de compra de aproximadamente 50 millones de toneladas de mineral al año con las que se provee. Todo para garantizar, una vez más, el funcionamiento energético del país.

Esto supone, según los analistas, vida para el carbón alemán hasta al menos 2040 e inversiones en mejoras de las centrales mediante planes de carbón limpio, puesto que el desarrollo de las energías renovables hasta poder alcanzar la cuota minera todavía tomará tiempo. La producción alemana es la décima más importante del mundo y supone el 40 % de la generación de energía de la que es, según el Banco Mundial, la cuarta potencia del planeta.

Glück auf: de la fraternidad al símbolo

De esa vieja hermandad entre los trabajadores del carbón alemanes nació la expresión Glück auf, término germano equivalente a un saludo de esperanza, tan conocido, viejo y popular en toda Alemania, cuyo significado, de imposible traducción al castellano, no es más que el deseo fraternal de suerte que se dedicaban los compañeros mineros para que la jornada en la profundidad de la mina transcurriera lo mejor posible:«Que tengas buena salida».

La expresión ha trascendido y, como la palabra güaje en España, maneja códigos y reminiscencias de camaradería y de complicidad, especialmente en generaciones de un tiempo industrial. Como el «compañeru, dame tira» de los asturianos.

Los cierres de las grandes y los proyectos de diversificación

Con o sin cierres, los planes de diversificación mineros alemanes desarrollados han demostrado eficacia en muchos casos. Por ejemplo, la Mining Solutions, un instrumento similar a la SADIM de Hunosa, filial en este caso del grupo RAG, ha hecho importantes negocios vendiendo incluso maquinaria usada y sistemas de exploración a Turquía, Polonia, República Checa, Rusia y Ucrania.

La tecnología alemana para la explotación de minas de carbón es tan demandada en el mundo que genera un volumen de negocio de cuatro mil millones de euros al año. Y no solo para clientes europeos, también llega a los punteros del sector: Australia, China, Rusia y Estados Unidos.

Mientras en 1920 el Ruhr era epicentro de 196 explotaciones mineras que albergaban 470.000 trabajadores, hoy solo conserva tres grandes ejes.

Ciudades como Bochum —hermanada con Oviedo—, Essen y Duisburg ya han apostado por la industria logística, la medicina y la investigación, entre otros sectores, dejando en un segundo plano al carbón y el acero.

Zollverein, una de las más modernas y principales minas de carbón del país, inspirada en el estilo Bauhaus, se convirtió en un icono de moderna arquitectura industrial y un centro de arte y cultura. La llaman «la mina más bella del mundo», obra de los arquitectos Fritz Schupp y Martin Kremmer, que en 1927 crearon un complejo industrial muy particular aunando necesidad industrial con el arte de la simetría y la geometría.

Tras 135 años de actividad, el cierre de Zollverein en 1986 parecía el fin del mundo para su región. Sin embargo, un atinado plan de recuperación patrimonial convirtió esta mina en un palacio de actividades sociales y culturales y permitió que Essen brillase como Capital Europea de la Cultura en Renania del Norte-Westfalia.

Shultz, el alemán que dio luz al carbón español

No es justo cerrar un artículo sobre minería, carbón y Alemania sin recordar a Wilhelm Phillip Daniel Schulz, más conocido en la historia de Asturias como Guillermo Schulz (Dörnberg, Habichtswald, 1805), o lo que es lo mismo, el padre de la geología y la minería en España.

Isabel II lo distinguió en 1849 por sus méritos, trascendentes para la industria nacional, pues elaboró el mapa geológico de minerales de España. Shultz tiene por ello calles en Oviedo, Gijón y Mieres; en este campus, la Ingeniería Geológica lleva su nombre. En Dörnberg, su lugar de origen, también existe un monumento en su honor erigido en 2005.

Si bien es cierto que británicos, franceses e incluso belgas tuvieron un peso muy significativo en la puesta en marcha de las primeras empresas mineras en Asturias, a Guillermo Schulz se le debe la primera imagen cartográfica moderna de Asturias gracias a su mapa topográfico publicado en 1855, documento guía que sirvió para dar luz a la primera Dirección General de Minas en España y para el trazado de caminos de ruedas y de hierro, la organización de Correos, diócesis y mapas militares.

Cuadro de Guillermo Schulz en el Ayuntamiento de Mieres

Fue, en palabras de Pelayo González-Pumariega Solís, profesor titular del Departamento de Explotación y Prospección de Minas de la Universidad de Oviedo y autor de una de las más prolijas biografías sobre el ingeniero alemán, «testigo de la primera industrialización asturiana e impulsor de los principales caminos, puertos y ejes estratégicos de comunicación».

Otro momento muy emotivo para los mineros alemanes fue el cierre en 2015 de la Auguste Victoria, en Marl, cerca de Düsseldorf, en pleno Ruhr. Después de 116 años de explotación, el cierre de la emblemática mina, que siempre mantuvo el nombre de la última emperatriz germana pese a las posteriores vicisitudes históricas y políticas, parecía un golpe finalista al sector minero alemán.

La dimensión del cierre fue descomunal, aunque también otro ejemplo de la superación alemana de problemas sociales: en la Auguste Victoria trabajaban 3.000 mineros que extraían más de tres millones de toneladas de carbón mineral al año.

La mina alemana se hizo famosa en España a través del futbolista Raúl González. El gran delantero español visitó sus instalaciones cuando en 2010 fichó por el Schalke 04, el reconocido en Alemania como «elequipo de los mineros». La fotografía del exmadridista vestido de minero dio la vuelta al mundo. Era una leyenda ya en España con el Real Madrid y la selección, y tras su fichaje se ganó el corazón de la Cuenca minera y los aficionados al Schalke 04.

En dos temporadas marcó goles decisivos, brilló en la Champions, conquistó la Copa y la Supercopa alemana y se convirtió en un ídolo en Gelsenkirchen. Su paso por el club fue breve, pero muy intenso: Raúl dio prestigio y liderazgo al Schalke, y el Schalke le devolvió el disfrute por el fútbol. La historia terminó como una relación perfecta entre un gran jugador que necesitaba empezar de nuevo y un club minero que encontró en él a una leyenda

Actualizado: El histórico Schalke 04 ha regresado a la Bundesliga alemana (la primera división del fútbol germano) La victoria frente al Düsseldorf desató una celebración largamente esperada en Gelsenkirchen y en toda la cuenca del Ruhr. Pasaron 1071 días desde su último partido en la élite, demasiado tiempo para una institución que, por historia, masa social y simbolismo, pertenece a la primera división del fútbol alemán. Porque el Schalke no es solo un club: es un fenómeno social. Más de 60.000 aficionados llenaron su estadio incluso en segunda división, una cifra solo superada en Alemania por los gigantes Bayern y Dortmund. Su tirón trasciende resultados y categorías; representa a una región obrera, orgullosa de sus raíces mineras, que encuentra en su equipo un motivo de identidad colectiva.

Las huelgas de los mineros alemanes: claves en diversas etapas de la historia

Las huelgas de los mineros alemanes fueron decisivas para mejorar derechos laborales, reforzar la negociación colectiva y condicionar las políticas industriales y energéticas del país. Su capacidad de organización convirtió al movimiento minero en un actor clave de la historia social y económica de Alemania.

Tres momentos especialmente significativos fueron la gran huelga del Ruhr de 1889, que consolidó la organización obrera minera; la huelga de 1905, clave para reforzar la negociación laboral; y las movilizaciones de 1997, cuando miles de mineros protestaron contra los recortes de ayudas al carbón y forzaron un nuevo compromiso político para el sector.