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Fundación Obra Social Montepío: Locomotoras mineras, los dinosaurios del vapor/Cultura minera

Asturias puede presumir de contar con uno de los patrimonios de locomotoras de vapor más importantes de España. Lo tiene por su destacadísimo papel en la revolución industrial española, gracias a la otrora potente minería y siderurgia, durante más de un siglo y medio motor económico fundamental de nuestro país. Pero también, gracias a proyectos y a personas que, desde los años 90, han venido trabajando para evitar que el paso del tiempo, y sobre todo, las fuertes reconversiones industriales sobrevenidas y el impacto y desánimo social y cultural que eso genera, no terminasen por convertir en chatarra a estos dinosaurios de los años del vapor.

La pérdida de algunos de estos primeros trenes españoles, desmontados o saqueados entre maleza, tragedia cultural que también tuvo algún sonado caso en Asturias, supuso un toque de atención importante a la hora de calibrar las consecuencias que supone el borrar de la memoria algunas de las páginas más destacadas e importantes de nuestra historia. La apertura en 1998 del Museo del Ferrocarril en Gijón, con el mierense Javier Fernández López al frente y como punta del icerberg de un movimiento en favor de preservar y poner en valor este patrimonio,  corriente que también cuenta detrás con algunos destacados grupos de trabajo, resultó decisiva a la hora de activar y mantener vivo ese mecanismo de sensibilidad social básico para identificar,  proteger, y en lo posible, recuperar y dar lustre a locomotoras cuyos nombres supusieron hitos para la historia del ferrocarril español.

Mieres, con la SHE11 (de 1902), la SHE8 (de 1918), la Turón 3 (1914), la HT10 (de 1928), o la emblemática FM102, “La Quirosana” (de 1881), la primera locomotora que circuló en España con un ancho de vía de 0,75 m., todas ellas con un valor histórico excepcional, es uno de los ejemplos más destacados como pueblo de recuperación de locomotoras para “ornamentación cultural” urbana. El grueso principal de la valioso colección regional de máquinas la componen las situadas en los complejos culturales con fines divulgativos de esa historia industrial: como las que muestra el Museo de la Minería de Asturias en El Entrego (que alberga La Palau, de 1887, La Upina, de 1890 o La Pilar, de 1912); las del citado Museo del Ferrocarril (La Bilbao, de 1878, la SHE5 de 1891, la SHE2 de 1902, La Corriellos de 1886, La Feguera de 1896, la Santa Bárbara, de 1907 o La Alegría de 1903); el Ecomuseo de Samuño, con la “Guillermo Sala”, de 1909; el Museo de la Siderurgia de Langreo, con la “Pedro Duro I” de 1895, o la FM305 de 1891, o “La Leona” de 1920; o las del el Museo Minero de Arnao, en los orígenes carboneros asturianos, con  la mítica “Eleonore”, de 1890, todas ellas piezas clave para explicar la llegada y establecimiento de los primeros trazados de ferrocarril a Asturias.

A estos se suman otras ubicaciones, como en Salinas, la Rojillín de 1925, o las conservadas por Hunosa en sus propias instalaciones, como La Figaredo, de 1914,  la “Luis Adaro”, de 1917;  la “Masaveu”, de 1873 en la Fábrica de Aboño, o la “Jop Musel 8”, de 1930, como distintivo de la Autoridad Portuaria de Gijón, por citar algunas otras.

Hace solo unos días conocíamos una de las últimas iniciativas restauradoras: la de La SIA-3, la antigua locomotora que la Sociedad Industrial Asturiana había adquirido en Estados Unidos en 1906 para su transporte productivo. En este caso ha sido un grupo de mineros del pozo Santiago de Aller (Hunosa), amantes de la arqueología industrial quienes, asesorados por el Museo del Ferrocarril, se han unido para recuperar esta máquina de vapor de la firma Vulcan Iron Works y que, curiosamente, llegó a Asturias desde Pennsylvania en plena I Guerra Mundial junto con otras siete locomotoras, con el fin de operar en la línea de tranvía Santullano-Cabañaquinta. Como en otras restauraciones, la actuación permitió recuperar el color original de la máquina, maquillada desde hace décadas con el otrora color verde corporativo de Hunosa. Desde 2002 está en la plaza del Pozo Santiago (San Jorge), donde ahora puede ser apreciada.

El amor a la historia social y minera del territorio sigue siendo el alimento principal de estos apasionados grupos de trabajo: La primera línea de tren de Asturias, es la cuarta de España: la Langreo-Gijón data de 1852, y llevaba el carbón de los yacimientos de la cuenca del Nalón hasta el puerto de El Musel en Gijón para embarcar fundamentalmente hacia los Altos Hornos vascos y otros destinos.

Los Museos industriales de Asturias, villas como Mieres o Salinas y empresas como Hunosa, sostienen el patrimonio de locomotoras, con ejemplares del XIX pioneros en el ferrocarril en España

Conocidas las fechas en las que esas locomotoras, adquiridas en su mayoría para Asturias, otras “made in” en talleres propios de las firmas industriales, copiadas literalmente por los cualificados ingenieros que operaban al calor de las potentes minas y fábricas asturianas de entonces, es fácil deducir que se trata de piezas de vapor pioneras, que un día surcaron las primeras vías de España. Cabe recordar que la primera línea Barcelona-Mataró data de 1848. La máquina Palau, por ejemplo, que en los años 50 operó en Sovilla y Ujo para la Sociedad Hullera Española, tras comprarla a RENFE, fue la primera construida en España para vía ancha y funcionó en esa primera línea férrea nacional de unos 5 kms de recorrido. En ferrocarriles de vía estrecha, las primeras locomotoras de que se tiene noticia circularon en 1862. Las primeras líneas de ferrocarril surgieron por iniciativas privadas y, aunque en algunos casos eran de servicio público, estaban destinadas fundamentalmente  al transporte de carbón y los productos transformados por la incipiente industria asturiana. A partir de las redes ferroviarias mineras, se va creando un entramado industrial, comercial y social auténtico motor del desarrollo económico asturiano, y por extensión del país. Los ferrocarriles industriales estuvieron operativos en Asturias y León hasta avanzados los años 80.

El censo de locomotoras de vapor fabricadas para ferrocarriles españoles, supone aproximadamente unas 4.750 unidades para la vía ancha de servicio público, 925 para de vía estrecha y 1.025 para líneas industriales particulares. Las conservadas en Asturias son uno de los conjuntos de locomotoras de vapor más variados e interesantes del país.

 Y es que tal y como sostiene Javier Fernández en uno de sus estudios, la locomotora de vapor es el elemento más característico del ferrocarril, “icono de la historia ferroviaria, con fuertes factores subconscientes, estéticos o sentimentales”. Además, en el caso de estos trenes del carbón y del acero, las locomotoras y vagones no solo sirvieron para transportar las mercancías, si no para vertebrar pueblos, comarcas y villas, transportando muchas veces personas en un tiempo donde los coches o autobuses eran solo artilugios del futuro al alcance de muy pocos. Sus bellas siluetas, sin duda hoy catalogadas “vintage”, el sonoro tracata acompañado de resoplidos de vapor y silbatos de aviso, las columnas de humo que dejaban mientras avanzaban paralelas a ríos o carreteras por el fondo del valle,  trincheras abiertas en laderas, o surcando las calles principales de pueblos que se detenían a su paso, forman ya parte del recuerdo atesorado en nostálgicas imágenes en blanco y negro o sepia que salpican nuestros álbumes.