Memoria Minera: Fósiles, aquellos «tesorillos» que aparecían en las minas

⚒  Hay una expresión popular hoy en día que dice «no fuiste a la EGB si…» y te dice un rasgo propio de un tiempo, generalmente cómplice con aquellas cosas en las cuales los niños de los años 70 y 80 y nos entreteníamos. Es el caso que hoy os contamos, el de los fósiles, palabra con cierta magia, aquella inherente a… ¿Cómo explicarlo? el orgullo de llevar a los laboratorios escolares aquellas «rocas con historia impresa» que nos habían aportado el padre/abuelo para ser examinados y compartidos con profes y compañeros de pupitres, como verdaderos trofeos. Podríamos decir aquello de «nun fuiste guaje si tu padre nun te traxo de la mina un d`aquellos ⚙ fósiles». Fósiles marinos o vegetales, con formas más o menos conseguidas, de conchas, moluscos o helechos…
✅ En nuestra Visita Pozo Sotón ⚒ #TurismoDeExperiencias #CuencasMinerasAsturianas en busca del origen de las raíces mineras y el conocimiento sobre nuestra actividad fundacional, nos encontramos con una licofita que activa nuestras #reminiscencias y motiva este reportaje memoria: El fósil del gran árbol petreo del Sotón, son dos bloques de un árbol que fue hallado, en posición de vida, en la 3ª planta del Cuartel Norte del Pozu Candín en abril de 1997, tiene de diámetro en la base más de 1 metro. Apareció durante el laboreo normal de un taller con rozadora. Pertenece a una especie arbórea, Calamites Sigilarid, del género Licofitas, abundante en el periodo Carbonífero y similar a otros ejemplares hallados en las cuencas europeas y americanas, donde estos árboles alcanzaron gran desarrollo: alcanzaban una altura superior a los 20 metros y formaban cerrados bosques en zonas pantanosas gracias a su crecimiento clonal. Hoy en esas zonas se encuentran los yacimientos actuales. + sobre la riqueza fósil de Asturias
✅ Todo el potencial asturiano en fósiles tiene su paradigma en la obra del geólogo e Ingeniero Don Ignacio Patac y Pérez-Herce (Gijón 1895-1967), sin duda un crack acumulando fósiles de gran valor. Su nieta cedió hace 5 años a la Universidad de Oviedo – UniOvi ‍ su colección paleontológica y documental con nada más y nada menos que la friolera de 3.000 fósiles‼ de enorme valor documental. Unioviedo se frotó los ojos al verla: el profesor titular de Prospección e Investigación Minera, Rodrigo Álvarez, según declaró a la prensa asturiana, no podía creerse que una sola persona pudiera coleccionar y catalogar un espectro tan amplio de fósiles. «Es asombroso. Estamos ante la mejor colección privada de flora fósil de nuestro país». La nieta, Ana Patac, se sintió agradecida de hacer realidad el sueño de su abuelo: «Quería que toda su colección saliera de casa y estuviera a disposición de los asturianos». Pero hay más…
Una de las historias menos conocidas, pero espectaculares, en la obra del geólogo Ignacio Patac (revelada en la Escuela de Minas del Campus de Mieres, donde fue catedrático de Geología y Yacimientos en la Escuela de Facultativos de Minas de Mieres, donde impartió varias asignaturas hasta su jubilación en 1944) fue como halló en el Pozu Fondón de Sama de Langreo, los restos fósiles, a modo de gigantesco puzle, que tuvo que armar con posterioridad con sus compañeros, de un gran reptil acorazado aparecido en los estratos de edad Moscoviense. Lo hallaron a unos dos metros del techo de la capa «hórreo» correspondiente al paquete llamado «María Luisa». El gran fósil animal medía entre 8 y 9 metros, según apunta una crónica del historiador Ernesto Burgos.
✅ El Caso de la Mina de Arnao: En los últimos años, diversos comportamientos del mar, volvieron a dejar a la vista en el arrecife de la mina de Castrillón, cuna de la minería moderna en España, más zonas de los yacimientos fósiles conocidos, que constituyen por extensión una reserva geológica de enorme riqueza, hasta ser considerada por expertos como el yacimiento de fósiles del Devónico más importante de Europa. En sus rocas han quedado estampadas las huellas de los animales y las plantas que reinaron hace 415 millones de años. A lo largo de la playa pueden descubrirse troncos fósiles del Carbonífero con 300 millones de años. Un recorrido fascinante por el pasado más remoto de la Tierra. Recordemos que en la mina de Arnao, la primera industrial en Asturias, puede verse cómo se formó un arrecife, dando testimonio de las condiciones climáticas tropicales de la época. En 2014 los expertos llegaron a ver 10/12 ejemplares de árboles de ese tiempo, en el que los animales ya colonizaban el medio terrestre. La belleza del expuesto en Sotón es poder verlo erguido, cómodamente. En aquel tiempo, había insectos gigantescos, como libélulas de hasta 70 centímetros de envergadura, y los peces lobulados que habían salido del mar ya habían dado lugar a anfibios y a los primeros reptiles, que más tarde evolucionaron hasta convertirse en los dinosaurios que poblaron Asturias durante el Jurásico y el Cretácico, entre 200 y 65 millones de años atrás.
Estos árboles fosilizados son de finales del Carbonífero, de hace unos 300 millones de años. Lo que hoy es Asturias se encontraba entonces a la altura del Ecuador. El clima era cálido y húmedo, con una atmósfera muy rica en oxígeno, hasta el 35%, cuando hoy no llega al 20%, y una vegetación exuberante, comparable a las selvas y junglas que actualmente se dan en aquellas latitudes.
Además de Archivo Hunosa en sus centros expositivos como el Sotón, y los Museos de Museo de la Minería y de la Industria de Asturias del Museo Mina Arnao son varios los departamentos de la Universidad de Oviedo – UniOvi en sus Escuelas de Minas e ingenierías que poseen muchos de estos tesoros… además de esos laboratorios escolares donde las y los guajes de las #FamiliasMineras «fardábamos» de tesoros con los cuales soñábamos con ser Indiana Jones mientras aprendíamos algo de Historia y naturaleza.

Fundación Obra Social Montepío: Locomotoras mineras, los dinosaurios del vapor/Cultura minera

Asturias puede presumir de contar con uno de los patrimonios de locomotoras de vapor más importantes de España. Lo tiene por su destacadísimo papel en la revolución industrial española, gracias a la otrora potente minería y siderurgia, durante más de un siglo y medio motor económico fundamental de nuestro país. Pero también, gracias a proyectos y a personas que, desde los años 90, han venido trabajando para evitar que el paso del tiempo, y sobre todo, las fuertes reconversiones industriales sobrevenidas y el impacto y desánimo social y cultural que eso genera, no terminasen por convertir en chatarra a estos dinosaurios de los años del vapor.

La pérdida de algunos de estos primeros trenes españoles, desmontados o saqueados entre maleza, tragedia cultural que también tuvo algún sonado caso en Asturias, supuso un toque de atención importante a la hora de calibrar las consecuencias que supone el borrar de la memoria algunas de las páginas más destacadas e importantes de nuestra historia. La apertura en 1998 del Museo del Ferrocarril en Gijón, con el mierense Javier Fernández López al frente y como punta del icerberg de un movimiento en favor de preservar y poner en valor este patrimonio,  corriente que también cuenta detrás con algunos destacados grupos de trabajo, resultó decisiva a la hora de activar y mantener vivo ese mecanismo de sensibilidad social básico para identificar,  proteger, y en lo posible, recuperar y dar lustre a locomotoras cuyos nombres supusieron hitos para la historia del ferrocarril español.

Mieres, con la SHE11 (de 1902), la SHE8 (de 1918), la Turón 3 (1914), la HT10 (de 1928), o la emblemática FM102, “La Quirosana” (de 1881), la primera locomotora que circuló en España con un ancho de vía de 0,75 m., todas ellas con un valor histórico excepcional, es uno de los ejemplos más destacados como pueblo de recuperación de locomotoras para “ornamentación cultural” urbana. El grueso principal de la valioso colección regional de máquinas la componen las situadas en los complejos culturales con fines divulgativos de esa historia industrial: como las que muestra el Museo de la Minería de Asturias en El Entrego (que alberga La Palau, de 1887, La Upina, de 1890 o La Pilar, de 1912); las del citado Museo del Ferrocarril (La Bilbao, de 1878, la SHE5 de 1891, la SHE2 de 1902, La Corriellos de 1886, La Feguera de 1896, la Santa Bárbara, de 1907 o La Alegría de 1903); el Ecomuseo de Samuño, con la “Guillermo Sala”, de 1909; el Museo de la Siderurgia de Langreo, con la “Pedro Duro I” de 1895, o la FM305 de 1891, o “La Leona” de 1920; o las del el Museo Minero de Arnao, en los orígenes carboneros asturianos, con  la mítica “Eleonore”, de 1890, todas ellas piezas clave para explicar la llegada y establecimiento de los primeros trazados de ferrocarril a Asturias.

A estos se suman otras ubicaciones, como en Salinas, la Rojillín de 1925, o las conservadas por Hunosa en sus propias instalaciones, como La Figaredo, de 1914,  la “Luis Adaro”, de 1917;  la “Masaveu”, de 1873 en la Fábrica de Aboño, o la “Jop Musel 8”, de 1930, como distintivo de la Autoridad Portuaria de Gijón, por citar algunas otras.

Hace solo unos días conocíamos una de las últimas iniciativas restauradoras: la de La SIA-3, la antigua locomotora que la Sociedad Industrial Asturiana había adquirido en Estados Unidos en 1906 para su transporte productivo. En este caso ha sido un grupo de mineros del pozo Santiago de Aller (Hunosa), amantes de la arqueología industrial quienes, asesorados por el Museo del Ferrocarril, se han unido para recuperar esta máquina de vapor de la firma Vulcan Iron Works y que, curiosamente, llegó a Asturias desde Pennsylvania en plena I Guerra Mundial junto con otras siete locomotoras, con el fin de operar en la línea de tranvía Santullano-Cabañaquinta. Como en otras restauraciones, la actuación permitió recuperar el color original de la máquina, maquillada desde hace décadas con el otrora color verde corporativo de Hunosa. Desde 2002 está en la plaza del Pozo Santiago (San Jorge), donde ahora puede ser apreciada.

El amor a la historia social y minera del territorio sigue siendo el alimento principal de estos apasionados grupos de trabajo: La primera línea de tren de Asturias, es la cuarta de España: la Langreo-Gijón data de 1852, y llevaba el carbón de los yacimientos de la cuenca del Nalón hasta el puerto de El Musel en Gijón para embarcar fundamentalmente hacia los Altos Hornos vascos y otros destinos.

Los Museos industriales de Asturias, villas como Mieres o Salinas y empresas como Hunosa, sostienen el patrimonio de locomotoras, con ejemplares del XIX pioneros en el ferrocarril en España

Conocidas las fechas en las que esas locomotoras, adquiridas en su mayoría para Asturias, otras “made in” en talleres propios de las firmas industriales, copiadas literalmente por los cualificados ingenieros que operaban al calor de las potentes minas y fábricas asturianas de entonces, es fácil deducir que se trata de piezas de vapor pioneras, que un día surcaron las primeras vías de España. Cabe recordar que la primera línea Barcelona-Mataró data de 1848. La máquina Palau, por ejemplo, que en los años 50 operó en Sovilla y Ujo para la Sociedad Hullera Española, tras comprarla a RENFE, fue la primera construida en España para vía ancha y funcionó en esa primera línea férrea nacional de unos 5 kms de recorrido. En ferrocarriles de vía estrecha, las primeras locomotoras de que se tiene noticia circularon en 1862. Las primeras líneas de ferrocarril surgieron por iniciativas privadas y, aunque en algunos casos eran de servicio público, estaban destinadas fundamentalmente  al transporte de carbón y los productos transformados por la incipiente industria asturiana. A partir de las redes ferroviarias mineras, se va creando un entramado industrial, comercial y social auténtico motor del desarrollo económico asturiano, y por extensión del país. Los ferrocarriles industriales estuvieron operativos en Asturias y León hasta avanzados los años 80.

El censo de locomotoras de vapor fabricadas para ferrocarriles españoles, supone aproximadamente unas 4.750 unidades para la vía ancha de servicio público, 925 para de vía estrecha y 1.025 para líneas industriales particulares. Las conservadas en Asturias son uno de los conjuntos de locomotoras de vapor más variados e interesantes del país.

 Y es que tal y como sostiene Javier Fernández en uno de sus estudios, la locomotora de vapor es el elemento más característico del ferrocarril, “icono de la historia ferroviaria, con fuertes factores subconscientes, estéticos o sentimentales”. Además, en el caso de estos trenes del carbón y del acero, las locomotoras y vagones no solo sirvieron para transportar las mercancías, si no para vertebrar pueblos, comarcas y villas, transportando muchas veces personas en un tiempo donde los coches o autobuses eran solo artilugios del futuro al alcance de muy pocos. Sus bellas siluetas, sin duda hoy catalogadas “vintage”, el sonoro tracata acompañado de resoplidos de vapor y silbatos de aviso, las columnas de humo que dejaban mientras avanzaban paralelas a ríos o carreteras por el fondo del valle,  trincheras abiertas en laderas, o surcando las calles principales de pueblos que se detenían a su paso, forman ya parte del recuerdo atesorado en nostálgicas imágenes en blanco y negro o sepia que salpican nuestros álbumes.

El penitente minero, la historia de una profesión muy arriesgada cuyo fin era adelantarse al grisú para evitar explosiones y tragedias

La historia del penitente minero es la de una profesión trágica en la vieja y casi ya olvidada minería del carbón, pues comenzó a utilizarse en Inglaterra en 1650 y llegó a las minas españolas en el S. XIX donde se le apodó el penitente, por ser en algunos casos un reo liberado de condena mientras hiciese esa labor. En Reino Unido lo llamaban «fireman», en Francia «canonniers» (cañoneros) y en las minas blegas, wàde-feû (o gâr-feû o guardián del fuego). La leyenda del hombre que buscaba y advertia del gas o lo hacía explotar sobrevivió en la literatura realista del XIX, en aquellas novelas como Germinal, de Emile Zola.

Hubo una época donde la minería era una industria masiva, en cuyas minas trabajaban decenas de miles de personas llegadas del mundo rural. Minas que presentaban condiciones penosas, con condiciones laborables semi esclavas, sin apenas seguridad. En ellas se vivía a diario una batalla constante para evitar la muerte y a duras penas la enfermedad: hundimientos, costeros, mutilaciones… las explosiones de gas, por su alcance y peligrosidad, eran sin duda temibles. El grisú era llamado «el enemigo silencioso» por el riesgo que corrían los mineros de morir sin llegar a darse cuenta de su presencia en el tajo: Con una concentración de apenas entre un 5 y un 15 por ciento de grisú liberado de las capas en el aire de la galería, bastaba una chispa o una llama del farol o lámpara para producir una deflagración capaz de extenderse por túneles y pozos en cuestión de segundos.

Hasta la llegada de los medidores (grisuómetros/metanómetros) y de los avances en ventilación, para prevenirlas, no había muchas medidas efectivas: la técnica del «canario» que consistía en ver si el pájaro seguía vivo en la jaula habla de lo rudimentario de aquellos tiempos. Y los fallos se producían, incluso tras la invención en 1815 de la primera lámpara de seguridad por parte de Humphry Davy, quien se dio cuenta enseguida de que el problema no era simplemente de ventilación, como algunos pretendían, sino de las velas o lámparas de aceite que hacían explotar el grisú. Fue entonces cuando de manera complementaria, en algunas minas, se comenzó a meter en plantilla al denominado PENITENTE, pero ¿quién era y por qué se dedicaba a enseñar su cara a la muerte?.

El penitente era una persona de experiencia que entraba en las minas antes de que los mineros llegasen a su trabajo con el único fin de explosionar los gases que allí existieran. Iba cubierto con una especie de pasamontañas, guantes y capa, prendas realizados con tejidos gruesos o cuero, cuya estética le daba un toque aún más siniestro o gótico. Esas ropas eran humedecidas con el fin de tratar proteger del fuego en caso de accidente. Su día a día era en soledad, arrastrándose por las galerías donde tocaba la labor, mientras que con una larga pértiga, que portaba delante de él, llevaba una candela encendida en el extremo de la misma, con el fin de adelantar la explosión del grisú, acumulado en el techo de las labores. Este personaje desaparecerá paulatinamente tras el invento de la lámpara de seguridad de Davy (1815).

El fireman salvaba la vida a sus compañeros y por eso desde el siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX es el nombre mítico que en las minas inglesas recibiría el jefe o responsable de seguridad.

El penitente aparece en Inglaterra a principios del siglo XVII de donde con probabilidad pasa a Europa, particularmente a Francia y Bélgica. Los últimos penitentes fueron identificados en España a finales del XIX. La profesión inspiró a muchos novelistas del siglo XIX y XX. Los grabados e imágenes corresponden (por este orden, artista y año) a El penitente de Simonin (1867), El penitente de Rambosson (1870), Maniquí en el Museo Archive Carbonnages du France y escultura del penitente de La Escuela de Minas de Madrid. Finalmente, añadimos una foto muy curiosa de 1918 viendo como el uso del «canario» en la mina siguió realizándose tras desechar a los penitentes: Los canarios, pájaros muy sensibles a la presencia de gases nocivos en el aire, han quedado grabados en la cultura popular por este tipo de usos, y hasta hoy nos llegan expresiones coloquiales que refieren al canario como medio de alerta temprana contra algún peligro.

Dos mineros con el canario.

Tuberculosis y minería en Asturias

El 24 de marzo se celebra a nivel planetario el #DíaMundialDeLaTuberculosis. Quizás la memoria sobre esta enfermedad se va, afortunadamente para nuestra sociedad más próxima, diluyendo poco a poco, por su menor impacto e incidencia gracias a las mejoras en salud, prevención, higiene, etc… no solo en España, sino en particular en las comarcas mineras y Asturias, donde durante mucho tiempo, fue un azote. La tuberculosis o TB, como se le conoce en inglés, es una enfermedad causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis. Estas bacterias por lo general atacan a los pulmones, pero también pueden hacerlo sobre otras partes del cuerpo, como los riñones, la columna vertebral y el cerebro. Existe una vacuna (BCG) para poder prevenir esta enfermedad. Pero, con todo, es, tal vez, la enfermedad infecciosa más prevalente del mundo. Considerando su forma latente, en la cual no presenta síntomas, se estima que afecta al 33 % de la población mundial.​ Y es la segunda causa global de muerte, y la primera entre las enfermedades infecciosas.

Aunque el ánimo de este artículo no es el realizar un sesudo trabajo sobre el impacto de la tuberculosis, tampoco el de quedarnos, como realizamos en otras ocasiones durante este tipo de conmemoraciones mundiales, con un simple posicionamiento solidario con quien la sufre, con la necesidad de la acción preventiva en el Área de Salud, o de la necesidad y valoración de favorecer más a la ciencia y la investigación en este sentido, donde precisamente en Asturias contamos a lo largo de la historia con una gran tradición médica y prestigio en este sentido, también vinculado al Instituto Nacional de Silicosis de Oviedo, de referencia para la red española y tan emblemático para nuestra #FamiliaMinera. Efectivamente, hablar de la Tuberculosis hoy, un día señalado, no es parece el mejor momento para abrir y releer otra página de la memoria minera, esa que no gusta que no caiga en el olvido, pues, la lucha contra esta enfermedad, es como contra la silicosis -con la cual la tuberculosis mantuvo una dramática relación durante muchas épocas de nuestra historia- y otras de distinta índole laboral, una preocupación y un impulso que forma parte de una rama más a ese gran árbol identitario de la familia minera, forjado jornada a jornada, con el turullu de fondo.

Efectivamente, los Manuales médicos especializados en salud laboral, refieren en sus artículos sobre «Neumoconiosis de los trabajadores del carbón: Antracosis, enfermedad del pulmón negro» como los pacientes con silicosis (causada por la inhalación de polvo de carbón) «tienen un riesgo ligeramente mayor de tuberculosis activa e infecciones micobacterianas no tuberculosis. asi como esclerosis sistémica progresiva y/o el cáncer de estómago. síntomas pulmonares más crónicos en los mineros son causados por otras afecciones, como la bronquitis industrial debido al polvo de carbón o el enfisema coincidente debido al hábito de fumar. La tos puede ser crónica y problemática en algunos pacientes, incluso después de alejarse del lugar de trabajo, aun en los que no fuman. La fibrosis masiva progresiva causa disnea progresiva. En ocasiones, los pacientes presentan un esputo negro (melanoptisis), que aparece cuando las lesiones de la fibrosis masiva progresiva se rompen en el interior de las vías aéreas. La fibrosis masiva progresiva evoluciona a menudo a hipertensión pulmonar con insuficiencia ventricular derecha e insuficiencia respiratoria». La tuberculosis pulmonar y la artritis reumatoide también se asocian con mayor riesgo de evolución a silicosis complicada. «De forma general, en los trabajadores expuestos a sílice y polvo de carbón es necesaria la vigilancia periódica de su salud. Se debe mantener un programa que permita detectar de forma precoz neumoconiosis, tuberculosis, cáncer de pulmón y deterioro de la función pulmonar».

La tuberculosis posiblemente haya convivido con el ser humano desde sus orígenes. Algunos investigadores creen que fuimos nosotros los que infectamos a otros mamíferos, como la vaca. Pero realmente cuando alcanzó relevancia como enfermedad en el mundo occidental fue en la segunda mitad del siglo XIX. Robert Koch reunió el 24 de marzo de 1882 a lo más granado de la ciencia alemana en la Sociedad Fisiológica de Berlín. Varios serían premio Nobel, incluido él mismo. Durante 45 minutos explicó su lucha por identificar el microbio que causa la enfermedad. Muchos creían que la producía la putrefacción del ambiente o que era constitucional, hereditaria.

La tuberculosis en el XIX afectaba más a los pobres, pero los ricos no se libraban de ella. La infección no hace distinción de clases. Depende del azar: basta que se uno o dos bacilos lleguen al pulmón. Cuanto más bacilos en el ambiente, más probabilidades. Por eso el hacinamiento favorece. Enfermar o no depende de las resistencias, unas genéticas, otras adquiridas. Los pobres las tienen más bajas, por eso enferman más, y si lo hacen, mueren más. Todo esto no es discutible.

A comienzos de siglo, nos encontramos con este artículo en la prensa asturiana. Diario EL NOROESTE, 1903:

La preocupación de la sociedad asturiana de entonces: Fondos de la Hemeroteca del Muséu del Pueblu d Asturies y de El Comercio.

En el libro que editamos con motivo del 50 aniversario del nuestro Montepío y Mutualidad de la Minería Asturiana, «El mutualismo minero en la Asturias contemporánea» realizado sobre el proyecto de investigación del Profesor de la Universidad de Oviedo y mutualista, Luis Benito García Álvarez, decía como ya entonces como el mutualismo minero reaccionaba y emergía ante la necesidad de «seguros sociales de vejez, invalidez, maternidad, accidentes de trabajo, enfermedades profesionales, tuberculosis y paro forzoso».

El descubrimiento del bacilo tuberculoso en la década de 1880 y la expansión del pensamiento bacteriológico en la medicina occidental relegó a un segundo plano el papel etiológico del polvo industrial. Éste se consideró un mero agravante de la tuberculosis, extendida entre la población trabajadora -en opinión de médicos e higienistas- a causa de sus insalubres condiciones de vida, malos hábitos higiénicos y predisposición constitucional. En consecuencia, el interés higiénico en la reducción del polvo industrial a finales del siglo XIX y comienzos del XX únicamente encontró justificación en tanto que supuesto portador del bacilo de Koch (5).

Cabe reseñar el papel jugado desde 1947 por el Hospital Monte Naranco en Asturias, considerado «un dique», frente a la tuberculosis en los años de más incidencia. Fue creado como hospital antituberculoso, y fue referencia hasta el nacimiento del Instituto Nacional de Silicosis. El 21 de octubre de 1947, la esposa de Franco, Carmen Polo se desplazó a su Oviedo natal junto al entonces ministro de Gobernación, Blas Pérez para protagonizar un acto con tintes de hito, pues costó entre seis y trece millones de pesetas, según las distintas crónicas de la época, (contexto de PostGuerra) para sustituir al viejo complejo edificado en 1932 por la II República Española, dedicado a esta brutal enfermedad que fue reducido a escombros durante la Guerra Civil: El gran sanatorio tendría 420 habitaciones pero su necesidad no era solo propagadística: era necesario hacer frente a una enfermedad que por entonces fue definida como el principal problema sanitario de la Asturias minera.

El Balneario de Ledesma

Llegados a este punto, es importante identificar la relación histórica del Balneario de Ledesma con la familia minera asturiana: nada es casualidad. El Balneario de Ledesma es una de las estaciones termales españolas pioneras en trabajar en el campo de la prevención y la salud laboral. La minería asturiana y el carbón era uno de los motores de la España industrial que trataba de avanzar hacia el desarrollismo. Y el impacto de la profesión dejaba huella sobre miles de trabajadores cada año. Dee nuevo, silicosis, tuberculosis y un montón de enfermedades labores derivadas de aquella minería de combate. Eran los años 50. Las aguas minero medicinales del Balneario de Ledesma y los tratamientos científicamente estudiados (inhalaciones, pulverizaciones etc)… , siempre habían tenido fama de ser estupendas para las afecciones respiratorias. Quién ha sido padre de la Cátedra de la Hidrología Médica en España, el Dr. Hipólito Rodríguez Pinilla -gran amigo y doctor personal de Unamuno, y también amigo de Azaña, fue de hecho Jefe de los Servicios Médicos del Balneario de Ledesma, en la segunda década del Siglo XX.

 

En el año 1970 (no es casualidad, tras la inauguración del Instituto de Silicosis en Oviedo, que jugó un papel clave) Asturias abrió un plan y un estudio específico entre la población minera para medir el impacto de la tuberculosis, que se mantuvo abierto, dando lugar a un informe, hasta 1985: Epidemiología de silico-tuberculosis en población minera asturiana: (período 1971-1985) De los 58.000 asturianos analizados entonces, 7.454 eran mineros del carbón. A todo sospechoso de tuberculosis se le practica sistemáticamente: 4 extensiones de esputo (método Zhiel-Neelsen) y 3 cultivos (medio de Lowenstein) y si precisan, otros test diagnósticos más invasivos. 1.136 pacientes fueron diagnosticados de tuberculosis por presentar positivos los tests bacteriológicos. Y de ellos 508 tenían ya silicosis.

Antiguas instalaciones en Oviedo.

En 1971, Silicosis inició su funcionamiento como un hospital monográfico dedicado al tratamiento de las enfermedades respiratorias de los mineros. Para ello contaba con un servicio de neumología, dotado de siete plantas con 30 camas cada una, pero ojo¡incluyendo una planta de aislamiento exclusivo para los enfermos con una tuberculosis.

La tuberculosis y su impacto aún sobre los mineros de los años 80

Tal día como hoy, hace 12 años (jueves, 24 marzo 2011), la prensa asturiana (diario El Comercio) constaba «la tuberculosis ya no es lo que era. Afortunadamente. Durante décadas Asturias fue la comunidad con mayor número de tuberculosos del país. Pero en estos últimos 25 años, los tercios han cambiado. La incidencia de la enfermedad se redujo más de la mitad. En 2010 se declararon 173 casos en la región. Una cifra que se sitúa a bastante distancia de los 440 afectados de 1985. Ni qué decir de los 1.200 enfermos anuales que se solían detectar en la década de los 60 del pasado siglo. La minería fue la que hizo que Asturias liderara durante años las tasas nacionales de tuberculosis. Esta dolencia siempre estuvo relacionada con otras enfermedades como la silicosis, típica de los mineros. En los 80 y 90, se desarrollaron planes de detección en toda la región con el fin de reducir la tasa de enfermos».

El Instituto de Silicosis, sus antiguas instalaciones en El Cristo de Oviedo, durante su construcción y su apertura. Hoy se ubica como una unidad en el HUCA, Hospital Universitario Central de Asturias.

En 2013 el diario La nueva España reflexionaba sobre la tuberculosis. Y decía: «Asturias sufría mucha tuberculosis en los años sesenta del siglo XX, cuando se acelera la industrialización. Hay varias razones sociales, incluida la mina, pero no es suficiente. Me pregunto si no estarían circulando cepas más agresivas y que ahora estén perdiendo virulencia. La vieja tuberculosis sigue proponiendo enigmas que nos obligan a pensar, y a actuar, desde una perspectiva muy integral: la ecología, la sociología, la medicina, la economía. Una visión de salud pública en el más puro sentido».

Recientemente, el diario nacional El País dedicó un artículo (de fotoperiodistas, Pablo Linde y Alfredo Caliz) a la incidencia brutal de la tuberculosis en la minería actual africana: Un minero sudafricano tiene más probabilidades de morir de tuberculosis que de cualquier otro accidente relacionado con su peligroso trabajo.

Como curiosidad, el Gobierno del Principado de Asturias detectó y notificó a inicios de este año casos de tuberculosis, en este caso bovina, en una granja de Proaza.

Y más recientemente, Asturias también despedía al Dr. Mosquera, un pionero contra la silicosis desde el INS de Oviedo, que dirigió durante décadas, uno de los cuatro fundadores del Instituto Nacional de Silicosis (Oviedo) y su jefe del área de Neumología desde 1974 hasta su jubilación en el año 2009. Fue un referente junto con el considerado alma-mater, Dr. D. José García-Cosío González (en la foto principal que ilustra este reportaje), primer director de Silicosis, y su equipo, que lideraron los programas frente a las enfermedades respiratorias y pulmonares de los mineros en Asturias.

BIBLIOGRAFÍA

Revista Clínica Española Repercusiones sobre la silicosis y la tubercolosis mineros Asturias 1946

Revista Clínica Española 1954 relación de neumoconiosis y Tubercolosis

El dique contra la Tuberculosis en Asturias

Informe TB Asturias 2007-2017

Silicosis, esa terrible enfermedad en Asturias

Silicosis_y_neumoconiosis_del_carbón

Informe Silicosis_SEPAR

Los nuevos casos de Silicosis: INS Oviedo

Protocolo de vigilancia sanitaria específica: Silicosis 2020

 

Cuando en el Naranco corrían vagones de carbón hacia Oviedo por su actual pista finlandesa

Mañana, es 21 de septiembre, día de #SanMateo fiesta local en Oviedo y por ello quedemos dedicar este espacio de #MemoriaMinera a la capital de Asturias, donde también hubo carbón, aunque la fama carbonera del concejo se la lleve Olloniego y su legendario pozu San Frechoso, cerrado en 1972, después de haber sido explotado por Hulleras de Veguín y de Olloniego y reabierto 10 años más tarde, siendo ya propiedad de Hunosa, hasta su definitiva clausura el 11 de enero de 1993, cuando ya formaba parte del grupo San Nicolás (Nicolasa-Montsacro) el único que hoy supervive del otrora Bastión Hullero astur.
‍✅ Pero, volviendo a «la Capi» pocos son los que saben que su monte totémico, #ElNaranco y su actual y muy transitada Pista Finlandesa, hoy paraíso de runners y caminantes que cuidan su salud, familias y canes, también fue una de esas arterias que canalizaban la prolija actividad minera vivida en Asturias en los siglos XIX y XX.
 
🖋 Basta con asomarse a los estudios y escritos del profesor 👨‍🎓 Manuel Gutiérrez Claverol -al que agradecemos toda la información apuntada en internet- para bucear en una historia del Oviedo minero, no tan lejana, prolija y digna de conocer, aunque la mencionada Ruta Finlandesa, aún guarda y muestra para los que se fijan en los detalles, algún que otro resto que confirman su primitivo uso como «Camino de Hierro», trinchera del viejo ferrocarril minero por el que transitaron entre otros trenes, la legendaria locomotora de vapor Nº 4 de Fábrica de Mieres, de 1895 -que aparece en la foto principal-.
🔊 Dice Gutiérrez Calverol que «en El Naranco se explotó carbón desde mediados del siglo XIX hasta comienzos del XX, aunque se continuó de manera esporádica y episódica hasta 1963. Y se diferencian dos cuencas carboníferas: Una está situada hacia la zona septentrional y posee la mayor extensión superficial (Grupo Naranco) y otra, con dimensiones más reducidas, se emplaza en la vertiente meridional (Grupo Cuyences)».
La pista finlandesa de Oviedo se hizo en 1987 y tuvo un coste de 22 millones de pesetas: en su inicio, su longitud fue de 1,7 kilómetros, ampliados sustancialmente en 1992 hasta la carretera con Fitoria y Cuyences. Hoy, esa carretera casi es una prolongación de la misma, e incluso, llegados a los 5 kms, se prolongan por senda hasta la mismisima antigua cantera, casi hasta los 7kms, siendo desde allí un paraíso para amantes del Trail o la BTT que buscan pendientes hacia el Naranco, o hacia Llanera.
✅ La existencia de hulla en el Naranco ya se conocía desde 1843, por estudios de Paillette ante la Sociedad Económica de Asturias: «(En los Carriles), es generalmente compacta, dura y ligera, y alguna, aunque rara vez, presenta una rotura agrietada y friable». Otro padre de la industrialización y la minería en España, Guillermo Schulz (1858), dijo de la del Naranco: «Mucho mayor es el terreno carbonífero al pie boreal de la sierra del Naranco, donde reposa concordante sobre la caliza carbonera que constituye la mayor parte de la ladera norte de esta montaña, apoyándose dicha caliza, ya concordante, ya discordante, sobre el terreno devoniano, que se halla en su yacente y forma las cumbres de la referida sierra; este manchón de terreno carbonífero se llama de Río Nora porque el expresado río, serpenteando por él, le recorta en mucha parte y le circunda en otros tramos; tiene sobre media legua de diámetro y un espesor suficiente para encerrar bancos de carbón de importancia».
La actividad minera más intensiva en el Naranco fue, siguiendo con los estudios de Gutiérrez Claverol (doctor en Geología y profesor de la Universidad de Oviedo), desde finales del siglo XIX y los primeros años del XX; sin embargo, el laboreo prosiguió intermitentemente hasta los años sesenta. El número de chamizos es amplio; pero destacan las minas Tarabica e Inesperada. La hulla aparece en «Paquete Folgueras» y «Paquete Los Carriles» con una potencia de 550 metros y con seis capas de carbón, destacando las apodadas Tarabica, Roxu y Capona. Se desconoce la fecha exacta del comienzo de la explotación en el Naranco, pero hacia el año 1840 ya se efectuaban transacciones comerciales relacionadas con el yacimiento.
 
✅ El 20 de abril de 1920, los ingenieros de minas Durán y Corujedo realizaron un informe sobre el «Estudio industrial de los manchones carboníferos de los concejos de Oviedo y Llanera», en el que se recoge información geológica de un socavón -emplazado a la cota 131,41 metros y con una longitud de unos 300 metros- realizado en 1917, que llegó a cortar cinco capas. Durante los años 1962 y 1963 se intensificó la investigación de esta pequeña cuenca carbonífera realizando, a unos 450 metros al sur del socavón precedente, otro a la cota 100 metros -según información oral, la bocamina se encontraba en las inmediaciones de la arcillera Cerámica Menéndez-, con una longitud de unos 600 metros, atravesó un nivel de hulla (a 480 metros de la bocamina), el cual se siguió hacia el Norte unos 250 metros, formando un taller de explotación. A pesar de su buena calidad, la capa era bastante irregular y presentaba múltiples esterilidades que condicionaron el abandono del proyecto.
 
📑 PLATA, PROMO, COBRE O HIERRO PARA LA GRAN FÁBRICA DE MIERES en el XIX
Antes del boom del carbón, El Naranco, o La Cuesta como gusta decir a muchos ovetenses, ha sido objeto de interés minero desde el siglo XVII. En 1637 se expidió una cédula de S.M. concediendo licencia a los capitanes Jorge Ferrás de Vega y Alonso Balbín para «beneficiar dos minas de plata, plomo, cobre y otros metales; la una en término de la ciudad de Oviedo, en la partida que llaman la cuesta de Naranco, ácia el lugar de Fitoria».
 
✅ Los antecedentes mineros del Monte Naranco datan del establecimiento de la Real Fabrica de Trubia, en 1794 y posteriormente de las actividades de la «Asturiana Mining Company», esta última creada en 1844 y situada en Mieres, cuyas explotaciones de mineral de hierro fueron transpasadas a la » Compagnie Minere Metallurgique des Asturies «. Llegada la proclamación de la primera República, en 1874, la paralización de las actividades siderúrgicas en el País Vasco, potenció de alguna manera las de la zona asturiana, donde la «Compañía Numa Gilhou» retomo las fracasadas actividades siderurgicas de las anteriores compañías potenciando definitivamente la salida de mineral desde el monte Naranco.
 
El ingeniero jefe de minas Andrés Pérez Moreno señalaba, en 1856, que el hierro utilizado en las fábricas de Trubia y Mieres procedía fundamentalmente de las explotaciones de Castañedo, Naranco y Grandota. En idéntico sentido se expresaba José Centeno en 1866, indicando que la mayor parte de los minerales de hierro que se empleaban en la Fábrica siderometalúrgica de Mieres «llegan de diferentes puntos componiendo la mayor cantidad los procedentes de las inmediaciones de Oviedo, en la cuesta de Naranco». (1879) se alcanzaron altas cotas de producción siderúrgica y tuvo lugar la creación de la empresa «Fábrica de Mieres, S.A.», la cual impulsó el desarrollo minero de la zona al adquirir materia prima para sus hornos.
 
✅ El naturalista Máximo Fuertes Acevedo también relató (1884) la existencia de hierro en El Naranco y su uso como amuleto para ahuyentar a los ladrones y favorecer el parto. La mineralización del Naranco está relacionada con determinados niveles enriquecidos en hierro que se encuentran dentro de la formación devónica de las «Areniscas del Naranco».
 
🚂 SOBRE EL TREN MINERO POR LA PISTA FINLANDESA
La solicitud formulada al Ayuntamiento de Oviedo para la construcción de este ferrocarril, culminó con la inauguración, el 1 de febrero de 1880, de la línea férrea entre el grupo «Villapérez/Villaperi» y la estación del Noroeste (ex-Asturias -Galicia- León). Instalando 7.101 ml de linea de 600 mm de ancho. Con un coste de 129.906 Pts, incluidas las 19.798 pagadas en las expropiaciones y las 48.000 Pts destinadas al pago del carril. La línea partía en Oviedo del pie del plano inclinado que servía de transbordador a las instalaciones de vía ancha, aquel plano inclinado con un desnivel de 31,5 ml estaba servido por un mecanismo automotor, en doble vía, de 128,9 ml, que le permitía descender el material desde el alto de la loma de San Pedro de los Arcos, como realmente se denominaba, situándose allí las vías de servicio, placa giratoria, cochera y aguada. El trazado de 7.101 ml de los cuales 4.014,77 eran rectas y el resto curvas con radios de curvatura tan escasos, entre 50 y 70 ml, contaba con rasantes inferiores a las 10 milesimas.E n tanto que el carril tipo Vignole empleado, era de 8 Kg / ml, suministrado por la propia Fábrica de Mieres. Siendo de importancia los movimientos de tierra para su explanación y los muros de contención. Cubriendo las parroquias de Fitoria, Cuyences y Villaperez, en esta última se disponía de aguada y placa giratoria.
 
✅ El hierro de las minas de Fábrica de Mieres se destinaba a su propia planta siderúrgica en Ablaña (Mieres), donde se producían diversas piezas de hierro fundido.
En el catálogo de la empresa del año 1892 se muestran algunas de las construcciones metálicas que realizaban, destacando la producción de la estructura del mercado de Oviedo en El Fontán, llamado originalmente “Mercado 19 de octubre”, diseñado por el arquitecto Javier Aguirre Iturralde. El ramal, establecido en 1902 hasta el grupo «Naranco», parte del PK 2 de la línea principal, desde el que mediante un plano inclinado de 720 ml se accedía al Naranco mediante otro tramo con una excesiva pendiente. Al establecerse este ramal coexistieron ambos conjuntamente en explotación- si bien la tracción en este ramal se realizaba a brazo, hasta que en 1907 dejó de utilizarse el de Villaperez.
 
🚂 La vía del ferrocarril minero finalizaba en la loma de San Pedro de los Arcos donde, para descender al nivel de la Estación del Norte, se construyó un plano inclinado de dos vías por el que circulaban los vagones sujetos por un cable de alambre de acero. Este plano tenía una longitud de 129 metros y salvaba un desnivel de algo más de 30 metros. Cerradas las explotaciones del monte Naranco, fueron abiertas de nuevo en 1968 por Ensidesa para abastecerse de calizas fundentes, abriendo en 1974 un ramal ferroviario de enlace.