La Universidad Laboral, el Montepío y la apuesta de los mineros por la Educación

Texto de Miguel Ángel Caldevilla*: Hablar de la minería del carbón en Asturias viene a ser un lugar común, de tal manera que muchas veces “lo asturiano” y “lo minero” comparten tal vecindad semántica que rayan en conceptos sinónimos. No es para menos. Desde finales del siglo XVII Asturias se transformó gracias a la presencia de explotaciones de carbón. Se transformó Asturias y la vida de los asturianos cambió.

Por eso, cuando en los últimos años asistimos al progresivo cierre de explotaciones, también detectamos  los consiguientes cambios en la organización de la sociedad asturiana. Aunque sigue siendo cierto que la dependencia energética de la Unión Europea se confiaba todavía en un 30 % a recursos provenientes del carbón (EUROCOAL 2012), es verdad que la actividad minera, que ocupaba en los años 50 del pasado siglo a más de 60.000 mineros ha decaído considerablemente en todo el mundo, como todos conocemos.

La tentación de hacer balances históricos sobre la actividad minera y su capacidad para generar empleo y convertirse en cabeza tractora de la industrialización y ser la base del modelo económico asturiano, ha dejado en segundo plano muchos logros sociales que sería preciso recuperar porque, afortunadamente,  como sucede  en otros lugares de Europa afectados por el mismo ciclo económico, sobreviven  al cierre (¿temporal?) de explotaciones.

Bastaría pensar en el papel de la minería en el movimiento obrero, el afianzamiento del sindicalismo o las mejoras sociales para todos los asturianos obtenidas gracias a la actividad minera.

La intención de las líneas que siguen, dedicadas a comentar sumariamente las aportaciones de la minería a modelos educativos que han tenido su desarrollo en Asturias y que alcanzan su máximo exponente histórico en la Universidad Laboral de Gijón, quiere responder a la vez a una deuda personal: Di mis primeros pasos como alumno en un colegio construido por el consorcio minero de Minas de Langreo y Siero, en Carbayín Alto que estaba regentado por los Hermanos de La Salle. Puedo decir que mi formación está fundamentada en la preocupación de los mineros por la mejor educación de sus hijos y en dotarse de una formación acorde con sus necesidades de desarrollo. Después de esta experiencia mi formación continuó en la Universidad Laboral de Gijón, que inició su actividad docente en 1955 gracias al impulso inicial del Montepío de la Minería y de la Caja de Jubilaciones.

Efectivamente en una de las  primeras Juntas Directivas del Patronato que pone en marcha la Universidad Laboral de Gijón hay cuatro vocales mineros, de los doce que componen la Junta: Ramón F. Sopeña, Vicente Encinas Castañón, Enrique Lorenzo Pérez y Amador Fernández Palacio. La Mutualidad de la Minería Asturiana comprometió una aportación de 100 millones de pesetas de 1950, lo que se traduciría en la creación de 500 becas para alumnos hijos de mutualistas que podían optar a la de Gijón o a cualquiera de las cuatro primeras Universidades que se crearon (Gijón, Córdoba, Sevilla y Tarragona).

Es conocido que una serie de accidentes mineros [1] ocurridos en Asturias fueron el definitivo impulso para la puesta en marcha del Patronato que inició la construcción de la Universidad Laboral en Gijón, entonces como Fundación privada José Antonio Girón, creada el 6 de octubre de 1945, en virtud de escritura pública otorgada por el notario gijonés Antonio González Vigil, y que se constituyó en Gijón con carácter benéfico-docente,  en la que figuraban como fundadores Carlos Pinilla Turiño, José María Fernández Álvarez, Alejandro Pidal Guilhou y Ricardo Heredia Guilhou.

Carlos Pinilla, Subsecretario de Ministerio de Trabajo, relata de forma dramática su presencia en el entierro de los mineros muertos en Caborana.[2]

La generosidad de la minería, como ya venía sucediendo en todas las iniciativas docentes promovidas desde el Montepío, el Sindicato Minero y la Caja de Jubilaciones, abriendo sus puertas a hijos de trabajadores de la industria en general, se puso también de manifiesto en los inicios de la Universidad Laboral de Gijón y fue decisivo para que otras mutualidades se sumasen al proyecto.[3]

Pudiera parecer que las aportaciones de la minería a la Educación y a la Formación en Asturias estuvieron motivadas únicamente por impulsos de asistencia social o filantropía, ya que se priorizó la formación con beca a favor de huérfanos hijos de trabajadores, tanto en la Universidad Laboral de Gijón como en el Orfanato Minero (actual FUNDOMA) o en el Colegio de la Magdalena, Soto del Barco. Este para chicas.

Pero no ha sido así siempre ni en todos los casos en donde la iniciativa educativa proveniente de la minería se abría a todo tipo de alumnos hijos de productores. Y de ello hay testimonio en los más de diez colegios creados por las empresas mineras en las cuencas asturianas. De ellos la mayoría(8) estaban regentados por Hermanos de La Salle y escolarizaban a más de la mitad de la población estudiantil residente en las comarcas, una vez concluida la enseñanza primaria y obligatoria.

Secuencia repaso de fotos históricas de la Universidad Laboral:

¿Puede hablarse de un modelo educativo minero?

Lo cierto es que la enseñanza postobligatoria en Asturias, en particular en el área central, estaba fuertemente mediatizada por la actividad minera y por la necesidad de formarse para el trabajo.

Ya en 1844, D. Guillermo Schulz crea la Escuela de Capataces de Minas en Mieres, dando forma a una iniciativa que respondía a la necesidad de formación complementaria a las tareas de laboreo en las minas de carbón. Los documentos previos de Schulz (1840) incluyen estas materias a impartir: Aritmética y geometría práctica y trigonometría rectilínea.- Elementos generales de dibujo, y dibujo lineal.- Elementos de física y química aplicadas a las . . .[4] Conocimientos prácticos de los minerales útiles o preciosos o de las rocas más generales, con el modo de hallarse ambos en la corteza del globo.- Método de hacer y fortificar toda clase de excavaciones.- Métodos y aparatos más comunes de ventilación y desagüe.- Métodos y aparatos más frecuentes de extracción o transporte.- Manejo de la brújula.

Y establecen como requisitos de acceso para los alumnos: “Estos deberán tener 18 años, estar bien constituidos, saber leer y escribir medianamente, haber tenido dos años de buen aprendizaje de carpintero, de mampostero y cantero, o de herrero: acreditar buena conducta en todos conceptos. Para obtener el título de capataz deberán ser aprobados en los ramos de las enseñanzas arriba indicadas, y haber asistido con aplicación y aprovechamiento un año por lo menos a los trabajos de alguna mina dirigida por un Ingeniero.”

Este espíritu de ofrecer una formación de aplicación inmediata al trabajo y al desarrollo económico  del entorno es retomar el impulsado por el propio Jovellanos a través de su Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía (1794) precisamente creado para formar en la explotación minera del carbón y para su adecuada exportación.

La Fundación Docente de Mineros Asturianos ha venido siendo una fiel continuadora de las dos vertientes de lo que podríamos llamar “el modelo educativo minero” que se encuadraría como lo que se conoce por pedagogía social: la vertiente social y la vertiente de la innovación pedagógica. La biografía de Ernesto Winter, su primer director, Ingeniero de Minas y pedagogo que frecuentó a personas relevantes de la Institución Libre de Enseñanza corre paralela en algunos momentos a la del P. Valentín García, jesuita exiliado en Bélgica que fue el primer Rector de la Universidad Laboral de Gijón. Ambos tuvieron cerca la Universidad del Trabajo, creada por Paul Pastur en Charleroi y pudieron concebir un modelo educativo alternativo a la universidad napoleónica.

Por el FUNDOMA[5]  pasaron pedagogos comprometidos como Eleuterio Quintanilla, creador con Rosario Acuña la Escuela Neutra de Gijón. Horacio Fernández Inguanzo “El Paisano” fue también maestro en el Orfanato antes de la Guerra civil de 1936, que le sorprende en Pola de Gordón en un campamento de verano.

Este mismo espíritu se encuentra en los documentos fundacionales del Patronato creador de la Universidad Laboral de Gijón. En los inicios, el proyecto incluye la formación agrícola y ganadera, a través de dos granjas – escuela (Somio y Llorea). Pero la actividad formativa más importante se nuclea desde 1955 alrededor de la fabricación mecánica. Era el paso siguiente que demandaba formación en una industria transformadora que complementase las industrias básicas  ya asentadas en la región. (Minería, siderurgia, sector naval).

Nada hubiese sido posible sin el concurso del Montepío de la Minería y el Sindicato Minero que sostuvieron el mayor número de becarios en los primeros años de la Institución. El grupo de becarios de la minería siempre estuvo entre los más numerosos de la Universidad Laboral de Gijón a lo largo de su historia.

Con posterioridad, otras 21 Universidades Laborales siguieron los pasos de la de Gijón. Más de medio millón de hijos e hijas de trabajadores se formaron en ellas con beca completa entre 1955 y 1978.

En la de Gijón recibieron formación entre 1955 y 2006 un total de 92.536 alumnos y alumnas.

Las muestras de interés de los alumnos de la Universidad Laboral de Gijón se reflejan con claridad en el boletín estudiantil  «La Torre», que se publicó quincenalmente desde 1960 y que ahora han recuperado los Antiguos Alumnos. El seguimiento de la actividad minera y los conflictos como “La huelgona” de 1962, eran vividos con intensidad por los residentes. No en vano afectaban directamente, por vía familiar, a uno de los grupos de becarios más importantes.

En 2014, la Asociación de Antiguos Alumnos de la Universidad Laboral de Gijón suscribió un convenio con el Montepío de la Mineria Asturiana mediante el  cual sus asociados pueden disfrutar de las instalaciones de la entidad en condiciones ventajosas.

El Montepío también se sumó en apoyo a la campaña “Universidad Laboral de Gijón= Bien de Interés Cultural” que solicitaba al Principado de Asturias más protección para el monumental edificio creado por Luis Moya. Por unanimidad  lo acordó la Comisión Regional del Montepío y Mutualidad de la Minería Asturiana el 11-11-2014

Se recupera así una relación histórica, que viene dando contenido a un modelo educativo con sentido social, comprometido con el desarrollo, integrador y abierto a las corrientes europeas más innovadoras en cada momento, sin perder por ello su raíz asturiana.

*Miguel Ángel Caldevilla, Catedrático de Educación Secundaria, que fue Secretario general de la Asociación de los antiguos alumnos de la Universidad Laboral de Gijón desde 2007 hasta 2016. Caldevilla fue uno de los principales valedores de la memoria docente de la Laboral, de sus raíces mineras e industriales, y un defensor a ultranza de su conservación. Y también alma mater del convenio firmado entre esa Asociación y el Montepío de la Minería. Falleció el pasado 25 de mayo de 2020.

Vaya este artículo en reconocimiento a su memoria, legado y trayectoria, y al cariño que dispensó al Montepío de la Minería, al que siempre reconoció, contra viento y marea, la labor anónima de sustentar con sus becas, fruto de las aportaciones solidarias y colectivas de los trabajadores, la formación durante décadas de cientos de personas de familias obreras humildes, tanto en la Laboral como en el Orfanato Minero. Una apuesta que el Montepío actual potencia desde 2015 con su programa de Becas, gestionado ahora por la Fundación Montepío. Descansa en paz, amigo Caldevilla. 

APUNTES HISTÓRICOS AL TEXTO

[1] El 19 de septiembre de 1944 perecieron siete obreros a consecuencia de una explosión en el pozo ‘Nicolosa’ (Fábrica de Mieres, Ablaña, Mieres).

El 7 de enero de 1946 hubo otro accidente en el Pozo Tres Amigos, en la Hueria de San Juan (Mieres), falleciendo tres mineros.

Otro accidente sobrevino el martes 12 de febrero de 1946 en la cuenca del Caudal. Fue en Caborana Aller en una mina del grupo ‘Melendreros-Tarancón’, perteneciente a la Hullera Española. El accidente, motivado por una explosión de grisú, ocurrió en el piso primero de la explotación, denominado ‘Gemelas’, y el resultado arrojó un saldo de once mineros muertos.

[2] “La estampa dolorosa que hube de presenciar en aquel acto, quedó impresa en mi alma para siempre. Los lamentos de las pobres mujeres por la pérdida de sus seres queridos es algo que no podré olvidar mientras viva. Pero por si fuera poco, vino a completar el cuadro siniestro la presencia en el umbral de la última casa del pueblo de un niño que, fijo como una estatua, esperaba el paso de la fúnebre comitiva de la que formaba parte el cadáver de su propio padre, el único sostén de su vida. No lloraba, acaso porque tenía que ahorrar lágrimas que verter en lo que le quedaba por sufrir, o acaso porque tenía pensado ser un día también minero y sufrir la misma suerte que su propio padre”.

Carlos Pinilla Turiño. Como el vuelo de un pájaro, Barcelona, 1991 (1987)

[3]  “Originariamente se concibió la idea a base de acoger exclusivamente a los huérfanos de los mineros… Más adelante comprendimos que no era justo que la institución tuviese tan limitado campo de protección y acordamos acoger a los huérfanos de toda clase de trabajadores… El comienzo de nuestra labor no pudo ser más duro y amargo…”

Carlos Pinilla Turiño . Id.Id.

[4] Ininteligible en el manuscrito recuperado por Luis Jesús Llaneza González. 25 nov 2004.  Web “Asturiasliberal.org”-

[5] “La Fundación Docente de Mineros Asturianos FUNDOMA ha sido y es una obra social, que surge en el segundo cuarto del siglo XX en nuestra región y se ubica en Oviedo. Su creación tiene lugar en el año 1929, pero su ideario, sus principios rectores y su organización entroncan con el clima de desarrollo cultural experimentado desde fines del XIX en varios países europeos.

Sus objetivos iban destinados a los hijos de los mineros, un grupo numeroso y desasistido que innegablemente precisaba del respaldo de un organismo oficial que superase medidas aisladas de caridad o ayuda. Sus fundadores fueron personalidades destacadas de la vida cultural y política en la España de su tiempo. Nombres como Winter y Llaneza están en el origen del proyecto, y ellos propusieron como principios básicos rectores de la institución la tolerancia y la integración social, fruto de las corrientes dominantes de la época.”  De  la web de FUNDOMA.